Un invento de Tarana Burke en 2006

Tarana Burke./
Tarana Burke.

Este primer aniversario del #MeToo celebra en realidad el acelerón que el caso Weinstein dio a un movimiento parido en 2006 por una activista negra, Tarana Burke, desapercibida entre tanta cara famosa, quizá en parte por el color de su piel: «Las mujeres negras no reciben la misma 'bendición' que las blancas cuando denuncian -explicaba en una entrevista hace solo unos meses-. La sociedad está educada para responder a la vulnerabilidad de las mujeres blancas mucho más rápido que con las de color, y por eso reciben otra atención».

Burke, criada en el Bronx neoyorquino, era la directora de un campamento para adolescentes negras que habían sufrido abusos cuando una de ellas, de 13 años, le contó que estaba viviendo una pesadilla con el novio de su madre... La historia le recordó tanto a la suya propia que la dejó paralizada y tuvo que poner a la niña en manos de otra terapeuta. Nunca volvió a ver a aquella pequeña y se quedó con las ganas de decirle las dos palabras que a ella le hubiera gustado escuchar: 'Me too' (Yo también). Ahí nació todo: «Esa es la chispa que inicia la conversación: que sepas que no estás sola, a mí también me ha pasado y voy a compartir contigo este proceso. Esa idea abre un mundo de posibilidades para las supervivientes».

Una década después, un tuit de Alissa Milano diseminaba el concepto de Burke, amplificado por decenas de actrices que se atrevían a dar la cara. Pero Burke lleva en esto muchos años: «Mi trabajo con 'me too' no es un momento puntual viral sino una travesía vital. Aunque jamás habría imaginado que cientos de miles de personas se atrevieran a denunciar públicamente. Es un momento universal de catarsis para todas las mujeres y hombres, blancos y negros».

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