Un hotel Mundial

Valverde y sus compañeros de selección, con Javier Mínguez, posan en la puerta de El Guerra con Esther, días antes del Mundial. :: R. C./
Valverde y sus compañeros de selección, con Javier Mínguez, posan en la puerta de El Guerra con Esther, días antes del Mundial. :: R. C.

El Guerra, un lugar discreto y humilde en Sierra Nevada, alberga la clave de la victoria de Valverde en Innsbruck. «Se le iban los ojos con nuestro arroz con leche», dice Esther, su gerente

ALEJANDRO MOLINA

En este reportaje no hay jacuzzis, ni lujo ni despilfarro. Bueno, en realidad sí que hay lujo, pero es un lujo accesible y humano. De ese que no se suele asociar a la clásica concentración hermética de una selección española en un hotel de un porrón de estrellas. Pero es que esto va de ciclismo y quien llevaba a todos a rueda era Alejandro Valverde. Esta historia comenzó hace unas semanas en El Guerra, un pequeño hotel de montaña en Sierra Nevada, y terminó el pasado domingo con un emocionante y merecido oro en el Mundial de Ciclismo de Innsbruck.

Dicen que cuando los integrantes de la Selección Española de Ciclismo se enteraron de que iban a concentrarse en un discreto establecimiento de dos estrellas de Granada para preparar el Mundial, pusieron cara de póquer. Pero se ve que el ambiente sencillo y acogedor que les brindó El Guerra y la atmósfera familiar que rodearon la estancia ha sido clave para la gran victoria de Valverde. Lo ha contado él mismo en respuesta a una pregunta sobre la concentración previa en Sierra Nevada. «Fue maravillosa. Estuvimos a 1.550 metros, en el hotel El Guerra, que nos tratan como a una familia. Hace dos años que me concentro ahí antes del Tour. Ha sido una gran convivencia, nos hemos conocido más de cerca, nos hemos unido y, aunque cada uno lleva su entrenamiento, nos poníamos de acuerdo para ir juntos. Ha sido una idea fantástica».

Así que un trocito de esa medalla de oro pertenece a este hotel colgado en las montañas granadinos, a solo 9 kilómetros de la estación de esquí de Sierra Nevada, y a 22 de la Alhambra.

«Alejandro es una persona excelente, con una nobleza que se ve en sus ojos al hablar», dice la hostelera

La idea de apostar por un pequeño hotel como El Guerra partió del propio Valverde, tal y como cuenta la gerente del alojamiento, Esther del Paso. «Al principio todos estaban muy serios pero no duró mucho, aquí los tratamos como si fueran de nuestra familia y poco a poco se hicieron una piña», comenta. No tiene que jurar que los quiere; a Esther le brillan los ojos cuando revive el momento en que el murciano cruzó la línea de meta en primera posición. Era el nuevo campeón del mundo, pero también era el mismo tipo que unos días atrás no podía resistirse a su arroz con leche. Y el mismo que se había pasado días sin ponerle una mala cara a las decenas de aficionados que se acercaban hasta aquí arriba para pedirle un autógrafo. «Es que Alejandro es una persona excelente, con una nobleza que se ve en sus ojos al hablar. Cuando ganó, esto parecía más un drama que otra cosa, todos estábamos llorando. Fue tremendo, habíamos instalado una pantalla gigante en la terraza y el día antes realizamos una convocatoria invitando a todos los ciclistas que quisieran a una pinta de cerveza y un plato de arroz gratis. Mereció la pena», ilustra Esther.

El antojo de Javier Mínguez

No era invierno, pero El Guerra (así llamado en homenaje a su abuela, que se apellidaba Guerra) volvió a llenarse por unas horas, porque otra cosa no, pero afición al ciclismo en Granada hay, y mucha. Tanta que Esther decidió hace unos años incluir a su hotel en la lista 'Bikefriendly'. A casi 1.600 metros de altura, el lugar está en plena subida a la estación de esquí de Sierra Nevada y entre mayo y noviembre esa carretera es un reguero constante de ciclistas. «Ofrecemos instalaciones específicas para ciclistas como taller y zona para bicicletas, entre otras cosas. Aquí vivimos principalmente de los esquiadores pero eso sólo dura cinco meses y hemos apostado fuerte por el ciclismo» explica Esther, cuyos padres levantaron el hostal hace 25 años.

Por momentos su 'casa' parecía más un final de etapa de la Vuelta a España que un hotel de montaña. Masajistas, mecánicos, y viejas glorias del ciclismo local como Francis Cabello (corredor del Kelme y ganador de una etapa en el Tour de Francia) que se acercaban a saludar a los integrantes del equipo español contribuyeron a imprimir un ambiente especial. No faltaron tampoco periodistas que se desplazaron para informar de la concentración. No era el Tour, pero tenía su punto. No era el Tour, entre otras cosas porque en Francia no se estilan los postres de El Guerra y porque si te apetece un arroz con marisco igual te llevas un chasco. Pero esto es Sierra Nevada y hay soluciones para casi todo.

Esther recuerda entre risas el día en que a Javier Mínguez, el seleccionador, le dio el antojo del arroz de marras «pero eso sí, con las gambas y las almejas bien peladas», recuerda la hostelera, que asegura que un masajista y un mecánico estuvieron toda la mañana ayudando a pelar el marisco en la cocina. Ese fue el ambiente relajado de una concentración en la que el protocolo fue dejando paso a la naturalidad y los trece ciclistas se fueron convirtiendo poco a poco en trece amigos. Y es que entrenar es importante, pero no es lo único. El grupo por encima de las individualidades resultó decisivo en la victoria de Valverde y ese tiempo juntos y alejados de los focos fue la clave para ello. Así fue como una historia que comenzó en las faldas de Sierra Nevada terminó en las de los Alpes con una medalla de oro.

 

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