Garabandal sigue vivo

Las visitas. Los viajeros no dejan de llegar desde todas las esquinas del mundo. Un alto en el camino permite visitar la capilla antes de llegar a la zona de los pinos./
Las visitas. Los viajeros no dejan de llegar desde todas las esquinas del mundo. Un alto en el camino permite visitar la capilla antes de llegar a la zona de los pinos.

Medio siglo después de que cuatro niñas aseguraran que la Virgen se les aparecía, su historia -y el fervor que despertó su testimonio- continúa sumando seguidores

IRMA CUESTA

A simple vista, San Sebastián de Garabandal no tiene nada de particular. Antes de entrar en el pueblo, la escultura de una mujer mira a los montes rindiendo homenaje a las madres de quienes, hace más de un siglo, emigraron buscando el sustento lejos de este valle de Cantabria que se recuesta en las faldas de Peña Sagra. Es necesario perderse por sus calles empinadas para darse cuenta de que hemos llegado a un lugar muy particular. No solo porque decenas de cruces e imágenes de la Virgen decoran sus portones, porque cada tarde las campanas siguen sonando recordando a los muertos o porque, en una España cada vez más incrédula y atea, aquí cada mañana se celebra misa y rosario. Un paseo de media hora da al visitante la oportunidad de cruzarse con una familia madrileña, otra alemana, un grupo de portugueses que ha llegado para pasar una semana, dos chicas camerunesas... viajeros de todos los rincones del mundo que se juntan en este lugar perdido entre montañas arrastrados por la fe o, simplemente, la curiosidad. Que la Virgen decidiera aparecerse a María Dolores Mazón, Mari Cruz, Conchita y Jacinta González en varias ocasiones entre 1961 y 1965, no sólo dejaría a aquellas niñas estupefactas, también cambiaría para siempre el curso de la historia de la aldea. Desde entonces, miles de personas de todo el mundo tienen en San Sebastián de Garabandal su referente espiritual por más que la Iglesia Católica, más o menos abiertamente, siempre haya defendido que nunca ha constatado «la sobrenaturalidad» de aquellos hechos.

Con mayor o menor intensidad (hubo épocas en las que decenas de autobuses se agolpaban en la entrada del pueblo), los peregrinos no han dejado nunca de llegar. Estos días, aseguran, muchos de ellos lo hacen animados por la película 'Garabandal: solo Dios lo sabe', estrenada a principio de año, que ha tratado de reflejar lo que sucedió hace ya casi sesenta años.

«Aquí nunca ha dejado de venir gente, pero es verdad que hay épocas en la que la cosa, por una razón u otra, se anima especialmente. Es probable que esta vez haya sido la película, porque hacía tiempo que no teníamos tantos visitantes españoles», dice María, la mujer que atiende tras el mostrador de uno de los tres establecimientos dedicados a la venta de artículos religiosos. Prima de Conchita, una de las niñas a las que, supuestamente, la Virgen habló en varias ocasiones, explica que todo aquel que llega a Garabandal lo hace empujado por algo, y que ninguno de los que en el pueblo vivieron aquellos acontecimientos tiene duda de que fue real. «Cualquiera que lo hubiera visto de cerca se daría cuenta de que estábamos ante algo sobrenatural. Era imposible que aquellas niñas, con la inocencia de entonces, fueran capaces de inventar algo así, y mucho menos reproducir unos mensajes que hoy, más de 50 años después, siguen de plena actualidad».

Tanto María, como el padre Ricardo Figueiredo, un sacerdote de sotana marrón que ha llegado de Lisboa la noche anterior con un amigo y parte de su familia, nos señalan la calleja y la zona de los pinos como imprescindibles para entender de qué están hablando. El padre, cuando le preguntamos qué hace allí si la Iglesia no ha respaldado las apariciones, nos dice que la historia le ha llamado la atención, que ha querido conocer el lugar y que nada más llegar se ha dado cuenta de que la devoción de las personas con las que se encuentra es auténtica. «Pero es verdad, la Iglesia se lo sigue pensando. Oficialmente el término es 'no consta'».

La ascensión hasta la famosa zona de los pinos es en sí misma una sucesión de prodigios. Nada más entrar en la calleja, una placa informa al visitante de que allí se apareció por primera vez a las niñas el Arcángel San Miguel el 18 de junio de 1961. Y sólo hay que avanzar unos metros para encontrar el lugar de otros encuentros con el Sagrado Corazón de Jesús y con la Virgen. Luego, una suerte de vía crucis va llevando al viajero hasta la meta. Antes, más o menos a la altura de la cuarta estación, una capilla dedicada a María, con el texto de los mensajes que envió a las niñas grabados en mármol, invita a hacer un alto en el camino.

En el primero de los mensajes, del 18 de octubre de 1961, aconseja ser buenos, ir a misa y hacer penitencia, y desliza una metáfora amenazante: «Ya se está llenando la copa». En el segundo, del 18 de junio de 1965, el tono es mucho más duro: «Antes la copa se estaba llenando, ahora está rebosando». Dice también que no se han cumplido sus indicaciones ni se ha dado a conocer su mensaje, y carga contra cardenales, obispos y sacerdotes - «van muchos por el camino de la perdición»-, aunque finalmente ofrece esperanza para todos y perdón.

Guadalupe, que es de Madrid y ha venido para conocer el lugar con uno de sus hijos, asegura que deja Garabandal impresionada y que volverá. Nos acompaña durante una parte del camino hasta que llegamos al pinar en el que un árbol central dedicado a la Virgen es el centro de atención. A su alrededor, los visitantes van sentándose y arrodillándose. Se reza el rosario. Primero, en portugués; luego, varias familias españolas toman el relevo y lo hacen en castellano. La mayoría de los que están allí les acompaña, otros encienden velas o se sientan a la sombra y rezan en silencio.

Personas como Ana de León, una puertorriqueña que después de vivir durante 15 años en Florida, y de rogar a la Virgen cada Navidad que le diera la oportunidad de instalarse aquí, hace dos años que cumplió su sueño. «Sentí una llamada muy especial y finalmente pude hacer las maletas, alquilar una casita e instalarme. Desde que llegué soy feliz», dice señalándonos la casa de la esquina en la que desde hace tiempo viven unos australianos, otra en la que se han instalado una pareja de ingleses y un caserón a lo lejos que unos holandeses compraron hace años. Personas que han ido poblando un lugar en el que apenas queda una treintena de vecinos nacidos en Garabandal.

La realidad es que hoy el pueblo está animado. Quizá no tanto como en abril de 2002, la última vez que se produjo una avalancha de peregrinos realmente seria. Entonces, nadie sabe exactamente cómo, una serie de mensajes difundidos a través de Internet por un grupo de seguidores belga llevó a pensar, a quienes creen firmemente en la Virgen de Garabandal, que en la tarde-noche del jueves 11 de abril ocurriría un milagro.

Ese día, desde primera hora de la mañana, decenas de creyentes de muchísimos lugares del mundo se agolparon en el pueblo a la espera de que la Virgen volviera a dar señales de vida. Pero nada.

 

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