«¡Malditos yanquis!»

Los restos del 'Maine' asoman sobre el agua en el puerto de La Habana. Su hundimiento desencadenó la invasión estadounidense de la isla. :: r. c./
Los restos del 'Maine' asoman sobre el agua en el puerto de La Habana. Su hundimiento desencadenó la invasión estadounidense de la isla. :: r. c.

Un ejército estadounidense formado por excombatientes del Norte y el Sur que recelaban entre sí despojó a España de sus últimas colonias hace 120 años

Fue la primera vez que se escuchó en Cuba la expresión 'malditos yanquis', pero no la pronunciaron Fidel Castro ni sus partidarios, sino el general Joseph Wheeler, un viejo confederado a quien el 24 de junio de 1898 le debió de traicionar el subconsciente cuando vio a 1.400 soldados enemigos batirse en retirada en un lugar conocido como Las Guásimas. Por un momento olvidó que quienes huían eran combatientes españoles y no sus compatriotas del norte, los casacas azules contra los que había luchado en la Guerra de Secesión y cuyo recuerdo todavía estaba fresco entre los derrotados. «¡Hemos obligado a escapar a esos malditos yanquis!», se le escapó al veterano militar sudista.

Wheeler formaba parte de la fuerza expedicionaria enviada a Cuba por el presidente republicano William McKinley tras la explosión y hundimiento del acorazado estadounidense 'Maine', en el que murieron 256 tripulantes. El barco saltó por los aires el 15 de febrero de 1898 en el puerto de La Habana, cuando la oficialidad del buque asistía a un baile de bienvenida organizado por las autoridades locales. De inmediato, la prensa de EE UU acusó al Reino de España de haber perpetrado un sabotaje y orquestó una campaña a favor de la intervención de su país en la isla caribeña, oficialmente en apoyo de los independentistas locales (mambises) que se habían alzado en armas en 1895.

La reacción provocada por el hundimiento del 'Maine' arrastró a Cuba a un contingente de unos 20.000 estadounidenses, entre soldados regulares, milicias de los Estados (la Guardia Nacional) y voluntarios. El desembarco se produjo en Daiquirí, al oeste de la ciudad de Santiago, a mediados de junio de 1898, después de que el presidente McKinley hubiera declarado formalmente la guerra a España el 25 de abril.

Pocos días después se produjo la batalla de Las Guásimas, enclave a mitad de camino entre Daiquirí y Santiago, en el que 950 estadounidenses, entre los que se encontraba el general Wheeler, fueron víctimas de una emboscada de soldados españoles. A las órdenes del general Arsenio Linares, estos últimos descargaron una lluvia de balas sobre el batallón de los Rough Riders, los 'jinetes rudos' que había reclutado el político republicano y futuro presidente Theodore Roosevelt. Tratando de hacerse popular y de promocionarse ante la opinión pública, había dimitido como secretario de la Armada para combatir en aquella unidad de voluntarios que se hizo famosa en el asalto a la colina de San Juan, recogido en un famoso cuadro de Frederick Remington y en la que se enrolaron pistoleros, cowboys, tahúres, indios de la frontera, mezclados con algunos millonarios del Este y estudiantes de la Universidad de Harvard.

Reclutas desmoralizados

Los Rough Riders -ese nombre lo tomó la prensa de los jinetes del espectáculo circense de Buffalo Bill- y las demás unidades estadounidenses desplegadas en Cuba se encontraron con unos enemigos diametralmente diferentes. Eran reclutas de extracción popular que habían acabado en el Caribe porque sus familias no tenían 2.000 pesetas para librarlos del servicio militar (redención). Vestidos con un uniforme de rayas azules y armados con fusiles máuser, sus condiciones de vida eran miserables comparadas con las de sus oficiales y temían más a las enfermedades tropicales que a los enemigos.

