Casado señala la corrupción de etapas anteriores como causa de la fuga de votantes

El líder del PP intenta zanjar el debate ideológico sobre el lugar que ocupa su partido y asegura que sus políticas son «transversales»

NURIA VEGA

madrid. Los análisis poselectorales de la dirección del PP no apuntan a errores de fondo en su campaña del 28-A. La respuesta que Pablo Casado encuentra para el desplome de los populares en las urnas es la fragmentación de su espacio político con dos competidores como Ciudadanos y Vox. Y si hay otro elemento que, a su juicio, pesa en el electorado, no tiene nada que ver con la pérdida de la centralidad que detectan algunos barones de la formación conservadora, sino con los escándalos de etapas pasadas.

«Ha habido personas que han desconfiado del PP. ¿Por qué? Pues, según los análisis que hemos hecho, por cuestiones de hace mucho tiempo, como la corrupción. El votante no nos dice si nosotros hemos defendido la prisión permanente revisable y eso es de derechas o si hemos dicho que hay que bajar impuestos y eso es muy liberal», replicó ayer en una entrevista en Antena 3.

Hace días que el presidente del PP trata de zanjar el debate ideológico sobre sobre si el partido se escoró o no a la derecha. «Yo no sé si estamos en el centro, en el mediopensionista, en la derecha, en el centro derecha, me da igual, estoy donde siempre ha estado el PP», afirmó el viernes en un mitin en Zaragoza. En las organizaciones territoriales han buscado su propio discurso en esta campaña, uno al que imprimir mayor «moderación» y centralidad. Pero Casado niega que en su estrategia para estas municipales, autonómicas y europeas se haya producido «giro» alguno. «Las políticas liberales-conservadoras -volvió a insistir ayer- son transversales».

«Es humano»

Tampoco concedió que la presencia de José María Aznar en los mítines de antes de las generales hablara de que el nuevo PP haya abandonado el centro. «Es que yo no creo que Aznar sea más de derechas que Rajoy». Y se definió a sí mismo como una persona «moderada y templada». No encontró en sus argumentos de campaña razones para sostener lo contrario. Ni siquiera en sus acusaciones de «traición» al Gobierno de Pedro Sánchez, a quien en su día reprochó preferir aliados con «manos manchas de sangre». «Si a mí, humanamente, me indigna ver a Otegi diciendo 'voy a ser decisivo en el Gobierno' y hago un símil diciendo que los terroristas de sangre no pueden tener influencia en el Gobierno -argumentó-, es algo humano y en cualquier país se entendería».

En todo caso, ni las diferencias internas de criterio ni los resultados del 28-A han llevado a Casado a plantearse su dimisión. En primer lugar, aduce que sus antecesores llegaron al poder al tercer intento. Y tampoco cree que la campaña que ha vivido haya sido «limpia». Algunos de las polémicas -como la que surgió sobre las mujeres inmigrantes que den a sus hijos en adopción o el salario mínimo interprofesional- eran, volvió a incidir, 'fake news'.

También reprochó a Ciudadanos el haber «invertido mucho dinero» en criticar a los populares en campaña con «vídeos» y mensajes de Whastapp. Y advirtió a sus votantes de que tanto los liberales como Vox «plagian» el programa del PP.