Fernando Alonso, el espartano

Fernando Alonso, durante el Gran Premio de Alemania. /
Fernando Alonso, durante el Gran Premio de Alemania.

Hockenheim fue el escenario de múltiples escaramuzas en pista, y el español estuvo involucrado en casi todas, aunque sus peleas no se reflejan en podios

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMADRID

«Nos gustaría estar peleando por posiciones de podio o más delanteras, pero es lo que toca». Así resumía Fernando Alonso la situación que atraviesa después de las últimas carreras, en las que se ha jugado el tipo por acabar en una quinta o sexta posición. El conformismo ya no se esconde, y Alonso sabe que el podio es un objetivo bastante lejano, sea el circuito que sea. Pese a que el resultado no es el deseable, en Silverstone y en Hockenheim se ha visto al asturiano no rendirse ante la evidencia. No está en condiciones de luchar de tú a tú con los Red Bull, los Williams y, ni mucho menos, los Mercedes.

Alonso está en una situación comprometida. Su profesionalidad le impide rendirse, como aquel rey espartano que miró hacia sus soldados por última vez y atacó al ejército persa en las Termópilas. Este Leónidas español picó su lanza sobre el escudo del Red Bull de Sebastian Vettel en Silverstone, y salió derrotado, aunque en Hockenheim sacó lo mejor de su defensa para resistir los envites de Daniel Ricciardo. El resultado de ambas batallas fue parecido: sexto en Gran Bretaña, quinto en Alemania. Es decir, una absoluta decepción, que genera críticas de las que, no obstante, Alonso suele salir bien parado. ¿Cómo exigir algo más a quien lo da todo?

«La carrera creo que ha sido más o menos como en las líneas últimas», se conformaba un Alonso para el que sobrevivir a todas las batallas se ha convertido en la normalidad. Con la del domingo, ya son 27 carreras sin abandonar, una racha de la que obviamente puede presumir, visto sobre todo la comparativa con su compañero Kimi Räikkönen.

El dato es tan demoledor que habla por sí mismo: Fernando Alonso ha ganado en todas las carreras del año a Räikkönen. Un contundente 10-0 en el casillero particular de Ferrari a favor del piloto español sobre el último campeón del mundo del Cavallino. Toda una declaración de cómo se encuentra la Scuderia. Alonso no se muerde la lengua ya. «Corremos con un solo coche nuevamente», dijo en Hockenheim, sobre todo tras ver cómo Ricciardo le hacía una labor de equipo impagable a Vettel, con una defensa férrea de la posición que privó de una lucha final entre Alonso y el tetracampeón del mundo. Räikkönen, por aquellas, rondaba el undécimo puesto.

El rendimiento del finlandés no es, ni mucho menos, el esperado. Ya son muchas las miradas que se dirigen al trono de Luca Cordero di Montezemolo, por aceptar el regreso de un piloto que no se adapta, que no colabora y que no suma. Encima de la mesa tenían nombres como el de Nico Hülkenberg, el único junto a Alonso que ha puntuado en todas las carreras de este 2014, o jóvenes con proyección de la casa, como Jules Bianchi. Eligieron a un Räikkönen que, pese al repunte en Lotus, sigue siendo más pasado que futuro.

Un mal coche

Y todo esto en medio de una profunda reforma que hay en Ferrari. El soldado Alonso ha visto cómo le cambiaban el general con la guerra empezada, pero las armas son las mismas. Los cambios que ha emprendido Marco Mattiacci van despacio, más por falta de tiempo que por otra cosa, y aún queda mucho para empezar a ver los frutos -si es que los hay- de esa revolución que pretende. «Sabemos los puntos débiles de nuestro coche y en todas las carreras estamos buscando mejoras que también pueden ser útiles para el nuevo proyecto que está empezando a tomar forma», afirmaba el director de la Scuderia en Alemania. Al menos tienen identificado este problema.

Sin embargo, la realidad es más sencilla: el coche no es bueno. Con temperaturas altas, con temperaturas bajas, en circuitos con alta carga aerodinámica, o en circuitos con baja carga aerodinámica. En palabras de Niki Lauda en una entrevista en El País, el F14-T es «una mierda» de coche. Una definición dura, directa pero acertada. El coche no es bueno, y nadie puede hacer nada para evitarlo, al menos de momento.

Por muchas luchas en las que se meta Alonso, pelea con una espada roma y sin filo. Para el bien del espectáculo de la Fórmula 1, ojalá que sean muchas más en lo que queda de temporada. Como los 300 del rey Leónidas I, Fernando Alonso sabe que pelea en una guerra que no puede ganar. En Hungría, este fin de semana, volverá a engastarse el uniforme, mirará lado a lado y buscará ese hueco imposible para tratar de atacar o defender la posición. No será por la victoria, salvo cataclismo de Mercedes, Williams y Red Bull por lo menos. Alonso ya sólo lucha por mantener bien alto su propio honor.