Pero el Ejército de Estados Unidos distaba de ser la maquinaria que conocemos en nuestros días. Tras la Guerra de Secesión, la fuerza terrestre y la Marina eran reducidas y tuvieron que ser completadas con milicias de los estados (la Guardia Nacional) y con voluntarios. Los odios cruzados de yanquis y confederados no se habían apagado y hubo que hacer un enorme esfuerzo propagandístico para que militares del Sur como el general Joseph Wheeler lucharan codo con codo junto a sus antiguos enemigos de la Unión, encabezados por William Shafter, jefe supremo de la expedición militar enviada a Cuba.

Wheeler y Shafter sólo habían conocido hasta entonces el salvajismo de la Guerra Civil y después las guerras contra los indios de las Grandes Llanuras, Nuevo México y Arizona (sioux, apaches y comanches). Ahora tenían que luchar contra un enemigo completamente distinto, contra una vieja potencia europea en decadencia, cuyos soldados estaban mal dirigidos, aunque iban mejor armados que los estadounidenses.

De todos modos, a España tampoco le marchaban bien las cosas en Cuba; llevaba tres años intentando frenar sin éxito a los rebeldes y había visto cómo la opinión pública de EE UU se alineaba con ellos, en gran parte debido a la represión colonial y a los campos de concentración en los que el general español Valeriano Weyler confinaba a los civiles cubanos.

Fue la repentina explosión del 'Maine' lo que precipitó la independencia de la isla al proporcionar una excusa a Washington para intervenir militarmente y someter a Cuba a sus intereses económicos.

La derrota definitiva de España se materializó el 3 de julio de 1898 en la bahía de Santiago. Con las tropas estadounidenses ya desplegadas en tierra, buques de guerra de ese país destruyeron la flota española del almirante Cervera, que había llegado a Cuba el 19 de mayo y no pudo romper el bloqueo al que la habían sometido.

El misterio del 'Maine'

Sobre la tragedia del 'Maine' se ha especulado de todas las maneras posibles y se han relizado numerosas investigaciones, aunque los indicios apuntan a que se produjo por una explosión interna. De todos modos, en cuanto el acorazado estalló, Washington reaccionó como si lo hubiera estado esperando.

El 25 de febrero, diez días después de la explosión, la flota del almirante Dewey fue enviada de Japón a Hong Kong para hacer prácticas de tiro, y el 25 de abril, cuando Estados Unidos declaró oficialmente la guerra a España, zarpó hacia Filipinas con la orden de localizar y destruir a la escuadra española del Pacífico, tarea que llevó a cabo el 1 de mayo en la bahía de Manila. En Cuba, mientras tanto, los estadounidenses ejecutaron una operación de bloqueo marítimo y ocupación terrestre que había sido diseñada con anterioridad (Plan Kimball), un plan en el que se inscribe la batalla de las Guásimas y que terminó el 3 de julio con el desastre de la flota española.

Lo más curioso es que el presidente Mackinley no era partidario de abrir hostilidades en 1898. Fue la presión de los periódicos (el 'New York World' de Joseph Pulitzer y las cabeceras sensacionalistas de William Randolph Hearst) lo que lo obligó a improvisar una fuerza expedicionaria al mando de viejos unionistas y confederados recelosos entre sí, y formada por soldados regulares, novatos y aventureros del Oeste. Ese ejército en fase de formación fue durante más de un siglo el último enemigo del Reino España en una guerra contra otro país soberano.

Pero España se implicaría en otros conflictos. Con el país marcado por la pérdida de las colonias (en el oceáno Pacífico, las islas Carolinas y las Marianas, con Guam, fueron vendidas a Alemania), el Ejército español inició en 1908 la ocupación del norte de Marruecos y en años posteriores sofocó las insurrecciones de las tribus del Rif. En 1936, los oficiales y generales que gobernaban la región se sublevaron contra la República y desencadenaron la Guerra Civil. Dejando a un lado algunas escaramuzas coloniales, como la guerra de Ifni, y las operaciones de pacificación en los Balcanes, España no volvería a participar en una contienda internacional hasta las invasiones de Afganistán e Irak de comienzos del siglo XXI.

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