Darío busca su Promoción en el Labrit

Darío y Elordi, durante un partido del Cuatro y Medio que acabó con triunfo del riojano. :: ignacio pérez/e.c./Ignacio Pérez/E.C.
Darío y Elordi, durante un partido del Cuatro y Medio que acabó con triunfo del riojano. :: ignacio pérez/e.c. / Ignacio Pérez/E.C.

El ezcarayense se enfrenta hoy a Elordi en Pamplona por el título del Manomanista de Segunda

Víctor Soto
VÍCTOR SOTOLogroño

En Darío Gómez había despositadas muchas esperanzas. Cuando debutó a los 19 años, se veía a un delantero con una fuerza descomunal al que había que pulir un poco, sobre todo en el remate. En el momento en que tenía que demostrar, tras un brillante paso por aficionados, llegaron las lesiones. Meses sin jugar le supusieron perder comba respecto a otros jóvenes que trataban de aprovechar las siempre escasas oportunidades que se ofrecen a los pelotaris en época de formación.

Poco a poco, Darío entraba en juego, pero casi siempre algo se cruzaba en su camino para impedirle llegar a sus metas. Una mezcla de mala suerte y autoexigencia que tuvo su epítome en la final del Cuatro y Medio del 2016, cuando un Jaka soberbio le pasó por encima.

Pero el ezcarayense ha sabido lidiar con todas las desgracias mientras no sólo se forjaba como pelotari, sino sobre todo como persona. Licenciado en el Grado de Educación Física y actual estudiante de Fisioterapia, Darío tiene casi tan buena cabeza como diestra.

Eso le ha permitido superar todos los baches y afrontar hoy (17.45 horas, ETB1) la pelea por la chapela del Manomanista de Promoción ante un rival que se ha desatado como pelotari a todo frontón en este torneo: Elordi.

El delantero riojano reconoce que su carrera no está siendo fácil, pero que ya se siente un poco más veterano y seguro. «La presión que sentía al principio la llevo mucho mejor. Antes, en los días previos a un partido, no dejaba de pensar en él y me notaba más irascible. Ahora estoy más tranquilo», reconoce. El paso del tiempo le ha cambiado. «Cuando te llevas un palo tras otro aprendes a discernir lo que es fundamental. Para mí la pelota es muy importante, casi lo más importante, pero hay que relativizar todo», incide.

Ese cambio se puede confirmar esta tarde en Pamplona. Darío quiere su primer título, uno además que conlleva un premio añadido: participar el próximo año en el Manomanista de Primera. Para lograrlo, sabe cómo debe jugar. Sus armas y las de Elordi son bien diferentes. Si el pelaire es golpe y control, el vizcaíno es un delantero rematador que sufre lejos del frontis.

Cruzar bien el saque y tratar de que el de Mallavia tenga que defender de aire hasta encontrar el remate franco conforman el plan del riojalteño. «Pero todo es fácil sobre el papel, lo más difícil es llevarlo a la práctica», insiste.

El último riojano en participar en una final del Manomanista de Promoción, el también ezcarayense Gorka Esteban, subcampeón en el 2016, cree que Darío puede ser favorito. «Si juega todo lo que sabe, Elordi lo tendrá difícil», reflexiona. Pero si es el vasco el que lleva la manija, todo va a cambiar, como pudo comprobar Javier Zabala en semifinales.

Salir tranquilo, saber superar las fases de incertidumbre y nunca regalar son las claves para devolver a Ezcaray una chapela. El trabajo de Pirri, Capellán y compañía en el Club de Ezcaray volvería a dar sus frutos. Pocos merecen más que Darío un título, pero el frontón es el que manda.

Más de un centenar de vecinos de Ezcaray acompañarán a Darío en su partido más importante. La calma y un punto de suerte pueden hacer el resto para que el pelaire se convierta en el séptimo riojano en alzar este título y pueda seguir soñando con cotas mayores.