El Popocatépetl no es traidor

La población de San Damián Texoloc, en el céntrico Estado de Tlaxcala, ofrece vistas de primera al volcán, cuyas fumarolas han decretado la alerta amarilla. :: j. guadalupe pérez/
La población de San Damián Texoloc, en el céntrico Estado de Tlaxcala, ofrece vistas de primera al volcán, cuyas fumarolas han decretado la alerta amarilla. :: j. guadalupe pérez

Las explosiones del colosal volcán mexicano tienen al país en alerta. 25 millones de personas viven en sus faldas. Lleva desde 1994 avisando...

Ya está Don Goyo, echándose su cigarrito». En Santiago de Xalitzintla, una localidad del céntrico Estado de Puebla con un padrón de apenas 2.200 residentes, los viejos de lugar describen con este desenfado las fumarolas que de vez en cuando exhala el mortífero cono de 5.452 metros de altitud que les hace sombra y que corona un cráter de 900 metros de diámetro. Humeante o en 'modo pausa', el Popocatépetl (Montaña humeante, en la lengua náhuatl) no les intimida. Siempre se ha portado como un buen vecino. A él atribuyen las lluvias que hidratan y hacen crecer sus cultivos y su ganado. Por eso, cuando las autoridades mexicanas estiman que, más que echar un pitillo, el coloso geológico está que fuma en pipa y ordenan la evacuación inmediata, la mayoría se niega en redondo y se encierra en sus casas a la espera de que el titán apure hasta la colilla y se calme. Es algo así como la peligrosa versión mexicana de 'Pedro y el lobo'.

Con más o menos violencia, el Popocatépetl lleva dando muestras de su aparatosa actividad interna desde que despertó de una hibernación milenaria en 1994. Esos son veinticuatro años avisando. Y en los últimos días lo ha hecho con insistencia y con furia: explosiones, erupciones de aguas y gas, sismos de baja intensidad y kilométricas columnas de humo y cenizas, que han disparado las alertas entre los vulcanólogos mexicanos, que monitorizan el monstruo las veinticuatro horas, y llenado de inquietud a cerca de veinticinco millones de personas. Esa es la población que se encuentra diseminada en el radio de acción del cono feroz, que se localiza amenazante a solo 72 kilómetros al sureste de la Ciudad de México (con veintiún millones de habitantes), 63 de Cuernavaca, 53 de Tlaxcala y 43 de Puebla. Aunque el país de los mayas tiene bajo estrecha vigilancia a otros dieciséis volcanes 'vivos' repartidos en todo su territorio, ninguno de ellos llega a la altura del zapato de Don Goyo en capacidad destructiva.

El semáforo de alerta volcánica del Popocatépetl se encuentra en Amarillo Fase 2, la penúltima antes de la roja, la de alarma, que automáticamente decreta la evacuación. El Centro Nacional de Prevención de Desastres del Gobierno de López Obrador no quita el ojo del cráter en busca del más mínimo signo de incandescencia. Ayer estos rastreos dieron negativo, pero los expertos registraron «170 exhalaciones acompañadas de vapor de agua, gas y ligeras cantidades de ceniza, además de un sismo volcanotectónico».

La última, en el siglo XVII

¿La erupción está anunciada? ¿Será inminente? En opinión de Joan Martí, director del grupo de Vulcanología del Instituto de Ciencias de la Tierra 'Jaume Almera de Barcelona, entidad adscrita al Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), «manifiesta síntomas precursores de una próxima erupción grande. Todo apunta a que el volcán se está presurizando y que el magma que tiene en su interior quiere salir. Y esto puede ocurrir en cualquier momento. Pero también podría ser que al final pasase a una fase de inactividad y no ocurriera nada. La vulcanología -admite el geólogo a este periódico- está aún lejos de poder hacer predicciones precisas».

La evolución geológica del Popocatépetl muestra que se trata de un volcán que ha estado activo durante más de medio millón de años y que en ese tiempo ha presentado varias etapas de crecimiento, en los que se formaron al menos tres volcanes previos que resultaron destruidos por erupciones extraordinariamente grandes. «Los vulcanólogos medimos las erupciones con una escala que va del 0 al 8, que representa la destrucción total. Sabemos que el 'Popo' ha llegado al 6. La última gran erupción se remonta al siglo XVII», explica el científico, quien cifra en 1.500 los cráteres del planeta que podrían expulsar lava en cualquier momento.