El abanico celestial

El abanico celestial

FOTOGRAFÍA Y TEXTO: RAFA LÓPEZ ESCUDERO

Estamos de suerte: hoy es luna nueva y habrá un cielo más estrellado. Nos acercaremos al mar para disfrutar de él y aguardaremos a que lleguen las 22.15. Buscaremos el sur con la mirada y comprobaremos que va apareciendo una franja lechosa frente a nuestros ojos. Tomará densidad, se hará más blanquecina y contrastada y adquirirá forma de arco, un abanico celestial que nos atraerá por su magnetismo. Así nace y se alza, hermosa y rotunda, la Vía Láctea, singularmente perceptible en estas fechas.

No nos importan mucho los datos científicos, aunque sabemos que viaja a una endiablada velocidad superior a los dos millones de kilómetros por hora, que su mayor visibilidad se debe a la gran concentración de estrellas y gases interestelares, que su zona más refulgente se denomina Centro Galáctico y que, en fin, da nombre a nuestra galaxia. Conocemos también algunas leyendas: que tribus de África la consideraban como la espina dorsal de la noche ya que evitaba que el cielo les cayera encima, que los peregrinos se orientaban por ella en su ruta hacia Santiago o que los griegos pensaban que se gestó con leche materna derramada por la diosa Hera.

Podemos pensar otras cosas mientras la admiramos: que en ella habiten nuestros seres queridos que ya emprendieron su viaje. Tal vez sea una posibilidad. O no.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos