Hamilton conquista una carrera de héroes

El inglés Lewis Hamilton celebra su victoria en el circuito de Silverstone. /
El inglés Lewis Hamilton celebra su victoria en el circuito de Silverstone.

Fernando Alonso protagoniza un duelo épico con Vettel, rozando ambos los límites del reglamento, y acaba sexto

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID.

El GP de Gran Bretaña fue ayer uno de los mejores espectáculos que se han vivido en la Fórmula 1 en los últimos tiempos. Tuvo de todo: abandonos imprevistos, una bandera roja de una hora, duelos imposibles y carreras muy inteligentes, trufadas incluso con algunas sanciones y actuaciones fuera de los límites de la normativa.

El resultado final, en frío, supone que el Mundial se calienta: Lewis Hamilton consiguió la vigésimo séptima victoria de su carrera deportiva, segunda que se lleva en Silverstone -la otra fue en el 2008, y acabó siendo campeón del mundo-, gracias a un hecho inédito esta campaña, un abandono de Nico Rosberg. El alemán se quedó sin caja de cambios cuando había pasado la mitad de la carrera liderándola cómodamente, y se vio forzado a retirarse por primera vez esta temporada. Sigue líder del campeonato, aunque ahora son sólo cuatro puntos los que tiene de ventaja sobre su compañero. Hamilton, por su parte, supo controlar su temperamento cuando debía hacerlo, y el ritmo mostrado durante toda la carrera le permitió cuajar una actuación que le devuelve la alegría tras el error del sábado que le llevó al sexto puesto de la parrilla.

El podio lo completaron otros dos héroes. El segundo puesto fue para un Valtteri Bottas que salía 14º después de un clamoroso error estratégico de Williams el sábado. Por su parte, Daniel Ricciardo firmó una carrera de menos a más, en la que la estrategia jugó un papel fundamental.

La carrera comenzó con un serio susto. No se había disputado ni una vuelta completa cuando Kimi Räikkönen se salía de pista, se estrellaba contra el muro con una fuerza de 47 G's y destrozaba el guardarraíl, además de romper la carrera de un Felipe Massa, que también se veía afectado por el incidente.

Dirección de carrera decidió parar la prueba con una bandera roja, mientras los operarios reparaban la barrera metálica. Räikkönen fue evacuado en el coche médico, con dolores en el tobillo por el pisotón que tuvo que dar en el freno para evitar el accidente. Tras la reanudación, Nico Rosberg comenzó a tirar con fuerza, con Hamilton remontando desde atrás e intentando ponerle las cosas complicadas a su compañero, y con el tercer puesto en el aire.

El espectáculo, sin embargo, estaba en la zona media, y lo firmaba un hombre: Fernando Alonso. El asturiano se quitó de una tacada a Daniil Kvyat, demostrando que más sabe el diablo por viejo que por diablo, al enseñarle su monoplaza por un lado y meterle el morro por el otro. Después, sus víctimas fueron Nico Hülkenberg y Daniel Ricciardo, al que se quitó de encima por fuera de la mítica Copse. El español volaba, pero sobre su cabeza pendía una espada de Damocles. En la parrilla se había colocado su Ferrari casi un metro más adelantado de la línea amarilla de salida por un despiste, como luego confesaría. Tan claras eran las imágenes que al asturiano le endosaron un castigo de cinco segundos, que cumpliría en su siguiente parada en boxes. Tras dicha entrada en boxes se vio obligado a volver a pasar a Hülkenberg y volar.

Alonso tardó poco en quitarse a Vettel de encima. Con un coche con menos potencia, con neumáticos en peores condiciones y con notables problemas para sostenerlo en pista, el asturiano se batió a cara de perro con su viejo rival, aunque fuera por un quinto puesto. Alonso pasaba a Vettel por fuera de Copse, su lugar predilecto, pero Vettel no se rendía y comenzaba un asedio para la historia.

El español le cerraba una y otra vez la puerta, mientras el alemán se quejaba por radio de que las maniobras de Alonso eran ilegales y muy peligrosas. El de Ferrari respondía por radio diciendo que Vettel estaba aprovechando las escapatorias para intentar pasarle, algo ilegal. Más allá de los lloros mutuos, la batalla que protagonizaron hizo vibrar a todos los aficionados, incluidos aquellos que ven aburrida la actual Fórmula 1. Al final, Vettel se llevó el gato al agua al pasar a Alonso a falta de dos vueltas, aunque según el español fue con el DRS activado en una zona ilegal. Después de la carrera, ambos hablaron y zanjaron lo ocurrido en la cancha con deportividad y a sabiendas de que se volverán a ver las caras en pista. Al final, Hamilton se llevaba el -según sus propias palabras- horrible trofeo del GP de Gran Bretaña por segunda vez en su vida deportiva.