Nadal y Djokovic llegan a la medianoche

Nadal, durante la semifinal de ayer, marcada por el larguísimo partido entre Anderson e Isner. :: afp
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Nadal, durante la semifinal de ayer, marcada por el larguísimo partido entre Anderson e Isner. :: afp

La semifinal entre Anderson e Isner, de más de seis horas y media, obligó al balear y al serbio a luchar contra el reloj

L.R./AFP LONDRES.

El tiempo es relativo, como bien intuyó Albert Einstein, excepto en Wimbledon. En Londres resulta absoluto, demoledor. Pasa y pasa y nadie se mueve, asistiendo a un espectáculo que parece no tener fin. Ayer, los damnificados fueron Rafal Nadal y Novak Djokovic, que se fueron hasta el filo de la medianoche en la disputa de la segunda semifinal del más prestigioso y clásico torneo sobre hierba. Y no había más tiempo porque la legislación del torneo, por acuerdo entre el consitorio londinense y los vecinos del barrio, no permite que se juegue más allá de esa hora. No se debe perturbar el sueño ni el descanso de los británicos.

Así, al cierre de esta edición, Rafa Nadal y Djokovic peleaban por intentar acabar el partido y no tener que retomarlo hoy, tras la disputa de la final femenina entre Serena Williams y Angelique Kerber.

En el primer set dominó el serbio, que después de romper el servicio del español pudo llegar al 6-4, con ese juego resuelto que le hizo llegar a lo más alto. Pero Nadal se entonó en el segundo, exhibiendo su panoplia de juego y su portentosa capacidad de sufrimiento y golpeo. Brillando con las derechas y con un servicio duro, logró colocar el 6-3 y retomar la iniciativa. En el tercero, Djokovic parecía diluirse ligeramente, especialmente en los tantos más peloteados. Pero se aferraba a su saque para mantener viva la emoción y la batalla. A las 23.30 horas, la tercera manga transcurría con un abiertísimo 5-4 a favor de Djokovic, pero con el reloj como auténtico árbitro para determinar que la semifinal continuará hoy.

La 'culpa' del retraso la tuvieron el sudafricano Kevin Anderson y el estadounidense John Isner. El primero se clasificó para la final de Wimbledon, su segunda en un Grand Slam, tras ganar un duelo de más de 6 horas y media en cinco sets (7-6 (8/6), 6-7 (5/7), 6-7 (9/11), 6-4, 26-24). Ambos tenistas disputaron el segundo partido más largo de la historia del torneo. El reloj marcaba 6 horas y 35 minutos cuando el 8º jugador del mundo finalizó con la resistencia del estadounidense (10º).

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