«Él me decía que no lo contara»

La periodista Nieves Herrero, en una imagen de hace ocho años. :: MONTSERRAT T. DíEZ / efe/
La periodista Nieves Herrero, en una imagen de hace ocho años. :: MONTSERRAT T. DíEZ / efe

Nieves Herrero confiesa que de niña sufrió abusos sexuales. Él era un amigo de sus padres. «Hay manos de plomo que pesan en el alma»

A. PANIAGUA

Detrás de la imagen risueña de la periodista Nieves Herrero se esconde un episodio traumático. De niña un amigo de sus padres la sometió a abusos sexuales. «Dicen que no se tiene memoria y conciencia de las cosas hasta los cinco años, pero yo recuerdo todo aquello perfectamente. El cerebro no te engaña y te lo recuerda. Hasta que prefieres olvidarlo para evitar el daño», asegura Herrero en una entrevista al diario 'Público'.

Dicen que el tiempo todo lo cura, pero para este icono de la televisión y la radio el tópico encierra una mentira. Nieves Herrero se ha decidido a desvelar lo ocurrido porque de esta manera aligera el peso de la conciencia y contribuye a atajar un problema social que es preciso erradicar de cuajo. Además, ya no inflige un sufrimiento innecesario a sus padres, que han desaparecido. Su acosador enseguida fue expulsado del círculo familiar en cuanto la niña contó lo sucedido a sus progenitores. Se quedaron perplejos, entre incrédulos y furiosos. «De ese amigo, que por supuesto dejó de serlo en cuanto mis padres se enteraron, recuerdo sus manos y sus cosquillas. Sus cosquillas que no tenían que existir porque llegaban donde no tenían que llegar. Eran manos de plomo, manos que pesan. Desde entonces siento que hay manos de plomo que pesan en el alma».

Lo acontecido lo ha guardado en «un cajón» para poner coto al sufrimiento. Pero el inconsciente siempre tiende sus añagazas y despierta de entre los recovecos de la memoria los recuerdos escondidos. No se acuerda exactamente qué edad tenía cuando se produjo el trance, aunque debió de suceder cuando tenía entre tres y cinco años. Aún tiembla cuando echa la vista atrás. «No hay derecho a que te roben la infancia de esa manera. No hay derecho a que lo más bello del mundo que es ser niña te lo estropeen de esa forma». La presentadora de 'Madrid Directo', que emite Onda Madrid, no comprendía lo que pasaba. Pero algo inexplicable la horrorizaba. Cada vez que el abusador visitaba su casa, Nieves se escondía. «Él me decía que no lo contara a nadie. Que era nuestro secreto».

«Cada vez que se me acercaba un hombre me ponía una coraza»

Desconfianza

Esa experiencia tan amarga la mantuvo alejada de los hombres. De alguna manera se blindó contra ellos. «Cada vez que se me acercaba uno me ponía una coraza. Me acordaba de él y reaccionaba así. Me convertí en una desconfiada. No soporto cuando me cogen y noto ciertas intenciones. Me pongo a la defensiva».

Esa desconfianza le ha inducido a inculcar a sus hijas que no se fíen de nadie. Con los niños siempre está alerta; hasta ha llegado a desarrollar un sexto sentido para detectar a los desaprensivos, a «los hombres de intenciones oscuras». Pese a la adustez que destilan sus palabras, se considera una afortunada. «Yo tuve a mis padres y a mis tres hermanos que me protegieron como la hermana pequeña que era, pero hay otras historias que me revuelven y donde los niños no tienen a una familia que les ayude y les cuide y puedan seguir viviendo sin quedarse rotos para siempre».

En su propósito de sobreponerse y resistir, ha sacado fuerzas del feminismo, que le ha procurado los recursos para salvarse. «Yo llegué a esta lucha por convencimiento. En mi casa siempre vi a mujeres sabias que querían forjar su futuro. Lo vi y lo continué». Como mujer ha tenido que sufrir preguntas impertinentes.

Parece descreída, pero no ha perdido su fe en el oficio de periodista. Carmen Sarmiento, mítica reportera de TVE y autora de series documentales como 'Los excluidos' y 'Mujeres de América Latina', es el espejo en el que procura mirarse en el plano profesional.

Quiso demostrar que era capaz como la que más. Disgustada porque estando embarazada escuchó una maledicencia -el típico comentario machista de que la gestación es la excusa para no trabajar- hizo un esfuerzo titánico para desmentirlo. Se metió de cabeza en una huelga a la japonesa. «Recuerdo las piernas muy hinchadas de tantas horas que me quedaba sentada y hasta tan tarde». Se volcó tanto en el trabajo que su primer matrimonio acabó en divorcio. Quería demostrar su valía.

 

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