El porno salta a la calle

Hace unos días fue Palma de Mallorca. Antes Madrid, Sevilla o Granada. Cada vez son más las películas para adultos que se filman en la vía pública y a plena luz del día

IRMA CUESTA

La chica, que responde al nombre de Valerie TV (lo de TV no se sabe muy bien si es apellido), acaba de pedir disculpas a todo aquel que se haya sentido ofendido después de verla masturbándose por unos cuantos rincones de Palma. Una suerte de tour porno-turístico mallorquín en el que esta pelirroja de 25 años nacida en Rusia recorre lugares como el Parc de la Mar o el Huerto del Rey, unos jardines situados entre el Palacio de la Almudaina y la Avenida Antoni Maura, cerca del puerto viejo, mientras se toca apasionadamente a la vista de quienes disfrutaban de la imponente vista del alcázar.

La cosa podría haber quedado en poco más que una anécdota si no fuera porque el vídeo promocional de la película circula desde hace días por WhatsApp. Las imágenes, solo un extracto de un corto que durará cerca de 25 minutos y que se incluye en la categoría bautizada como 'squirting', se publicita en inglés como «masturbación en público en España». Suficiente para incendiar, además de las redes sociales, un debate que lleva tiempo sobre la mesa.

Cap D'Agbe.
La localidad francesa es un paraíso naturista donde rige la desinhibición. :: R. C.
Madrid.
Preparativos del rodaje en pleno centro de la capital. :: R. C.
Sevilla.
Dos actrices porno, en un carruaje descubierto. :: R. C.

Hace un par de años, una página web porno difundió imágenes rodadas en Madrid a plena luz del día y en lugares tan concurridos como la Plaza del Callao o la Glorieta de Atocha. En los vídeos, un cámara acompaña a un par de mujeres desnudas -o casi desnudas- mientras filma escenas sadomasoquistas ante la mirada atónita de los viandantes.

Entonces, el Ayuntamiento de Madrid fue claro: no tenía constancia del rodaje y, en cualquier caso, una productora no está obligada a pedir permisos si no utiliza un trípode para grabar las secuencias. Más o menos, lo que estos días han venido repitiendo las autoridades municipales de Palma. «Es un hecho que el vídeo que se ha publicado en las redes se grabó en la vía pública pero, en principio, no hay ninguna norma que prohíba hacerlo. No es un delito salvo que estén presentes menores o discapacitados. Uno puede tener al respecto la opinión que considere, pero la realidad es que no es delito», afirma Juan Carlos Palos, portavoz del gabinete de comunicación del Ayuntamiento balear, dejando muy claro que no tienen ningún interés en alimentar la polémica.

También la Policía Nacional de la isla se ha apresurado a calmar los ánimos de quienes consideran que estamos a un paso de tener que sortear cada mañana a un par de tipos fornicando en el parque al que acostumbramos a llevar a los niños a jugar. «Hoy un poco del Código Penal ante la duda que muchos nos habéis planteado. Art. 185 dentro del capítulo IV 'De los delitos de exhibicionismo y provocación sexual': El que ejecutare o hiciere ejecutar a otra persona actos de exhibición obscena ante menores de edad o personas con discapacidad necesitadas de especial protección, será castigado con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de 12 a 24 meses», apuntan los agentes en su cuenta de Twitter. Muchos ciudadanos, sin embargo, se preguntan a quién corresponde poner orden en este tipo de asuntos.

En manos municipales

Leandro Núñez, del bufete de abogados Audens, expertos en privacidad, derecho de intimidad y redes sociales, explica que, desde el punto de vista legal, todo lo que tiene que ver con el civismo depende de los ayuntamientos; que es a las ordenanzas municipales a las que corresponde limitar este tipo de cuestiones y que, de la misma manera que ya hay ayuntamientos que no permiten pasear por la vía pública en traje de baño, tienen potestad para afrontar este otro tipo de actividades. Las sanciones, en cualquier caso, solamente podrían ser administrativas si no concurren elementos agravantes. «Desde el punto de vista penal, la cosa está clara. Solo en caso de la presencia de menores o personas con discapacidad estaríamos ante un delito», dice el experto, quien reconoce que hablamos de normas nacidas en una época analógica y que desde esa ley, aprobada en 1982, las cosas han cambiado, y mucho. «En teoría, actualmente un padre no puede utilizar una imagen de su hijo menor sin contar con el permiso del fiscal. Según esto, todos los padres que cuelgan en las redes una imagen con ellos estarían cometiendo un delito. Está claro que debería actualizarse el marco normativo. No prohibir, pero sí buscar un equilibrio y, sobre todo, adaptarlo a la nueva realidad», expone.

