Lluvia de cenizas en Disneylandia

Lluvia de cenizas  en Disneylandia

Centenares de personas acuden anualmente al reino de Mickey para cumplir la última voluntad de sus familiares y esparcir por el recinto sus restos incinerados. Algunos lo hacen desde la montaña rusa

JAVIER GUILLENEA

Se pensaba que era una leyenda urbana pero ahora resulta que es verdad. Disneylandia está llena de difuntos. Por decirlo con mayor exactitud, unas veces se llena y otras se vacía, que es cuando los empleados de los parques temáticos del hogar de Mickey Mouse reciben en sus transmisores una orden en clave: limpieza Hepa.

Provistos de potentes aspiradoras con filtros especiales, los trabajadores retiran del reino de la alegría una vez al mes las cenizas de seres queridos que cientos de personas llevan cada año a los parques para depositarlas en las atracciones preferidas de sus deudos. Cada vez que algún operario encuentra en algún rincón un sospechoso montoncito de polvo gris, se activa la alerta y se acota la zona con un cartel de 'cerrado por dificultades técnicas' para ponerla a salvo de curiosos. Cuando ya no quedan testigos, las aspiradoras comienzan la mecánica tarea de aspirar las almas polvorientas y conducirlas a un nuevo paraíso cuyo nombre es posible que se llame vertedero.

Una vez al mes los trabajadores de los parques retiran las cenizas con aspiradoras

El descubrimiento de que la leyenda es cierta lo ha realizado el periódico 'The Wall Street Journal', que ha entrevistado a vigilantes de los parques de Disney en Orlando y Anaheim. Como no puede ser menos, el lugar preferido para depositar los volátiles restos es La Mansión Encantada, una atracción protagonizada por espíritus de ultratumba en la que a menudo no se distinguen los ficticios de los de verdad. Al decir de los empleados, «aquello está repleto de cenizas humanas».

Las leyes de Estados Unidos prohíben esparcirlas sin solicitar permiso, pero esta norma no arredra a las personas que quieren ver cumplida la última voluntad de sus difuntos. No son pocos quienes expresan su deseo de vivir toda una eternidad en el interior de un parque temático. Y también abundan los vivos que a la hora de visitar a sus muertos prefieren ir a Disneylandia antes que a un cementerio.

Para burlar la seguridad en los accesos, los parientes de los finados ocultan los restos cenicientos en frascos de medicina, envases de maquillaje o bolsas de plástico con cierre que camuflan en el fondo de sus bolsos o mochilas. Una vez traspasados los controles, el resto es sencillo.

Piratas del Caribe

Los difuntos están por todas partes. En la atracción Piratas del Caribe lo más común es esparcir varios puñados de un ser querido en el agua. Fue precisamente en ese lugar donde nació la leyenda urbana. En 2007 algunos visitantes vieron a alguien arrojar una sustancia desconocida desde una de las barcas que atraviesan el universo del capitán Jack Sparrow y avisaron a los servicios de seguridad. Más tarde se averiguó que aquellos polvos eran cenizas.

Las hay alrededor del castillo de Cenicienta, en el foso bajo los elefantes voladores de Dumbo y entre la vegetación del Reino Mágico de Orlando, donde, según dice una leyenda, el cuerpo congelado de Walt Disney permanece oculto a la espera de tiempos mejores. También hay cenizas en las macetas de flores, en el exterior de las puertas de acceso y en el mismísimo aire, tras haber sido arrojadas como una lluvia de almas desde las montañas rusas o durante el espectáculo de fuegos artificiales.

Los empleados de los parques no disimulan su malestar ante la idea de que esos montoncitos que parecen los restos de un cigarrillo clandestino no sean más que un señor incinerado. «Es horrible», repiten cuando se les pregunta qué sienten al poner en marcha las aspiradoras. Para los familiares es diferente. Cada vez que regresan y se cruzan con Cenicienta piensan con emoción en los suyos. Como dice el dicho, polvo eres y en Mickey te convertirás.

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