El Banco de España saca a la luz 19 millones de tarjetas de débito en manos de clientes

Un hombre utiliza una tarjeta bancaria. /Efe
Un hombre utiliza una tarjeta bancaria. / Efe

Los pagos instantáneos son ahora mayoritarios, a pesar de las campañas de la banca por implantar el crédito, tras un cambio de cálculo del supervisor

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

De las dos tarjetas que tiene ahora mismo en su cartera, ¿cuál es de crédito y cuál de débito? Incluso si solo dispone de una, ¿sabe de qué modalidad se trata? Pocos ciudadanos se hacen esta pregunta, salvo que su banco les cargue una comisión o una liquidación periódica con intereses o les inste a cambiar de tipo de plástico con el que paga habitualmente sus compras.

La pretensión de las entidades financieras por extender el uso de las tarjetas de crédito, con las que obtienen mayores ingresos, ha chocado de bruces con la realidad. Cuando parecía que ese tipo de pagos se habían hecho mayoritarios entre la clientela, el Banco de España ha clarificado cuántas tarjetas hay activas y, de forma inesperada, ha revelado que el débito gana la batalla a los pagos fraccionados. Y de calle.

En su última revisión de los datos de medios de pago, actualizada a mediados de junio del año pasado, el supervisor contabilizó algo más de 82 millones de tarjetas de todo tipo en manos de los ciudadanos. De esa cantidad, casi 46,3 millones eran de débito, lo que representa un 56% del total. La cifra no resultaría llamativa si no fuese porque seis meses antes solo había teóricamente 27 millones de tarjetas de este tipo, un tercio de las disponibles ahora.

Por el contrario, el conjunto de tarjetas de crédito en vigor contabilizadas por el supervisor hasta mediados del año pasado era de 35,7 millones de plásticos, algo más del 40%. Un semestre antes, habían acumulado más de 52 millones de unidades representando más de un 60% del conjunto de tarjetas.

El resultado de esta actualización ha supuesto que la modalidad del débito, venida menos en los años de la crisis y sin ser capaz de aumentar el número de tarjetas en vigor en los ejercicios de la recuperación, aparece de repente como la opción mayoritaria de los ciudadanos. En concreto ha pasado a acumular 19 millones de plásticos más, desde los 27 millones de finales de 2017 hasta los 46,3 millones actuales. En el caso del crédito, se ha dejado por el camino más de 17 millones de unidades que parecen haberse esfumado de forma repentina.

Sobrestimación del crédito

¿A qué se debe ese salto tan repentino y cuantioso en apenas seis meses? Básicamente, por un cambio en la metodología que utiliza el Banco de España a la hora de especificar cómo se encuentra el parque de tarjetas de pago español. Desde el primer trimestre del año pasado, el supervisor modificó los criterios seguidos para la desagregación del número de tarjetas con función de débito o crédito. Hasta esa fecha, eran las redes (Servired, 4B y Euro6000) las que proporcionaban a la institución «un número estimado» de una modalidad y otra, apuntan desde el Banco de España.

Lo hacían así, de forma genérica, porque «no podían determinar con exactitud el número» con una u otra función. Y lo hacían según las marcas vinculadas a los pagos a débito y de crédito, como Mastercard, Visa o American Express. El supervisor reconoce que esta forma de realizar los cálculos, con una aproximación genérica, «ha supuesto una sobreestimación de las tarjetas de crédito en detrimento de las de débito».

Ahora, el Banco de España se vale de otra estadística para afinar la realidad de los medios de pago en España. Después de la aprobación del reglamento sobre las tasas de intercambio (la comisión que paga el banco propietario del terminal de pago del comercio -TPV- a la entidad que ha emitido la tarjeta), las redes tienen ahora información «mucho más precisa sobre esta desagregación» entre crédito y débito.

Detrás de ese cambio de modelo subyacen las reticencias con las que se ha encontrado la banca a la hora de implantar las tarjetas de crédito entre sus clientes. En muchos casos, las entidades se valían de las hipotecas para incluir en sus cláusulas la obligación de que los titulares tuvieran esa modalidad de pago y la utilizaran, a su vez, como contraprestación a una rebaja en los tipos de interés. En otros casos, se ha instado a utilizar tarjetas de crédito con liquidación mensual, sin intereses. Es lo que se denominan tarjetas de débito con pago diferido. Pero los ciudadanos siguen optando mayoritariamente por el pago al contado con tarjeta, a fin de evitar descuadres en sus presupuestos domésticos, como reflejan las estadísticas.

La necesidad de generar más ingresos va también ligada a la potenciación de los pagos a crédito. Porque, tras la última revisión de la normativa en el caso de la tasa de intercambio, si se trata de un cobro fijo en euros esta comisión bordea los 0,30 euros. Y si es de crédito, la comisión bordea el 0,75%. Por otra parte, la tasa que pagan los comercios al banco por cobrar con TPV repuntó al 0,44% hasta junio de 2018.

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