Dado que hace años que ya nadie tiene que recluirse en la esquina más apartada del videoclub para llevarse a casa 'Garganta profunda' bajo el jersey, y que la industria del sexo ha llegado a mover unos 500 millones de euros al año solo en España, toda esta polémica no parece preocupar lo más mínimo a quienes se ganan la vida trabajando para ella. «Esto es como todo, depende de la comunidad autónoma o del ayuntamiento del que hablemos. Hay lugares en los que puedes ir en pelotas por donde quieras y practicar sexo explícito en los coches o en la calle, y lugares en los que no», dice Bruno, uno de los socios de la productora de películas para adultos brunoymaria. Asegura que en España existe un enorme vacío legal en relación a este asunto y que él, por poner un ejemplo, ha rodado en la mismísima Torre de Hércules.

Es más que probable que, animado por el hecho de haber nacido en La Coruña, al productor no se le ocurriera mejor lugar para filmar una de las veinte pelis que hace al mes (descontando festivos y fines de semana, salen al ritmo de una al día) que esa mole de piedra declarada en 2009 por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. «La realidad es que aquel día fue complicado. Llegamos pronto, sobre las siete de la mañana, pero ya había por allí alguna cámara de televisión gallega. Grabamos un rato, pero finalmente nos marchamos porque no queríamos follón», dice este empresario. También confiesa haber tomado imágenes para otra de sus producciones -habitualmente protagonizadas por su esposa y socia, María- en uno de esos coches de caballos que se alquilan a los turistas para recorrer la ciudad. «La idea era filmar sexo en la carroza y lo hicimos sin problema. Eso sí, con cuidado de no dar mucho espectáculo».

Aunque a estas alturas pueda parecerlo (Bruno afirma haber rodado también en centros comerciales), no existe una demanda creciente de este tipo de grabaciones al aire libre. Al menos, en España. Arnaldo Chamorro, muchos años al frente de FAKings, una de las páginas nacionales de películas porno con mayor número de visitas, cree que es mayor la demanda en países como Alemania y Estados Unidos. De hecho, la mayor parte de los incidentes como el de Palma, el de Madrid o el que el año pasado obligó a la Policía sevillana a abrir una investigación después de que varios ciudadanos denunciaran haberse topado con unas chicas protagonizando un revolcón cinematográfico en pleno casco urbano, tienen detrás a empresas extranjeras. «Son productoras de fuera que vienen, graban y se van. Luego venden el producto en otros mercados», afirma Chamorro.

«A mí no me gusta»

Pablo Ferrari, uno de los pocos actores porno españoles que viven de esto -en su caso, desde hace ya catorce años-, se pasó a la producción en 2011 y asegura que siempre ha tenido cuidado cuando le ha tocado trabajar en exteriores. «La verdad es que no me gusta. Si puedo evitarlo, lo evito; pero si es un requisito, sobre todo cuando trabajo como actor, lo hago. Sé que se pone atención en cumplir con las normas básicas: que no haya un colegio cerca, ni niños en la zona, ni personas mayores». Ferrari apunta que, en cualquier caso, es legal hacerlo siempre que se tenga todo eso en cuenta. «Una vez tenía un encargo para rodar en exteriores y lo que hice fue alquilar una nave muy grande en una parcela muy amplia con aspecto urbano. Simulamos allí una vía pública y solucionamos el problema».

Por más que algunos busquen la discreción, resulta difícil explicar cómo pueden los ayuntamientos imponer normas que prohíben pasear por el centro de las ciudades en traje de baño -o con el torso descubierto- y queden impunes exhibiciones como las de Palma, Madrid, Sevilla o Granada. En esta última ciudad, hace solo unos meses, un grupo de visitantes se topó con dos actrices porno actuando ante las cámaras. Con vistas a la Alhambra.

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