El populismo italiano resucita los fantasmas griegos y vuelve a sembrar de dudas el euro

El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, en una de sus últimas comparecencias ante la prensa. :: m. brambatti / EFE/
El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, en una de sus últimas comparecencias ante la prensa. :: m. brambatti / EFE

El primer encontronazo grave entre Bruselas y la tercera economía de la Eurozona desata los nervios en los mercados

ADOLFO LORENTE BILBAO.

Tan evidente es que España no es Italia, como que Italia, ojo, no es Grecia. Esto no va de buenos y malos, de populistas insensatos frente a la cordura bruselense. Aquí está en juego la Eurozona, su futuro. Porque tan verdad es que España no es Italia, como que España puede verse muy afectada por el órdago romano. El euro es un todo, un castillo de naipes cada vez más sólido, sí, pero ni mucho menos invencible, como evidenció la tragedia griega de 2015. No, Italia no es Grecia.

Quizá nunca antes una simple coma había dicho tantas cosas. Italia es el 15% del PIB de la Eurozona (es su tercera economía tras Alemania y Francia) y Grecia, por su parte, apenas el 1,5%. Si con este exiguo porcentaje, el abismo se rozó con las yamas en varias ocasiones, con el 15%... Esta es la gran baza de Roma y Roma está apretando sobremanera de forma barriobajera, acusando al presidente Jean-Claude Juncker de borracho y a Bruselas de «fomentar el terrorismo en los mercados».

La Italia del Movimiento 5 Estrellas de Luigi Di Maio y la Liga Norte de Matteo Salvini ha decidido saltarse las sacrosantes reglas de estabilidad económica de la UE y hacerlo, además, por las bravas. ¿Por qué? Porque sí. ¿Por qué cumplir el déficit pactado del 1,6% del PIB cuando se puede dejar en el 2,4% para tener más dinero qué gastar y poder cumplir las idílicas promesas electorales que les llevaron al Gobierno? ¿Y qué más da que el país arrastre una deuda pública del 132% del PIB, que deba más de 2,3 billones de euros? Y todo ello, usando la «voluntad del pueblo» como escudo humano ante la malvada Bruselas. Que la UE se opone, más votos en las decisivas elecciones europeas de mayo. Que la UE cede, más votos por haber ganado. Si el populismo no era esto, se le parece demasiado.

«La situación es muy complicada. Hay que moverse con mucho tiento, pero dejando siempre muy claro qué hay límites que jamás permitiremos que se sobrepasen», aseguran fuentes comunitarias a este diario, que se confiesan «muy preocupadas» por la incertidumbre actual pese a «ser muy conscientes de que tarde o temprano, esto iba a ocurrir». Los fantasmas griegos del 'Grexit' han resucitado con fuerza en la Eurozona con el pseudónimo de 'Italexit'. De nuevo, el Sur. De nuevo, Italia.

Todo se parece demasiado al drama heleno, a esos meses de comienzos de 2015 en los que el otrora rebelde Alexis Tsipras llegó a Bruselas riendo y proclamando el fin de la Troika y luego, tras conocer qué significa la UE y comprobar que la realidad nada tiene que ver con un mitin, reculó hasta límites insospechados proclamando amor eterno a la Troika y a todo lo que significase mantener a Grecia en el euro.

Juncker dice basta

El primer gran encontronazo de cierta gravedad entre Roma y Bruselas se vivió esta semana provocando fuertes tensiones en los mercados y resucitando las dudas sobre la temida reversibilidad del euro, la misma que comenzó a cobrar forma la madrugada del 11 de julio de 2015, cuando Alemania puso negro sobre blanco la posibilidad de que Grecia saliese del bloque único aunque fuese de forma temporal y garantizando una hipotética vuelta. No ocurrió. ¿Y ahora? «Es algo que ni siquiera se menciona de forma informal. Es algo tan grave que es mejor ni mentarlo», apostillan estas mismas fuentes.

El momento cumbre de la crisis se vivió el lunes por la noche, tras finalizar el Eurogrupo que se celebró en Luxemburgo y que todos los países, del Norte y del Sur, usaron para decirle a Roma que 'así, no'. Además, desde Friburgo, Juncker adoptó el rol de 'poli malo'. «No me gustaría que, tras haber sido capaces de superar la crisis griega, acabemos con la misma crisis en Italia. Si quiere un trato especial, eso significaría el fin del euro. Hay que ser muy estrictos», zanjó.

Al día siguiente, la prima de riesgo escaló hasta los 305 puntos, máximos de hace seis años. Aquel día, la griega cerró en 388. Ojo. La Liga Norte siguió gritando, pero casualidades de la política, el primer ministro, Giussepe Conte, salió en público para ratificar su apuesta por el euro y anunciar otros objetivos de déficit más acordes con Bruselas pese a que Di Maio había dicho horas antes que «no cederían ni un milímetro».

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