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Un bloqueo que intimida en la red

Las centrales del Minis de Arluy Logroño Iva Pejkovic, Fernanda Gritzbach y Melissa Rangel hacen el gesto de bloqueo en la red. :: /Diego Marín A.
Las centrales del Minis de Arluy Logroño Iva Pejkovic, Fernanda Gritzbach y Melissa Rangel hacen el gesto de bloqueo en la red. :: / Diego Marín A.

El Minis de Arluy Logroño se presenta en la Copa de la Reina con la mejor primera línea de la competición nacional actual

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Sólo entrar en la cancha y ver al otro lado de la red a jugadoras como las centrales Fernanda Gritzbach (1,93 metros), Melissa Rangel (1,93) e Iva Pejkovic (1,88) tiene que intimidar al equipo contrario. El Minis de Arluy Logroño ostenta la mejor primera línea de la competición, como demostró en la última jornada, en la que infligió 14 puntos de bloqueo al Avarca de Menorca. Al término del partido, el entrenador balear Bep Llorens confesó: «Hemos llegado a tener miedo al bloqueo del Minis de Arluy».

La brasileña Fernanda Gritzbach declara: «Yo no era consciente pero sé por algunas compañeras que sí, que intimidamos mucho, pero hay que ser buena también». La serbia Iva Pejkovic recuerda cómo algunas jugadoras rivales, cuando han fichado por el equipo logroñés, les han reconocido: «Nos dicen que se nos ve tan altas, tan serias en la pista, que a veces intimidamos». No obstante, para la colombiana Melissa Rangel «la altura es un complemento, pero no sólo depende de ella, también de la destreza».

Aunque las centrales son las jugadoras especializadas en el bloqueo, otras intervienen en esta misma labor, como las colocadoras y las puntas. «El bloqueo no depende sólo de nosotras, también influye la posición de las puntas y confiar en la defensa, por si pasa el balón», apunta Gritzbach. Para Rangel, la clave es «el entrenamiento previo, si no lo hay no sale nada en la cancha, y hemos trabajado bastante el bloqueo desde el inicio de la temporada; ahora que viene la Copa estamos más tranquilas, aunque al principio incidíamos mucho en él».

El bloqueo, además, es un arma de doble filo. No sólo corta la jugada de ataque del rival y puede convertirse en un punto a favor, también contribuye a minar el ánimo de las jugadoras rivales cuando se logra tapar constantemente las acciones ofensivas contrarias. Es un auténtico factor psicológico. «Somos conscientes, y después de dos o tres balones bloqueados a una jugadora nos fijamos en otra porque la colocadora no suele repetir. Eso nos ayuda mucho a seguir bloqueando», explica Gritzbach. Pejkovic, por una parte, expone que «puede llegar a desesperar, a no saber por dónde salir, eso a mí me pasa, te vienes abajo y piensas» y, por otro lado, admite: «A mí me hace más ilusión bloquear que hacer un punto de ataque, me hace crecer más».

También incide en la confianza de la colocadora, por eso los equipos hacen siempre un estudio previo de las jugadoras rivales y de las estadísticas de los equipos contrarios, para saber qué atacantes reciben más balones. «También hay algunas colocadoras que 'enseñan' a dónde van a colocar, aunque eso es más difícil de ver, tienes que estar atenta porque son milésimas de segundo», añade la brasileña. «Hay un plan de juego y una lectura del balón. No siempre aciertas, pero lo importantes es la visión de juego y el trabajo previo de saber por dónde suelen salir», explica la serbia Pejkovic.