España, a la espera en un mercado en el que ha crecido el 40% en cinco años

Una fuerte ralentización de la demanda de exportación podría restar siete décimas al PIB este año, según el plan de estabilidad

D. VALERA

madrid. La guerra comercial lanzada por EE UU es un nuevo frente de incertidumbre para la economía española en un momento en el que el sector exterior es clave para mantener el crecimiento del PIB en ritmos elevados superiores al 2,5%. Y es que una de las claves de la recuperación está en la mejora de las exportaciones, que marcan récord cada mes. Sin embargo, las medidas proteccionistas ponen en peligro esta senda ascendente.

Precisamente, la relación comercial entre España y EE UU es uno de los mejores ejemplos de la evolución que ha tenido el sector exterior en los últimos años a raíz de la crisis. Así, mientras las exportaciones españolas a EE UU en 2012 alcanzaban los 9.877 millones, en 2017 se dispararon hasta los 13.823 millones. Es decir, un espectacular crecimiento del 40% en cinco ejercicios. A pesar de ese avance, el saldo comercial fue negativo para España el año pasado en unos 1.400 millones.

De momento, las medidas anunciadas por Trump tienen un impacto moderado en España. En el caso de los aranceles al acero y al aluminio, la patronal siderúrgica Unesid recuerda que están en juego 400 millones en la exportación de estos productos. En las ventas de automóviles (aunque esta tasa todavía no ha sido aprobada por Washington) tampoco perjudicaría demasiado a las fábricas en España de manera directa, ya que las ventas en el mercado estadounidense solo supusieron el 1,5% del total el año pasado, según la patronal de fabricantes Anfac. En 2017, se registraron 36.764 exportaciones a EE UU, lejos de 2014 cuando alcanzaron la cota histórica al superar a 52.000 unidades, representando un 2,6% del total.

Sin embargo, el problema para el sector del automóvil en España vendría por el efecto indirecto que los aranceles podrían tener en otros países como Alemania. Y es que si la industria germana redujera sus ventas a EE UU, también limitaría sus compras a países como España. Algo que sí sería un problema porque Alemania representa el 18% de las ventas de vehículos fabricados en el mercado nacional.

Efecto dominó

Esa especie de efecto dominó es lo que más perjudicaría a la economía española. De hecho, un escenario en el que la demanda de exportaciones se redujera cinco puntos porcentuales por el impacto de las medidas proteccionistas restaría hasta siete décimas al PIB este año, según las estimaciones del plan de estabilidad enviado por el Gobierno a la Comisión Europea. De hecho, el ritmo de las exportaciones sería 3,7 puntos inferior y el ritmo del empleo se moderaría tres décimas.

El documento reconoce que la «magnitud del 'shock' estaría en parte amortiguada por el crecimiento económico en la UE». Sin embargo, reconoce que una caída de las peticiones de los socios comerciales podría darse si las medidas proteccionistas afectarán a un «elevado número de países».

De momento, España se mantiene a la espera de las decisiones que tome la UE. La postura del Gobierno saliente es actuar en coordinación con sus socios comunitarios y es lógico que el nuevo Ejecutivo socialista mantenga la mista estrategia.

 

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