El crecimiento de la Eurozona se enfría más de lo previsto por Italia

El PIB de los Diecinueve solo aumentó un leve 0,2% en el tercer trimestre, el peor dato en el último lustro

ADOLFO LORENTE

Que si enfriamiento, estancamiento, ralentización... Ponga el sinónimo que desee, pero la cosa no carbura como se esperaba. La realidad es que la Eurozona no está creciendo como se esperaba y todos las señales advierten de que no es flor de un día. Eurostat confirmó ayer que el crecimiento de los Diecinueve durante el tercer trimestre fue de sólo el 0,2%, la mitad del registrado en el trimestre anterior y el peor guarismo de los últimos cinco años. Palabras mayores.

La agencia estadística comunitaria no desgrana los datos por países, pero Italia tiene mucho que ver con estos malos datos ya que la tercera economía del euro se encuentra al borde de la recesión. Las preocupaciones también miran a Alemania, donde los índices de sentimiento industrial no son nada positivos. España, por contra y pese a sus muchos peros, sigue de locomotora.

Sobre la comparativa interanual, el crecimiento registrado en el tercer trimestre fue del 1,7%, también algo más bajo de lo esperado. En lo referido a la UE en su conjunto, el aumento del PIB intertrimestral fue del 0,3% y del 1,9% interanual.

Estos datos no hacen más que confirmar las recientes advertencias lanzadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI)en su convención anual de Bali, donde advirtió del «decepcionante» crecimiento del bloque único. Dicha alza se ha revisado a la baja este año hasta el 2%, dos décimas menos de lo previsto, y seguirá estancada en 2019 (en el 1,9%).

Mientras, la Comisión Europea (CE) ha enviado una segunda carta de advertencia al Gobierno de Italia para que envíe un nuevo plan presupuestario antes del 13 de noviembre. En él, señala, debería comprometerse a una desviación menor que la última presentada ante Bruselas.

La CE rechazó por ello el pasado día 23 el borrador italiano, en una decisión sin precedentes. Lo hizo tras confirmar que el Gobierno de Roma no tenía intención de cambiar sus cuentas, que prevén un déficit del 2,4 % del PIB e incumplen las normas comunitarias.

La Comisión alerta en su segunda misiva de que «la deuda pública italiana sigue siendo de una vulnerabilidad crucial» al superar el 131% del PIB, una cifra tan elevada que «limita el margen de maniobra del Gobierno para gastos más productivos en beneficio de sus ciudadanos». Pese a ello las autoridades italianas defienden su decisión como «difícil pero necesaria a la luz del persistente retraso en la recuperación», y no harán caso a las cartas.