Cabinas sin conexión

En la Puerta del Sol, una de las 18.161 cabinas de teléfono que todavía quedan en España. :: josé ramón ladra/
En la Puerta del Sol, una de las 18.161 cabinas de teléfono que todavía quedan en España. :: josé ramón ladra

Los teléfonos públicos tienen los días contados por ser deficitarios e innecesarios. El 88% de los españoles no ha usado uno en su vida

S. ZAMORA

Aquel día salió como de costumbre con su móvil. Tenía poca batería, pero pensó que aguantaría el rato que iba a estar en la calle. Se equivocó. Cuando fue a echarle mano, el teléfono estaba apagado. Necesitaba hacer una llamada urgente y, como a la antigua usanza, buscó una cabina. Fue casi como localizar una aguja en un pajar, aunque cuando lo consiguió tuvo que armarse de paciencia. La primera no funcionaba; la segunda se tragó todas las monedas antes de que pudiera hablar con nadie; la tercera se encontraba fuera de servicio y, por fin, en la cuarta pudo realizar su llamada. «No le echamos cuentas ni nos acordamos de ellas hasta que las necesitamos; a mí me salvó la vida ese día», recuerda Ana Cisneros.

Sin embargo, estos teléfonos públicos pueden tener los días contados. El Gobierno quiere eliminar del servicio universal de telecomunicaciones la obligación de mantener las cabinas y las guías de teléfono, esos libros de consulta antaño imprescindibles en todos los hogares españoles, de los que llegaron a distribuirse casi doce millones de ejemplares en los años 90 (ahora, un escaso centenar).

Así figura en el borrador de modificación del Real Decreto 424/2005, que desde el pasado 30 de abril y hasta el próximo 24 de mayo permanece en exposición pública. Según este documento, la situación actual del sector de las comunicaciones electrónicas «permite constatar que algunas de las prestaciones incluidas en el servicio universal de telecomunicaciones van cayendo en un progresivo desuso».

Las cabinas prestan un servicio que solo responde a motivos «sentimentales», dice Telefónica

Esta propuesta del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital llega después de que obligara a Telefónica dos años seguidos, 2017 y 2018, a hacerse cargo del mantenimiento de las cabinas, en calidad de operador histórico dominante del sector y ante la negativa de sus competidores a asumir el servicio. Esto va a suponer su retirada definitiva, puesto que la compañía que preside José María Álvarez-Pallete sostiene que dos de cada tres ya no son rentables. Sin la obligación de mantenerlas hábiles, al menos 12.000 de las 18.161 que todavía existen podrían desaparecer en 2019. Y eso que en la última década se han ido eliminando cerca de 5.000 al año.

Una llamada al día

Fuentes de Telefónica reconocen que el servicio es «claramente deficitario» y solo responde a motivos «sentimentales» que marcaron una era en la historia de España. No obstante, el borrador sigue garantizando las llamadas para consultar números de abonados a personas con discapacidad visual, que disfrutarán de diez conexiones mensuales gratuitas.

El papel de las cabinas lleva años en entredicho. Desde que se instalara la primera allá por 1928 en la sala de fiestas Florida Park, en el Retiro madrileño, no dejaron de multiplicarse por toda España. A finales de los 90, cuando disfrutaban de su edad dorada y todavía funcionaban con monedas de cinco duros, había más de 100.000. Pero con el euro y el nuevo milenio todo empezó a torcerse, primero con el 'boom' del móvil y más tarde con los 'smartphones'.

La propia Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) cuestionó en varias ocasiones su viabilidad. Por razones económicas, porque mantenerlas conlleva un déficit anual de 2,7 millones, y también sociales, porque cada vez se utilizan menos. El pasado mes de diciembre remitió al Gobierno un informe demoledor, en donde alertaba de su carácter deficitario por la irrupción de la telefonía móvil. En el documento aseguraba que el 88% de la población no ha usado un teléfono público en su vida. A esto hay que sumar que las cabinas de todo el país (18.161) apenas registran unas 22.000 llamadas diarias; esto es, poco más de una por aparato.

Pero la Ley General de Telecomunicaciones, en su apartado sobre el servicio universal, obliga a la concesionaria (en este caso, Telefónica) a tener, al menos, una cabina operativa en cada localidad de al menos 1.000 habitantes, y a partir de ahí sumar otra por cada 3.000 vecinos. En cuanto a las guías, que ahora se publican por internet, solo se mandan a quien las solicita de forma expresa y se estiman en apenas un centenar las peticiones anuales.

Así las cosas, todo apunta a que estas reliquias del pasado siglo, que durante décadas permitieron comunicarse a millones de personas que no tenían teléfono en sus hogares, están condenadas a desaparecer. Algo que no contenta a todos, porque, más allá de la nostalgia que pueden producir, prestan una función para algunos «imprescindible». «¿Cómo avisamos de una urgencia si no tenemos móvil? No podemos depender tanto de él», advierte Cisneros.

 

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