UN CASO PARALELO «Espero tener un lugar donde poner flores a mi hermana»

Emanuela Orlandi no fue la única joven desaparecida en la primavera de 1983 en Roma. El 7 de mayo se le perdió la pista a Mirella Gregori, estudiante de instituto que le había dicho a su madre que iba a ver a un compañero de clase en la zona de Porta Pía. Nunca más se supo de ella. Su caso se ligó con el secuestro de Orlandi, acaecido 40 días después, pues ambos tenían grandes similitudes. Las propias familias consideraron que las desapariciones de las dos muchachas estaban conectadas y hasta eligieron al mismo portavoz y abogado. Antonietta Gregori, hermana de Mirella, confesó ayer su esperanza de que los huesos hallados en la nunciatura apostólica en Roma sean los de su familiar. «Así podré poner la palabra fin a este asunto y tendré un lugar adonde ir a llorar y ponerle flores a mi hermana».

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