«Durante cincuenta años he dormido cuatro horas diarias»

- Usted colecciona arte y produce vino. He leído que gestiona sus negocios a primera hora de la mañana y tiene fama de negociador duro.

- Vivo en una casa que está en lo alto de una colina y de allí a la Universidad hay unos dos kilometros. Voy andando cada mañana y mientras hago el recorrido llamo al gerente y hablamos de los viñedos y de cómo va el negocio.

- ¿Cuántos viñedos tiene?

- Son ahora unas 600 hectáreas en cinco fincas que he ido comprando. Al último, que no quería vender, le expliqué que iba a dejarlo rodeado por mis viñedos, y eso lo convenció.

- La imagen tópica de un científico es la de alguien que siempre va pidiendo dinero a las administraciones, a fundaciones o empresas para sus investigaciones. Usted es un mecenas, es quien da dinero a la Universidad.

- Sí, quizá soy un científico extraño. Supongo que eso me puede hacer objeto de envidia, admiración, celos, no sé (se ríe). Pero le aseguro que hay otros científicos que han hecho dinero manejando con mucho acierto sus inversiones.

- También es algo así como hiperactivo. Durante muchos años ha dormido muy poco para poder hacer una jornada de trabajo interminable.

- Sí, mientras estaba en Salamanca empecé a reducir mis horas de sueño hasta que las dejé en cuatro. Durante medio siglo, eso me permitía empezar a trabajar a las seis y terminar bien entrada la noche. Cuando cumplí 70 años dejé ese régimen de sueño y ahora duermo más, unas seis o siete horas.

- ¿Ha soñado alguna vez con ganar un Nobel?

- No hay un Nobel de Biología, aunque sí de Medicina o Fisiología. A la idea original de los premios han incorporado luego el de Economía pero han dejado la Biología fuera pese a que estoy convencido de que es la ciencia predominante en el siglo XXI.

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