Terror en las pasarelas

Terror en               las pasarelas

La moda deriva hacia desfiles escalofriantes con criaturas siniestras y shows satánicos bañados en sangre para llamar la atención.Es el triunfo de la fealdad sobre la belleza

LUIS GÓMEZ

El terror (y asco) que pueden llegar a provocar las pasarelas ha caldeado el corral de la moda y puesto en pie de guerra a dos gallos de cuidado. A la conclusión del último desfile de Gucci, en el que los modelos desfilaron con una réplica de sus cabezas bajo los brazos infundiendo verdadero pánico, numerosas voces protestaron por el infecto rumbo que está tomando una industria gobernada por seres monstruosos. Sin nombrar a la firma rival ni al diseñador, el encolerizado Giorgio Armani lamentó las «payasadas» que se cometen en nombre de un negocio asociado frecuentemente a la polémica: «Estoy perplejo y no quiero ser parte de esto. La moda no puede ser un medio para que hablen de ti. Tenemos que emocionarnos pero sin exagerar», sentenció el multimillonario modisto.

La modelo española Nieves Álvarez echó más leña al fuego y se puso de parte de Armani al dar por sentado que no todo vale para crear espectáculo. Aseguró que las «incitaciones grotescas y exhibiciones risibles y caricaturescas» solo suponen una bravuconería y que no tienen ningún sentido shows «estéticamente irritantes y textilmente poco convincentes». Dio por sentado que la libertad de expresión debe primar por encima de todo, pero lo sucedido en Milán ha superado todas las fronteras, pese a la deriva en que ha entrado la moda en un esfuerzo por llamar la atención. Seres extraños y deformes pueblan desde hace años las pasarelas, mientras serpientes y dragones se exhiben con absoluto descaro y temeridad y maniquíes con tres ojos vagan con la mirada perdida. Es un mundo monstruoso que cuestiona los cánones de belleza, castiga lo aparentemente bello, ensalza la fealdad más horrenda y atemoriza al personal.

Muñecos con apariencia de fetos aparecen envueltos en tejidos de lúrex 'rojo sangre' como si se preparasen para protagonizar orgías de hemoglobina y acompañar a bestias que amenazan con devorarse y sacarse las entrañas ante la mirada complaciente de un 'front- row' que parece asistir a una sesión al más puro estilo Tarantino. Un espectáculo descomunalmente gore solo apto para paladares dispuestos a tragar todo tipo de vísceras. Muy heavy.

Resulta difícil adentrarse en la mente de los diseñadores y descifrar qué mensajes pretenden difundir con escenografías tan desagradables y tenebrosas, en las que el concepto de belleza se trastoca perversamente. Por no hablar de qué ropas intentan vender con tipos que ponen los pelos de punta por su gran parecido con el caníbal Hannibal Lecter, de 'El silencio de los corderos'. Son imágenes violentas que deberían incluir en muchos casos la advertencia de la capacidad de poder herir la sensibilidad de los espectadores. Posiblemente sea también una forma de muchos modistos de responder al poder de unas marcas al conducirles desde las pasarelas a los depósitos de cadáveres, por el poco tiempo que muchos de ellos permanecen al frente de las direcciones creativas de las compañías.

Competencia feroz

Con escenografías tan siniestras, las calaveras del difunto Alexander McQueen parecen un juego de niños. Pero las presentaciones escalofriantes tienen su público. Que se lo pregunten al chino Hu Sheguang, que debe gran parte de su notoriedad a unos desfiles satánicos bañados en sangre con modelos pálidos como muertos. Para los expertos, la feroz competencia entre las marcas explica el auge de unas pasarelas tan siniestras. «En pocos días pueden desfilar cuarenta firmas, y la que salga en la foto es la que tendrá repercusión», reflexiona el fotógrafo Manuel Outumuro. A su juicio, una buena puesta en escena puede convertir un desfile en una experiencia emocionante, pero considera que hay que diferenciar «cuando se presenta una colección hecha con talento que se acompaña de una escenografía creativa, incluso extravagante pero acorde con el espíritu artístico del autor de la colección», y cuando se recurre a puestas en escena de una teatralidad esperpéntica, con el objetivo de tapar un diseño o una «costura deficientes», subraya.

«Todo es un circo, un espectáculo en el que se busca la innovación, la provocación, y todo destinado no a los clientes, sino a los medios de comunicación», razona el filósofo Gilles Lipovetsky. «Impactar siempre es necesario, pero casi nunca es suficiente. Llamar la atención es fundamental para darse a conocer, pero hasta el acto de compra hay un largo camino», asevera el publicista Lluís Bassat. La experiencia demuestra que, en tiempos de crisis, es mejor no ser muy extravagante porque la gente se vuelve más conservadora con el dinero. Pero la moda hace oídos sordos. La transgresora Vivienne Westwood se atreve a pintar los labios de rojo intenso a los modelos, pero no con maquillaje, sino con tinta de verdad, y las escenografías evocan a menudo una pesadilla hardcore con modelos tatuados, mucho látex y velos fantasmagóricos. Todo bajo un manto de oscuridad y terror.

Fashion Horror Show. Algunos desfiles incluyen en su escenografía escalofriantes muñecos que se asemejan a fetos envueltos en tejidos de lúrex 'rojo sangre'. Puro gore.

Miedo. Hay pasarelas siniestras para todos los gustos, con modelos que desfilan con capuchas de verdugos, pálidos como muertos, y el aroma inconfundible del látex sadomasoquista.

Con tres ojos. El último desfile de Gucci ha avivado la polémica y enervado a modistos como Giorgio Armani por la irrupción de modelos que portaban réplicas de sus cabezas y con los rostros totalmente desfigurados.

Hu Sheguang despegó ese año como uno de los diseñadores más innovadores de la industria china. Su colección demoníaca, lucida por modelos con hasta siete brazos, parece sacada de una pesadilla. Es uno de los favoritos de la reina de Holanda.