Mario y Lee no quieren desembarcar

Mario Salcedo suma cerca de 8.000 noches a bordo. :: r. c./
Mario Salcedo suma cerca de 8.000 noches a bordo. :: r. c.

I. O. DE O.

A Mario Salcedo su exigente trabajo como director de finanzas internacionales en una gran corporación le tuvo dos largas décadas subiendo y bajando de aviones, y entrando y saliendo de hoteles por toda América Latina. Apenas recalaba en su domicilio de Miami. Harto y agotado, en 1997 decidió que había llegado la hora de perpetrar su fantasía: viajar por todo el mundo sin salir de casa. Como buen 'broker', hizo cuentas. Su nuevo estilo de vida le saldría a algo más de 58.000 euros al año. Con sus contactos montó su propia empresa 'online' de gestión de inversiones para terceros y embarcó en un crucero de la Royal Caribbean. 22 años después, allí sigue encadenando travesías y flotando sin rumbo rodeado siempre de turistas anónimos y de sonrisas profesionales en alguna cubierta que le sabe a hogar.

Tras cerca de 8.000 pernoctaciones en el océano -un récord absoluto que convierte a 'Super Mario, como le conocen los cruceristas, en una leyenda viva de la navegación turística-, este financiero disfruta de un montón de privilegios en alta mar. Internet, qué menos, es gratis para él. En su rutina diaria, «el hombre más feliz del mundo», como 'The New York Times' lo calificó en 2018, dedica «no más de cinco horas» a manejar su firma desde la tumbona. «Luego sigo el flujo natural de todo crucerista. Suelo bailar, fumarme un buen habano tras la cena, ver los deportes en la tele, hacer submarinismo si estamos de escala y, sobre todo, aprovecho cualquier momento para charlar con otros pasajeros», cuenta el septuagenario.

Bailar y bordar

Otra crucerista empedernida que no tiene la más mínima intención de volver a tierra es Lee Wachtstetter, a la que apodan 'Mama Lee'. Hasta ha escrito un libro que es toda una declaración de intenciones: 'I may be homeless buy you should see my yacht', lo ha titulado, algo así como 'Puede que sea una 'sintecho' pero deberías echar un vistazo a mi yate'.

Cuando enviudó, allá por 1997, esta estadounidense se quedó con una casa grande y un montón de posesiones. Su esposo y ella habían hecho nada menos que 89 cruceros juntos, y Lee perpetuó en solitario la tradición hasta que en 2005 se decidió a liquidar su patrimonio. «Tenía salud y me lo podía permitir. ¿Para qué iba a dedicarme a cocinar, limpiar y comprar si en un crucero hay buena comida, entretenimiento constante y hoy te acuestas en un país y mañana amaneces en otro?», razona.

A sus 88 años, esta risueña sirena sigue embarcada en un viaje sin fin haciendo lo que más le gusta, bailar y bordar, siempre mecida por las olas.