Estados Unidos y China inician la gran guerra comercial con los primeros aranceles recíprocos

El presidente de EE UU, Donald Trump, durante un acto político en Great Falls (Montana) esta semana. :: j. roberts / reuters/
El presidente de EE UU, Donald Trump, durante un acto político en Great Falls (Montana) esta semana. :: j. roberts / reuters

Ayer entraron en vigor las tasas de Trump a China y el Gran Dragón responde con la misma moneda en una espiral que acabará por afectar a la UE

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

Que sí, que no. Donald Trump ha pasado meses deshojando la margarita de los aranceles a los productos chinos. Después de tres rondas de negociaciones, finalmente, ayer fue que sí. Estados Unidos comenzó a gravar con una tasa del 25% un total de 818 productos chinos -sobre todo del sector tecnológico- cuyas importaciones en la superpotencia americana tienen un valor de 34.000 millones de dólares. Pocas horas después, China respondió con otra andanada tarifaria: activó aranceles del mismo porcentaje para 545 productos -sobre todo del sector agroalimentario- cuyo valor es similar al de las exportaciones chinas afectadas.

El objetivo de Trump es doble: reducir en 200.000 millones de dólares el enorme déficit comercial con China -calculado por Washington en 375.000 millones y por Pekín en 275.000- y proteger a las empresas estadounidenses de la transferencia tecnológica a la que les obliga Pekín y con la que luego las empresas chinas, siempre según el presidente americano, compiten de forma desleal en el mercado global.

Desafortunadamente para Trump, los aranceles no parece que vayan a causar efecto, porque Pekín responde con las mismas armas. Es más, China ataca al sector agroalimentario de EE UU, del que vive buena parte de los votantes del exmagnate. «China no disparará la primera bala, pero, inevitablemente, se verá forzada a responder para defender los intereses de la nación y del pueblo», había advertido el Ministerio de Comercio. «También elevaremos nuestras quejas a la Organización Mundial del Comercio», avanzó.

Trump no esconde ya que el mercado se encuentra solo ante una primera oleada de proteccionismo

Trump ya había avisado de que la OMC le trae sin cuidado, y también había adelantado que la primera oleada de aranceles podría ser solo eso, una primera oleada a la que seguirán más. De hecho, señaló que está dispuesto a gravar productos por un valor de hasta 200.000 millones si Pekín se empecina en pagar con la misma moneda. Y no parece que le vaya a temblar el pulso, aunque la mayoría de las grandes empresas americanas está en contra.

Un problema añadido de este rifirrafe entre las dos principales potencias del planeta es que puede tener graves consecuencias en el resto del mundo. «Estas decisiones amenazan las cadenas de proveedores y de valor globales, pueden dañar la recuperación, van a provocar inestabilidad en los mercados y afectarán a multinacionales y a consumidores inocentes», concluyó el Ministerio de Comercio chino.

Sufrimiento global

El vicepresidente de la Cámara de Comercio Europea en China, Carlo D'andrea, puso como ejemplo práctico un cepillo de dientes eléctrico: «Algunos tienen hasta 37 componentes distintos, que se diseñan y fabrican en diferentes países y que se ensamblan en China». Desafortunadamente para Europa, muchas de sus empresas son suministradores de componentes y no fabricantes del producto final, razón por la que también se espera que sufran.

El verdadero varapalo se lo llevarán las empresas chinas y americanas. Las primeras ya sufren en las Bolsas del gigante asiático, en mínimos de hace dos años aunque ayer rebotaron; las segundas están preocupadas por la campaña de Navidad. El comercio ya ha comenzado a hacer los pedidos para este momento crucial y, si los productos no han sido enviados todavía, el incremento en el precio puede suponer un varapalo importante que, finalmente, acabará hiriendo al consumidor.

De ahí que la inflación también sea foco de preocupación. «Hemos tratado de fabricar en Vietnam y en Indonesia, pero carecen de la infraestructura china», afirmó el consejero delegado de la juguetera MGA Entertainment. «No veo que la dependencia de China en el sector del juguete vaya a cambiar», apostilló, reflejando una extendida preocupación. El Gran Dragón también es el líder textil y fabrica innumerables componentes electrónicos vitales para numerosos sectores.

La prensa china tampoco ahorró ayer críticas a la guerra comercial iniciada por Trump. La agencia oficial Xinhua aseguró que el presidente no quiere devolver la grandeza a América, como señalaba su eslogan de campaña, «sino dejarla sola». Y que su «actitud refleja una ideología propia de la guerra fría». La cadena de televisión CGTN predijo el «fracaso» de la estrategia de Trump, y añadió que sus acciones son «la mayor amenaza para los mecanismos del comercio global» que representa la OMC. También vaticinó la destrucción de empleos en EE UU.

El último informe de la Cámara de Comercio señala que todavía queda mucho por hacer en el acceso que las empresas extranjeras tienen al mercado chino y en la eliminación de los obstáculos que lastran su expansión. Las empresas chinas, por el contrario, no sufren esas barreras cuando se instalan en Europa o en Estados Unidos, donde compiten con las mismas reglas del juego que el resto.

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