Un hacha del deporte

El nuevo juego de moda es el lanzamiento de esta herramienta. Madrid y Barcelona tienen ya sus propias salas. «Libera la rabia que llevas dentro», dice una jugadora

ANTONIO PANIAGUA

Nada más entrar se oyen trallazos. Es el golpe contundente de la cuchilla al clavarse en la tabla. El Hachazo es la primera sala abierta en España para practicar un deporte insólito, pero que arrasa en EE UU y Canadá: el tiro con hacha. Solo en el segundo país hay 150.000 aficionados a este entretenimiento. Es como el lanzamiento de dardos pero a lo bestia. No tiene mucho intríngulis, solo hay que lograr que el filo muerda la madera y se incruste en la diana. Como en casi todo, más vale maña que fuerza. Se puede ser un cachas y a la vez un perfecto inepto. En cambio, un esmirriado lleva las de ganar si ejercita bien sus destrezas. «En los cuatro meses que llevamos abiertos nunca se ha producido un accidente. A lo sumo, desprendimientos de astillas», dice Vincent Benac, quien junto a Adrien Cabrol, es uno de los dos socios que regentan el club, emplazado en la calle Narciso Serra, en el madrileño barrio de Pacífico.

Es pronto para evaluar si el negocio tiene éxito, pero si prospera los dos franceses incorporarán a un tercer socio, Constant Esteban, para abrir sendas salas en Zaragoza y Valencia. En Barcelona hay otra recientemente inaugurada. Por su antigua condición de 'boy scout', Benac, de 29 años, pronto sintió la llamada de lo salvaje y la aventura: «De toda la vida Adrien y yo íbamos al campo y trabajábamos con la madera. La herramienta que más usábamos era el hacha. Si preguntas a mi madre te dirá que desde los ocho años la arrojaba contra los árboles. Sé que no está bien pero lo hice».

Vincent descubrió el juego por primera vez en París, hará un año, y quedó prendado por lo divertido que era. El cofundador de El Hachazo no considera que este deporte sea más peligroso que conducir. Ambas actividades requieren un aprendizaje y medidas de seguridad. Basta con tomar precauciones. Y Vincent y Adrien son muy estrictos en este aspecto. No permiten a los clientes llevar chanclas para evitar disgustos: no sea que la hoja corte los dedos del pie; tampoco pueden usarse alpargatas. El calzado debe ser cerrado, de modo que el pie quede protegido. Por añadidura, el consumo de alcohol está prohibido, hasta el punto de que los dueños se reservan el derecho de admisión. Si aprecian en un jugador embriaguez o síntomas de haber tomado drogas, se le expulsa sin miramientos. Es más, los dueños de El Hachazo no transigen con los medicamentos que están contraindicados para manejar un coche: ansiolíticos, antidepresivos, analgésicos opioides y cualquier sustancia que altere la visión, provoque somnolencia, vértigos, mareos y desmayos. En este sentido, los gestores del establecimiento madrileño son más rigurosos que los del Barcelona Axe Throwing, el otro negocio de tiro con hacha existente en España, donde está permitida la ingesta de cerveza.

Hay alguno que llega disfrazado de vikingo y hasta quien pone la cara de su marido en la diana

Para alivio de los vecinos del edificio, el local está insonorizado. El golpe seco de la herramienta repetido machaconamente contra la diana, a cuyos pies se amontonan las esquirlas de madera, puede sacar de quicio a cualquiera. Nada más entrar al local, se observa un escaño como el que ocupa el rey Joffrey en 'Juego de tronos'. En vez de las espadas fundidas en el respaldo, la rudimentaria poltrona aparece adornada de palos afilados. En el suelo una piel de vacuno da un aire rústico al local.

El tiro con hacha se realiza dentro de un habitáculo cubierto por alambre de acero. Hay seis dianas y hasta 24 jugadores pueden ejercitarse simultáneamente. Beatriz y Javier, de 26 años los dos, vienen por primera vez a El Hachazo. Se enteraron por Facebook de la existencia del club y han venido a adiestrarse en el arte de hacer puntería a la manera de los indios con el 'tomahawk', aunque con intenciones nada belicosas. «Él me llevó al tiro con arco y yo le he traído al tiro con hacha. Me gusta más que lanzar flechas. Liberas la rabia que llevas dentro y te quedas tranquila». Para Javier ha sido una sorpresa en toda regla. «No estamos aquí por ninguna celebración ni nada por el estilo. Mola más que los dardos», asegura. Al final de la partida, la ganadora es Beatriz por un solo punto: 20 frente a 19.

Las hachas de Pilar Rubio

Es muy frecuente que a El Hachazo se vaya para festejar cumpleaños, despedidas de soltero o simplemente divertirse con los amigos. También es visitado por compañeros de trabajo cuyos jefes quieren ejercitar las dinámicas de grupo y ver cómo interactúan los empleados entre ellos.

Una gran amante del uso del filo con fines recreativos es la presentadora, actriz y modelo Pilar Rubio. Cuando fue invitada a 'El Hormiguero', hizo toda una exhibición de cómo clavar la herramienta en el tablero. «Sabe lanzar dos hachas a la vez, una en cada mano. Es muy buena. Sus hachas están aquí guardadas», revela Vincent, quien abre un armario para enseñar un variado muestrario de armas arrojadizas. «Las maneja todas bien. Las suyas están muy afiladas», apunta.

El club está bastante concurrido de friquis. «Hay gente que viene disfrazada de vikingo, de legionario... e incluso hubo uno que llegó con una armadura que pesaba lo suyo», explica el dueño. Una mujer, deseosa de ahuyentar pesadillas, colocó una foto de su marido en el centro de la diana. En verdad, a la chica le sentó estupendamente partirle la cabeza, de forma metafórica, a su cónyuge. Benac muestra en el móvil un vídeo donde se observa a la competidora muy entusiasmada al hacer blanco.

En el local se emplean hasta ocho tipos de hachas distintas. Las hay de doble filo; ligeras, que pueden tirarse con apenas dos dedos; pesadas, que se arrojan con las dos manos; con la empuñadora de cuero, de hoja muy curva o la estándar, que puede adquirirse en una tienda de bricolaje. «No hay que tener miedo, pero sí ser consciente del daño que puedes generar», aduce Vincent Benac. Con el fin de evitar incidentes, se mantiene un respeto escrupuloso del espacio. El suelo está pintado de líneas rojas que el acompañante del jugador no puede cruzar cuando el otro está lanzando.

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