Adelantamientos peligrosos

La primera campaña televisiva de la entonces Jefatura Central de Tráfico se difundió en 1962, un año en el que los adelantamientos, junto con los atropellos, eran las dos principales causas de siniestralidad en las carreteras. Los anuncios, en los que se mezclaba la animación con imágenes reales, tenían un estilo pedagógico. Advertían sobre los riesgos de rebasar la línea continua, recordaban que no se podía adelantar en curvas sin visibilidad ni en cambios de rasante y explicaban que al adelantar la distancia entre el coche y una moto debía ser de metro y medio. El mensaje central era: «Los adelantamientos son peligrosos. Adelante con seguridad y facilítelos con cortesía».

En 1985 murieron 4.903 personas en accidentes de tráfico. Tres años después los fallecidos fueron 6.348. Para tratar de frenar esta escalada se recurrió a una ardilla que interactuaba con seres humanos a los que les recordaba con un tono jocoso que tenían que ponerse el cinturón de seguridad o circular con casco si viajaban en moto. «¡Ojo, te lo dice un amigo!», repetía la ardilla en cada uno de los anuncios. La campaña gustó a los niños pero, al igual que las anteriores, no detuvo la sangría. En 1989 las carreteras se cobraron la vida de 7.188 personas, una cifra que ya no se ha vuelto a superar. Hasta ese momento los mensajes de la DGT oscilaban entre la pedagogía y el humor o recurrían a famosos como Stevie Wonder, que en 1985 había popularizado el 'Si bebes, no conduzcas'. A partir de entonces los anuncios cambiaron.

Una jarra de cerveza estrellándose contra el suelo, un par de nueces partidas o una bala simbolizaron en 1990 los efectos de una conducción temeraria. La violencia de un accidente ya se intuía, pero en 1992 se dejó ver explícitamente por primera vez. La campaña 'Las imprudencias se pagan' tuvo una gran repercusión social y abrió el debate sobre la necesidad de utilizar recursos tan impactantes. A modo de documental, se mostraron imágenes 'reales' de los dramáticos momentos posteriores a un accidente. Un año después la campaña se retomó con el lema 'Al final, las imprudencias se pagan'. Los anuncios, que mantenían un tono trágico elevado hasta la lágrima por la música del 'Adagio' de Samuel Barber, revelaban lo que había ocurrido con los personajes marcados por el accidente del año anterior.

En 1993 murieron en las carreteras 364 personas más que el año anterior (6.378 en total) pero la línea dura se mantuvo en los anuncios. Con algunos repuntes, la cifra de fallecidos en carretera comenzó a descender hasta situarse en una media de unos 5.600 al año. La DGT siguió difundiendo testimonios reales e imágenes de atropellos y colisiones. En 1995 se mostraron los efectos colaterales de los accidentes sobre la familia de los afectados con el lema 'Cuando se comete una imprudencia muchos inocentes pagan por ella'. Un año más tarde se puso en marcha la campaña 'La solución está en tus manos'. Los mensajes advertían sobre los peligros del exceso de velocidad y se apelaba a la responsabilidad para prevenir accidentes. Las imágenes crudas comenzaron a pasar a un segundo plano.

El fin de la estrategia dura no se reflejó en las estadísticas. En 1996 descendió el número de víctimas mortales (5.483) pero un año después volvió a subir hasta alcanzar los 5.604 fallecidos. Para tratar de revertir la tendencia se puso en marcha la campaña 'Vive', que mantuvo la línea blanda con un mensaje positivo y un gesto, la V de la victoria. Con el objetivo de generar un rechazo social a los accidentes de tráfico, una serie de personajes anónimos ofrecían su testimonio personal sobre diferentes aspectos de la seguridad vial y recomendaban ponerse el cinturón al entrar en un coche o coger un taxi cuando se ha bebido. Los anuncios no tuvieron el efecto deseado. En 1998 murieron 5.957 personas, la cifra más alta desde 1995. La DGT vio llegado el momento de cambiar de planes y se preparó para volver a la dureza.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos