Trump apenas daña el comercio chino

A pesar de la guerra arancelaria, las exportaciones chinas se disparan y el superávit logra un nuevo récord

ZIGOR ALDAMA PEKÍN.

Los datos del comercio exterior chino son un sonoro puñetazo en el rostro de Donald Trump. Porque, de momento, los aranceles que ha aprobado para dañar las exportaciones del gigante asiático apenas se notan en las estadísticas. En julio, apenas cayeron un 2,5% con respecto al mes anterior. Y esa contracción habría tenido un impacto superior en el superávit que China disfruta con Estados Unidos si no fuese porque las exportaciones de la superpotencia americana a China también se redujeron en un 1,5%. Así que la escora hacia China de la balanza comercial se redujo solo un 3%. De esta forma, el saldo del comercio bilateral queda favorable a la potencia asiática en 28.080 millones de dólares.

Pero si las cifras se comparan con las del año pasado, la historia es muy diferente. Las exportaciones chinas a Estados Unidos crecieron un 11% respecto a las de julio de 2017, el mismo porcentaje que aumentaron las importaciones. No obstante, si Trump cocina a fondo los datos, puede colgarse una medalla: el ritmo del crecimiento de las exportaciones chinas en base anual cayó el mes pasado 1,5 puntos porcentuales y las importaciones americanas a China crecieron un 2%.

En cualquier caso, es un avance muy poco relevante. Porque, mientras Trump saca la artillería de los aranceles, el comercio chino con el resto del mundo continúa su tendencia al alza. Según los datos de Aduanas publicados ayer, en los primeros siete meses del año ha aumentado la nada desdeñable cifra del 8,6%. En total, el comercio exterior del Gran Dragón en lo que llevamos de 2018 se sitúa en 2,45 billones de dólares. Y, por si fuese poco, China cada vez compra más al mundo y le vende menos: sus importaciones crecieron un 12,9% mientras que las exportaciones solo se expandieron un 5%. Eso resulta en una notable reducción del 30,6% en su superávit comercial. La balanza se va equilibrando de forma natural gracias al impresionante aumento del consumo interno en China, del que tiran las pujantes clase media y alta.

Son datos que demuestran lo errónea que es la estrategia de Trump. Mientras él solo consigue reducir el superávit del gigante asiático en un 3%, el mundo multiplica por diez ese porcentaje. Es más, los aranceles que China aprueba en represalia dañan las posibilidades que las empresas estadounidenses tienen de venderle productos y servicios al país que se está erigiendo en el mayor comprador del mundo. Ayer Pekín aprobó un impuesto del 25% para productos estadounidenses valorados en 16.000 millones.

Es la respuesta a los aranceles que Washington impuso el pasado 23 de julio a productos chinos con un valor similar. «Esta es una práctica muy poco razonable», dijo el Ministerio de Comercio. Y sin duda lo es, porque los aranceles que se lanzan las dos principales economías mundiales parecen un juego de niños enfurruñados que no son conscientes de las consecuencias de sus actos.

En cualquier caso, los economistas aseguran que habrá que esperar a que todos los aranceles estén en vigor para poder vaticinar el alcance que tendrán. «Van a doler en China. En un primer momento son como un mordisco, pero no muestran todo el daño que hacen. Las estadísticas de agosto, septiembre y octubre ofrecerán pistas mucho más fiables», afirmó Iris Pang, economista de ING en Hong Kong, al diario South China Morning Post. Otros opinan que EE UU tiene difícil salir victorioso porque su dependencia de China es mayor. Mientras las empresas chinas tienen más fácil encontrar proveedores alternativos, no sucede lo mismo al revés. Multitud de componentes, sobre todo tecnológicos, solo se fabrican allí. Y eso puede repercutir en la inflación de Estados Unidos. Al final, los aranceles pueden terminar convirtiéndose en un bumerán para Trump.

Pero parece tener muy claro que, si tiene que morir, morirá matando. Ha anunciado su intención de gravar productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares y, si es necesario, extender los aranceles a todo lo que Estados Unidos compra en el país de Mao. «Ante las amenazas que vienen del exterior, creemos que el Gobierno chino se centrará en la demanda interna para estabilizar el crecimiento económico», vaticinó el economista de Nomura, Lu Ting, en una nota. Al fin y al cabo, lo que Trump no tiene y China sí son 1.400 millones de habitantes.

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