La memoria de la Shoah

El escritor y cineasta Claude Lanzmann, autor del documental 'Shoah' sobre el genocidio judío. :: afp/
El escritor y cineasta Claude Lanzmann, autor del documental 'Shoah' sobre el genocidio judío. :: afp

Fallece a los 92 años el escritor y cineasta francés Claude Lanzmann, responsable del más completo intento por transmitir el horror del Holocaust0. «Solo existe la vida»

JULIÁN MÉNDEZ

Ayer se apagó en París a los 92 años la vida del escritor, cineasta y filósofo Claude Lanzmann (1925), una de las biografías imprescindibles para entender el siglo XX. Solo por una de sus obras, 'Shoah', un documental al que entregó buena parte de su vida y en el que durante nueve desasosegantes horas, nos arroja a la cara el horror del exterminio judío, Lanzmann se merecería un puesto en la historia. Pero su vida dio para muchísimo más.

Hijo de judíos emigrados desde el Este para escapar de los pogromos y perseguido en Francia, se enroló en las Juventudes Comunistas y, luego, en la Resistencia siendo apenas un adolescente; estudió en Turinga y fue profesor de Filosofía en Berlín tras la II Guerra Mundial. Fue amante (y el único hombre que convivió con ella) de Simone de Beauvoir, 'el Castor', amigo y colega de Jean-Paul Sartre y colaborador de 'Les Temps Modernes', cineasta de la incómoda 'Shoah', corresponsal de guerra en Corea y Egipto y el primer civil en volar (una de sus grandes pasiones) en un reactor de combate de la flamante Arma del Aire y del Espacio de las Fuerzas de Defensa de Israel... Una vida que resume las peripecias y penalidades del siglo XX y que Lanzmann recopiló en unas memorias tardías tituladas 'La liebre de la Patagonia' (Seix Barral, 2011). Empleando una palabra judía usada en los campos, Lanzmann fue un 'mensch', un hombre de una pieza.

«Puede que la guillotina -más ampliamente la pena capital y los diferentes modos de administración de la muerte- haya sido el asunto central de mi vida», escribe Lanzmann en el primer párrafo de su biografía, impresionado a los doce años por la escena de un ajusticiamiento con la hoja en la película 'L'affaire du courrier de Lyon'. Las nueve horas y media de 'Shoah', fruto de un trabajo de preparación de casi doce años y 300 horas de filmación, es también un recorrido por la muerte, por la aniquilación de seis millones de judíos a manos de los nazis y de sus cómplices. Pero es también una búsqueda de los verdugos (rodados con cámara oculta) y un reconocimiento (controvertido) hacia los «héroes de la Shoah», como Filip Müller, integrante del Sonderkommando (comando especial) de Auschwitz, encargado de conducir a sus vecinos hasta las cámaras de gas. «Yo quería vivir, vivir a toda costa, al menos un minuto más, un día más, un mes más... ¿Comprende lo que le digo? Vivir», dice Müller. Los Sonderkommando (860 hombres, el Grupo 12 se rebeló en el campo, como muestra 'El hijo de Saúl') eran los únicos capaces de algo de piedad y compasión entre la depravación total.

Desvelar los rastros

'Shoah' es, como escribió Simone de Beauvoir en Le Monde en 1985, la evidencia filmada de que, pese a haber leído sobre los guetos y sobre los campos de exterminio, «no sabíamos nada». «Por primera vez lo vivimos en nuestra cabeza, en nuestro corazón, en nuestra carne... Uno de los grandes éxitos de los nazis fue ocultar todos los rastros, pero no pudieron abolir la memoria y, bajo el camuflaje (hierba recién plantada, jóvenes bosques), Lanzmann ha sabido encontrar la horrible realidad: en esa pradera verde había fosas donde los camiones descargaban judíos asfixiados durante el viaje. En ese río tan bonito se arrojaban las cenizas de los cadáveres calcinados... Jamás habría imaginado una alianza semejante entre horror y belleza...». Paradoja visible en el cartel donde aparece Henrik Gawkowski, maquinista de los trenes de la muerte a quien Lanzmann localizó apenas a 10 kilómetros de Treblinka.

Judío no practicante, sostenía que Israel «nació de la Shoah». «Existe una relación causal compleja entre estos dos acontecimientos», señaló. Salvado de morir ahogado en la playa de Cesarea, tocado por la fulminante muerte de su hijo Félix (23 años), mantuvo su aliento creador hasta el final. «Solo existe la vida. No creo en el más allá, esa gigantesca construcción».

Lanzmann dedicó once años a localizar, convencer y filmar los testimonios de héroes, verdugos y supervivientes del exterminio nazi en 'Shoah', un documental imprescindible que dura más de nueve horas y es pieza angular de la memoria universal sobre el exterminio. «Aquí es todavía la vida. Doy un paso y estoy del lado de la muerte», apuntó en Sobibor.

Eran los presos judíos encargados de colaborar en la maquinaria genocida de la Solución Final. «Fueron, junto con los asesinos, los últimos testigos de la muerte de su pueblo en las cámaras de gas» escribió Lanzmann que alabó su compasión.

 

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