EL DESEO DE HUIDA DEL 'HOMO TECNOLOGICUS'

No sé si han visto imágenes de Burning Man, el festival de la contracultura californiana que cada verano aísla en el desierto de Black Rock de Nevada a miles de hippies, artistas, festivaleros y, cada vez más, millonarios y trabajadores de Silicon Valley. Es una mezcla de Mad Max y 'rave' de música electrónica con algún toque de los conciertos sesenteros de los Grateful Dead. Pero es sobre todo la semana en la que los dueños y los domadores de los algoritmos que regulan nuestras vidas ensayan cómo sería el apocalipisis: sin cobertura ni wifi, sin camiones de la basura ni agua corriente, y con los víveres (y drogas) que quepan en el coche o la furgoneta.

El 'homo tecnologicus' es una especie que conoce mejor que nadie la torpeza, o incapacidad, de los gobiernos para resolver los problemas colectivos de la Humanidad; que cree que la solución a todas las cosas vendrá de la mano del progreso tecnológico; y que prefiere, por si acaso, idear una estrategia de supervivencia individual por si se produce un fallo generalizado del sistema. Eso es lo que se encontró Douglas Rushkoff -un conocido autor de la corriente 'cyber-punk'- cuando, hace pocos meses, fue convocado a modo de gurú y consultor por un pequeño grupo de supermillonarios.

Según contaba en julio en un artículo (que puede leerse en The Guardian o en ctxt.es), enseguida se dio cuenta de que sus preocupaciones se centraban en las opciones de supervivencia en caso de un colapso digital del planeta. ¿Qué regiones se verán menos afectadas por el cambio climático? ¿Es verdad que Google está desarrollando 'hogares' digitales para la mente de sus visionarios? Uno de ellos, ocupado en la construcción de su propio búnker, estaba obsesionado con esto: «¿Cómo conseguiré imponer mi autoridad sobre mi guardia de seguridad después del acontecimiento?»

El «acontecimiento» es, en la cabeza de muchos emprendedores tecnológicos, el eufemismo para referirse, o bien al apocalipsis (por un colapso ecológico, una revolución, un holocausto nuclear o la madre de todos los ciberataques), o bien al momento en que el homo sapiens será sucedido por una nueva especie que surgirá de la fusión del cuerpo y mente del ser humano con la inteligencia artificial. Para ellos, escribe Rushkoff, el futuro de la tecnología, en realidad, consiste en una cosa: la capacidad de huida. Por eso, dice, saben que «necesitarán vigilantes armados para proteger sus instalaciones de las masas encolerizadas. ¿Pero, con qué iban a pagarles cuando el dinero ya no valiera nada? ¿Y qué impediría a su guardia armada elegir a su propio líder?»

El relato de la reunión es fascinante. La pregunta que surge es qué implica para la realidad que estas sean las preocupaciones de quienes más recursos tienen para mejorarla. En su libro 'Homo Deus', Yuval Noah Harari lo advierte de otra manera: «Paradójicamente, el poder de la ciencia y de la tecnología puede incrementar el riesgo [de un cataclismo] porque hace que los ricos sean más complacientes».

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