AUTOMOVILISMO

Fernando Alonso vuelve la vista hacia las 500 millas de Indianápolis

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID.

«Cuando puedo, gano, y cuando no, lo intento». Esta frase dijo Fernando Alonso a los medios presentes en Le Mans minutos después de que su compañero Kazuki Nakajima llevase a la meta de las 24 horas el Toyota TS050. La sonrisa que tenía el asturiano era mucho más elocuente que esa declaración, que no es más que la constatación de que siempre que tiene armas para lograrlo, Alonso va a pelear por ganar. Sea en Fórmula 1, en Le Mans o en las chapas si es menester.

¿Por qué lo hace? ¿Qué motivación tiene por competir en dos mundos totalmente distintos como la Fórmula 1 y la Resistencia? No es el dinero. En McLaren le pagan más de 30 millones al año, a lo que hay que sumar lo que ingresa indirectamente al poner su marca de ropa Kimoa como patrocinador. Lo hace por puro vicio. Es un enfermo de las carreras, y ahora que ya ha probado la F1, la Resistencia y la Indy, quiere ganarlo todo. ¿Volver a las 500 Millas? Lo hará, seguro, pero aún no sabe cuándo. Alonso y su equipo de confianza (su manager Luis García Abad y su amigo-asistente 'Galle') van a estudiar de cerca las ofertas que tienen sobre la mesa para decidirse por un plan deportivo de 2019. Todo está abierto: desde seguir en F1 compaginándolo con el WEC hasta junio, cuando acaba la super-temporada, hasta disputar sólo una competición, bien sea la F1, el WEC o la Indy, no sólo la 500 Millas.

En este punto entra en juego McLaren. El mismo equipo con el que va a competir esta semana en Paul Ricard, está estudiando su regreso a la Indy. ¿Qué mejor forma de convencer a Alonso para que se quede que permitiéndole cumplir uno de sus sueños y darle instrumentos para alzarse con la joya que le falta de la Triple Corona?

 

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