La colmena

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Habitáculos de tres metros cuadrados por 200 euros al mes. La primera tentativa de implantar en España estos nichos de alquiler desafía a la alcaldesa de Barcelona, que los tiene prohibidos. «No sabrán ni cuándo ni dónde los abriremos», reta el promotor

JAVIER GUILLENEA

Va ser como el gato y el ratón», proclama Marc Olivé. Y no le falta razón. En una de las esquinas, el Ayuntamiento de Barcelona. En la otra, los habitáculos de tres metros cuadrados que la empresa que dirige Olivé, Haibu 4.0, tiene previsto abrir en la capital catalana. Por doscientos euros al mes, sus inquilinos no solo tendrán derecho a cama -poco más cabe en ese espacio reducido-, sino también al uso de cocina, sala de estar, comedor y baños compartidos. Todos ellos formarán parte de una colmena, con permiso de la autoridad.

El pasado mes de agosto comenzaron a aparecer en los semáforos y farolas de Barcelona pasquines en los que se publicitaba una empresa llamada Haibu -colmena en japonés- que anunciaba la puesta en marcha de un proyecto de viviendas para residentes en la ciudad por 200 euros al mes. Los aspirantes a alojarse en alguna de ellas debían ser de entre 25 y 45 años, con ingresos demostrables de al menos 450 euros mensuales y sin antecedentes penales. Después se vio que no eran pisos en realidad, sino cápsulas al estilo de las que salen en los documentales sobre la vida superpoblada en Japón, esa especie de burbujas donde solo cabe dormir porque tampoco hay espacio para mucho más, salvo lo que dicte la imaginación.

La cápsula

El Ayuntamiento presidido por Ada Colau se apresuró a señalar que el proyecto, que no está pensado para turistas, sino para residentes, no tiene cabida en la ciudad. «Es obvio que no cumple de ninguna forma los requisitos mínimos de habitabilidad que se exigen para poder vivir con dignidad y en unas condiciones adecuadas», recalcó en un comunicado oficial. Lo cierto es que los números van en contra de Haibu 4.0, que se enfrenta con un decreto de la Generalitat en el que se especifica que una persona debe contar con al menos cinco metros cuadrados para que su paso por la vida no sea calificado urbanísticamente de sobreocupación.

Ayuntamiento de Barcelona «Si vuelven a desobedecer se les abrirá un proceso judicial» Marc Olivé Gerente de Haibu 4.0«En los hostels duermes en una litera y pagas precios estratosféricos»

Este decreto fue utilizado en octubre por el Consistorio de Barcelona para precintar un local destinado a albergar colmenas en el distrito de Sants-Monjuïc. No ha sido el único. En L'Hospitalet de Llobregat, la autoridad municipal clausuró otro, uno en el que se exponía el proyecto. «No tienen requisitos de habitabilidad ni permisos, lo que ofrecen es una infravivienda. Se les ordenó cesar en su actividad y no acataron la orden. Si vuelven a saltársela, se abrirá un proceso judicial», recalca un portavoz del Ayuntamiento de Barcelona.

Marc Olivé no se molesta en negar las acusaciones, ya que es cierto que se negó a dejar que precintaran sus locales. Tampoco le molesta que, salvando las distancias, se le compare con un atracador que anuncia el golpe de su vida, porque algo así es lo que hace. Advierte de que volverá a abrir los nichos, aunque «no sabrán ni el día ni dónde». Cuenta a su favor con la baza de que es la primera vez que en España intenta sentar sus reales una empresa de pisos colmena. Es como lo que ha ocurrido con los patinetes eléctricos, que han entrado sin previo aviso y nadie sabe qué hacer para regularlos. «Legalmente, estamos en un limbo; los pioneros son los que pagan el pato al principio, pero estoy convencido de que cuando los ayuntamientos vean que la gente ahorra dinero con nosotros y no se queda en la calle nos darán licencias para abrir locales»

A la espera de que se cumpla este presentimiento, lo que hará Haibu 4.0 esta semana es abrir en algún lugar un local a pie de calle de 150 metros cuadrados, de los que un tercio se dedicará a los cubículos, cápsulas o colmenas destinados a dejar aparcadas en sueños las estrecheces de la vida. «El resto serán zonas comunes para los inquilinos», explica Marc Olivé. Será un espacio que dará cabida a 27 personas, que pagarán entre seis y ocho euros al día y que, según el responsable de la empresa, ya están haciendo cola para alojarse. «Tenemos a 860 personas esperando», dice.

Lo que Marc Olivé no deja claro es qué ocurrirá con estos inquilinos cuando empiece la guerra entre el gato y el ratón. Según afirma, su empresa ya tiene preparado un «plan de choque» para cuando el Consistorio clausure sus locales. «Se trata de ver quién cierra y abre más rápido, es una carrera de fondo. Nosotros tenemos 17 locales preparados y un edificio de siete plantas y 450 plazas para el que hemos solicitado licencia de hostel, pero el Ayuntamiento no sabe que es para nosotros». Dicho así suena raro porque no es habitual que se dé una pista tan clara en un juego de estrategia como parece ser este, pero es lo que asegura el responsable de la empresa, que no ha dejado de salir en los medios de comunicación desde que se hizo pública su iniciativa.

«Hijos de papá»

Es al hablar de los hostels, esa mezcla de albergues, pensiones y hostales que ofrecen a los viajeros -jóvenes en su mayoría- la inolvidable experiencia de hacinarse juntos, cuando Marc Olivé se detiene para hablar del hecho diferencial de las colmenas. «En los hostels duermes en una litera dentro de una habitación que compartes con otros, y te cobran precios estratosféricos. Allí solo pueden ir los hijos de papá porque, si te fijas en los números mensuales, es hipercaro. Pero eso sí que le interesa al Ayuntamiento, por los impuestos que cobra».

Olivé esgrime otro argumento que resulta un tanto desconcertante porque recuerda a los movimientos en los que militó Ada Colau antes de ser alcaldesa. «En vez de ocupar un edificio, quedarnos dentro y montar un follón para impedir que nos saquen, nosotros hacemos al revés y lo compramos para poner las colmenas. Los inmuebles son nuestros y vamos a seguir adelante; nuestros inquilinos son mileuristas a los que intentamos ayudar porque no llegan a final de mes». Son palabras que, con algunos matices, habrían suscrito hace años los actuales ocupantes del Ayuntamiento, pero los tiempos han cambiado y son otros quienes las pronuncian. «Ninguna propuesta de los políticos en materia de vivienda funciona, y eso es algo que me fastidia. Que no vengan con lecciones de moralidad», afirma Marc Olivé en su papel de ratón. O de gato.

 

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