«Nunca he perdido la fe»

Cooperante.  Luis Pernía, junto a una familia  en Niamtougou (Togo) en 2016. :: r. c./
Cooperante. Luis Pernía, junto a una familia en Niamtougou (Togo) en 2016. :: r. c.

El activismo de Luis Pernía aflora en los años 60 con el movimiento obrero. Desde entonces, este cura no se ha separado de los olvidados del mundo

SUSANA ZAMORA

Aunque ya jubilado, tras más de 30 años de enfermero en el Hospital Carlos Haya de Málaga, Luis Pernía (Mahamud, Burgos, 1944) no deja de trabajar. Lo hizo como jornalero en Lebrija, tras ordenarse sacerdote en Teruel en 1968. Durante años, peleó mejores condiciones laborales e hizo huelga de hambre de 15 días en Madrid para protestar por el paro que azotaba Málaga en los años 70. Cooperante incansable, continúa con la lucha. Hoy su corazón está con los inmigrantes.

- Acaba de volver de la selva peruana y no de hacer turismo exótico precisamente...

- He aprovechado para visitar los proyectos que tenemos en las comunidades campesinas de Cuzco, donde hay una gran deficiencia en infraestructuras, saneamiento, electricidad y atención sanitaria básica. Actuamos a demanda de la propia comunidad a través de la ONG nativa Guamán Poma de Ayala, que es un modelo de la cooperación en el mundo. Perú vive un proceso galopante de desarrollo, muy por encima al de muchos países europeos, pero el modelo económico allí no es el mismo, porque allí se benefician unos pocos y las mayorías no perciben el fruto de ese progreso.

- Vacaciones no han sido...

- Nunca las he tenido, pero no lo considero algo heroico. La vida es un regalo, una experiencia maravillosa. Mi eslogan es hacer pequeñas cosas, con pequeña gente para conseguir grandes cosas.

- Siendo un niño, ¿cómo vivió que su padre sentara un pobre a la mesa cada domingo?

- Hay cosas que los padres no verbalizan, pero que con su forma de actuar dicen más que con las palabras. Aquel modo de vida me marcó para siempre.

- Ha sido enfermero, cura obrero, activista, misionero... ¿dónde se ha sentido más cómodo?

- Mi vocación es ser aprendiz de la solidaridad. De todo y todos se aprende. Existe una especie de vasos comunicantes con quien interactúas y eso te enriquece.

- La lucha obrera suena a movimiento del pasado. ¿Dónde están hoy los trabajadores oprimidos?

- Basta con mirar a nuestro alrededor para ver el trabajo precario que existe. Sin embargo, ha cambiado el escenario por una serie de circunstancias, como la globalización económica; la homogeneización cultural, y la quiebra permanente norte-sur, con grandes diferencias entre ambos. Parece que solo existe un modo de vida y un modelo económico en el que el 1% de la humanidad tiene el 99% de la riqueza. No obstante, soy optimista y aunque no se vean grandes movimientos revolucionarios, me sorprendió, por ejemplo, el estallido del 8 de marzo.

- Ha conocido a los pobres en África, a los campesinos nicaragüenses, a las mujeres de los arrabales en Perú, a los niños saharauis, ¿se ha preguntado dónde está Dios?

- Dios está en el rostro de los pobres. Nunca he perdido la fe en él. La incertidumbre siempre está presente, pero siempre me he aferrado de forma tenaz y obsesiva al mensaje de Jesús.

- El problema de Europa con la inmigración, ¿es más de capacidad o voluntad?

- Desde 1992, la inmigración se ha movido entre la realidad y la política. Desde que la sociedad toma conciencia de este fenómeno, las instituciones empiezan a defenderse y dejan de preocuparse por sus causas. Creo que nuestro país debería aprovechar estas circunstancias históricas.

- En este contexto, con amigos como Trump y Salvini, ¿quién necesita enemigos?

- Es muy preocupante que países importantes estén gestionados por políticos de dudosa moralidad y con una trayectoria discutible para la gestión pública.

- ¿Hay receta para gestionar estos movimientos?

- Es un fenómeno complejo, que va a continuar y que se acentuará con la homogeneización cultural y económica. Pero hay que buscar las causas e intentar solucionarlo en el lugar de origen, cuidando la educación para que puedan construir su país. Estoy convencido de que la inmigración va a ser promotora de importantes cambios sociales y acabará siendo una seña de identidad del nuevo mundo. Mientras tanto, hay que integrar en nuestro sistema jurídico a todas estas personas en condiciones de igualdad, para que no sean ciudadanos con algún derecho, sino ciudadanos de hecho. - En una ocasión viajó a Palestina con una comisión y fue recibido por Arafat...

- Ha sido una de las experiencias que he vivido con más temor. Éramos objeto de observación y seguimiento constante. Íbamos humildemente a apoyar a un pueblo al que no se le reconocen sus derechos y estando en Jerusalén nos avisaron de que nos recibía Arafat. Me pareció una persona humilde y guardo un grato recuerdo.

- Con tantos frentes abiertos, ¿dónde estaría ahora Jesús?

- En el Vaticano, seguro que no. Estaría de voluntario, acompañando a los inmigrantes.

- ¿Cómo ha vivido un cura como usted los últimos casos de pederastia en la iglesia católica?

-Es un tema muy gordo. Me compadezco de estas personas, pero este problema debería subsanarse de otra forma. El celibato debería de ser una opción libre. Pero eso es harina de otro costal.

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