Una mansión para la eternidad

Donald Trump en sus dominios de Bedminster. Arriba, llegando a la propiedad con su esposa, Melania, en el helicóptero presidencial. :: r. c./
Donald Trump en sus dominios de Bedminster. Arriba, llegando a la propiedad con su esposa, Melania, en el helicóptero presidencial. :: r. c.

El presidente de EE UU cambia en verano su mansión de Palm Beach por la de Bedminster,en uno de sus campos de golf de New Jersey donde quiere ser enterrado

Florida es un paraíso de invierno del que todo el mundo quiere escapar en verano. Temperaturas infernales, humedad pegajosa y la continua amenaza de huracanes y tormentas tropicales que incluso de lejos dejan una espesa cortina de agua. No es el sitio en el que se puede encontrar a Donald Trump entre junio y octubre. Al magnate que baña de oro hasta las hebillas del cinturón de su avión se le ve desde que cierra Mar-A-Lago a final de mayo en la campiña de New Jersey en la que quiere ser enterrado. En Bedminster pastan las cabras y se empaca el heno, pero sólo porque su presencia simbólica permite cortar el césped del campo de golf sin pagar impuestos y caracterizarlo de agrícola para obtener una sustancial desgravación fiscal. Esas ocho cabras valen su precio en oro. Según el 'Wall Street Journal', el presidente paga menos de mil dólares por una propiedad de 176 hectáreas que sin ellas costaría al menos 80.000 dólares anuales.

Experto en 'operaciones buitre', le compró la propiedad en 2002 al 'playboy' de la industria automovilística DeLorean, inmortalizado en la película 'Vuelta al Futuro'. Hundido en la bancarrota por las demandas de su última empresa, tuvo que deshacerse al final de su vida de su preciada finca por 35 millones de dólares, una fortuna si se compara con los dos millones que Trump pagó por Mar-A-Lago en 1985, cuando se calculaba en más de quince. La fundación a la que había pasado tras la muerte de su propietaria no podía pagar el millón de dólares anuales que costaba mantenerla y ahí apareció Donald Trump al rescate para quedarse con los despojos a precio de saldo.

Sobre la hierba crecida de esta mansión georgiana de 1930 Trump erigió en dos años uno de sus famosos campos de golf con 34 hoyos, tras encargar la remodelación al arquitecto Tom Fazio. A 65 kilómetros de Manhattan, celebridades y políticos empezaron a disfrutar pronto de sus invitaciones en la magnífica propiedad que quiere ver hasta después de muerto. En 2015 obtuvo al fin la licencia para construir su mausoleo en un cementerio privado del que también vende participaciones para una vida eterna de lujo.

El magnate vende hasta participaciones de su cementerio privado

Para ser miembro de este prestigioso club de golf que sólo se disfruta unos meses al año hay que pagar 300.000 dólares de entrada y 22.100 anuales. «Y encima nos cobran por todo y nos sacan hasta el último céntimo», se quejaba uno de sus miembros a la revista 'Sports Illustrated'. Helipuerto, piscina climatizada de 25 metros, dos jacuzzies, cuatro canchas de tenis, otras tantas de paddle, una de baloncesto y cinco cabañas de lujo para quienes quieran pasar la noche, a su debido costo.

Ninguna como la que se hizo construir Ivanka Trump y su marido, Jared Kusher, que la desposó aquí en 2009. Desde entonces ha crecido la demanda de bodas con la esperanza de que el ahora presidente aparezca en la celebración para felicitar a los novios, como hace de vez en cuando para subir el caché del negocio.

Facturas y más facturas

Bedminster es un pueblecito dormido de 16 policías y 8.000 habitantes que han visto su paz truncada, como Palm Beach en invierno. El Congreso estudia una ley para compensarles con 3,5 millones por el gasto de seguridad y de negocios hundidos. Solo durante dos semanas del verano pasado, los 38 agentes que garantizan por turnos la seguridad del presidente costaron casi 50.000 dólares en hoteles y para final de octubre habían pagado a la propiedad de Trump 60.000 dólares en alquiler de carritos de golf para poder seguirle, además de otros 27.000 en baños portátiles. En total, las autoridades federales han tenido que reembolsar un millón de dólares a las de New Jersey, sin contar lo que cuesta el 'Air Force One' que le transporta hasta el aeropuerto municipal de Morristown y el helicóptero en el que concluye el viaje puerta a puerta.

Según la organización demócrata American Bridge for the 21st century, Trump ha pasado prácticamente uno de cada tres días de su gobierno vacacionando en sus propiedades. Un negocio redondo que Trump National Golf Club Bedminster vende como «una inversión en ocio y tiempo libre».

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