Bajo el peso de la ley

Bajo el peso  de la ley

Da pena verlo, pero así son las leyes del mercado. Llegó un camión a la sede de la Policía en la ciudad filipina de Quezón, al este de Manila, y varios agentes comenzaron a vaciarlo. Sobre el asfalto quedaron desparramados decenas de bolsos de lujo, gafas de sol de las de diseño, zapatos ideados para ser admirados más que para pisar suelo y ropas con etiquetas más caras que la tela con la que están hechas. Aquello parecía un mercadillo para millonarios deseosos de emociones fuertes, pero la ilusión duró poco. Pronto apareció una tanqueta policial que comenzó a circular sobre la mercancía. Unas cuantas pasadas bastaron para destrozar 125 millones de dólares y, de paso, hacer un rasguño en la piel de un gigante sin rostro que mantiene surtidos de falsificaciones los mercados de todo el mundo.

Cada año, las autoridades de Filipinas destruyen en público una parte de los productos falsos incautados en la isla. Es una manera de dar a entender que se hace algo, aunque en el fondo todos sepan que el esfuerzo es insuficiente. Según un informe de la OCDE, en 2013 el comercio de falsificaciones ascendió en todo el mundo a 413.500 millones de euros. Desde entonces no ha dejado de crecer.

 

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