EL COCHE ELÉCTRICO SE ABRE PASO

La transición hacia vehículos más «verdes» se logrará con mejores infraestructuras, no con impuestos

La presión regulatoria en materia de sostenibilidad medioambiental está forzando una transformación acelerada de la movilidad, para adaptarla a los objetivos de cero emisiones y ahorro energético. Las pautas de consumo de familias y empresas en transporte se ven condicionadas por un escenario positivo para la tecnología, pero con preocupaciones como la imposición de ideas científicamente discutibles. Por ejemplo, que un vehículo diésel siempre emite más polución que uno de gasolina, cuando los diésel que contaminan son los antiguos, mientras que los fabricados a partir de 2016 producen menos gases tóxicos.

Tenemos que asumir que esta transición presenta un coste económico elevado, del que hay que informar con transparencia a la ciudadanía y, oídos los sectores implicados, decidir la mejor estrategia. Así, la generalización de tecnologías que no están maduras entraña varios riesgos para quien compre un coche eléctrico: 1) Alta probabilidad de que quede pronto obsoleto o no cuaje. 2) Su precio es más elevado. 3) La oferta de modelos, escasa. 4) La autonomía real, muy reducida (entre 100 y 300 Km). 5) La infraestructura para las cargas y recibir servicio se halla muy limitada fuera de las grandes ciudades. También resulta incierto para los inversores, quienes, al calor de planes de negocio que prometen elevadas tasas de rentabilidad futura, depositan su dinero en start-ups y compañías muy endeudadas. Un ejemplo es Tesla, donde la evolución de las expectativas de mercado y los números reales van en sentidos opuestos.

A pesar de estos riesgos, España está tejiendo su propio mercado de vehículos eléctricos, con gran presencia de tecnología local y amplia base de consumidores que van desde los particulares hasta las Administraciones Públicas. Para incentivarlo, se han adoptado medidas mal concebidas, como el 'impuesto al diésel', que ha provocado el desplome de matriculaciones de los vehículos que lo utilizan. La criminalización de este combustible ha estimulado la demanda del coche eléctrico. Según la patronal del sector, Anfac, su matriculación ha crecido un 6% interanual en septiembre, superando las 1.000 unidades. Así, en el parque automovilístico español, compuesto por 31 millones de vehículos, hay 27.600 eléctricos.

Por comunidades, dejando a un lado Madrid por el efecto de capitalidad, los mayores crecimientos se han dado en Castilla-La Mancha, Asturias y Canarias, a un ritmo de entre el 69% y el 75% interanual. Sin embargo, estos vehículos se concentran en Madrid, Cataluña, Andalucía y la C. Valenciana, debido a su peso sobre PIB y al número de estaciones de recarga. Los menores incrementos -que, sin embargo, suponen duplicar las matriculaciones en cinco años- se registran en Murcia, La Rioja y Baleares. Esto apunta a que, conforme las infraestructuras mejoren, los coches eléctricos, e incluso el autónomo, se convertirán en una realidad madura: se prevé que, en 2030, el 25% de las matriculaciones de vehículos serán con autonomía parcial, y el 15%, con la total. Así pues, el futuro del coche es eléctrico, pero no llegará tan pronto como nos gustaría.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos