CULTURISMO

El músculo riojano triunfa en Pekín

Sonia Trapero posa en Pekín, en su última aventura internacional. / L.R.
Sonia Trapero posa en Pekín, en su última aventura internacional. / L.R.

La logroñesa Sonia Trapero Burgos logra la plata en el 'Pekín Proqualifier' de físico culturismo, una disciplina que en la región gana adeptos

Martín Schmitt
MARTÍN SCHMITTLogroño

Sonia Trapero Burgos comenzó en el mundo del culturismo hace más de dos décadas. Y de casualidad porque lo suyo era el judo. Desde entonces, esta mujer de 41 años alcanzó varios campeonatos de España y podiums en eventos nacionales pero con afiliación a otras territoriales vecinas ya que no existía un federación en La Rioja. Algo que gracias a su empeño y al de Javier Alonso se consiguió hace tres años. Esta logroñesa apasionada por los cuerpos moldeados y los músculos acaba de proclamarse subcampeona en la competición internacional organizada por la Federación Internacional (IFBB) junto con la Federación China de físico culturismo 'Pekín Proqualifier 2018', en su categoría bodyfitness, haciéndose con la plata entre un elenco de competidoras de diferentes nacionalidades.

Aunque supere en edad a la mayoría de las participantes con las que compite en este tipo de eventos, Sonia trata de comparecer en todos los que pueda ir, sobre todo porque a cada campeonato «el cuerpo se pone cada vez más bonito». O asumir, porque cada culturista se paga sus gastos. Y China no queda a la vuelta de la esquina.

Ya a sus 41 años de edad, la primera parte de las temporadas la utiliza para trabajar en su cuerpo, sin participar en torneos, y para preparar a las nuevas generaciones de culturistas (en La Rioja hay más de cuarenta federados).

No es la primera vez que Sonia viaja al extranjero. De hecho, el año pasado estuvo en Las Vegas. Pero nunca se había llevado una plata, como en Pekín. «Estoy super orgullosa. En veinte años nunca había estado tan orgullosa pero es que como el buen vino, cada año voy mejorando», afirmó.

A Pekín llegó muy confiada. Y fue superando uno a uno los cortes. Se veía ganadora, pero los once jueces de la competición eran chinos. Por eso, la plata que se trajo a La Rioja le supo a gloria.

La vida de un culturista es sacrificada y disciplinada. Calles como la Laurel no se encuentran bajo su radar. Sí el esfuerzo que en época de competición le obligan a conciliar el trabajo en un supermercado con el gimnasio, lugar al que llega a acudir hasta tres veces por día los siete días de la semana. «Eliges un estilo de vida para siempre. No es que puedas pasarte un día para volver al día siguiente a la dieta. Llevo toda la vida sin fritos, dulces ni excesos. No te puedes salir del camino y vas cumpliendo objetivos. Y disfruto haciendo lo que hago», sentencia.

De momento, Sonia, 'la abuela' del culturismo, no piensa en jubilarse. «Me veo en el espejo y mi cuerpo y mi cara son una preciosidad. Por eso sigo adelante», apunta entre risas.

 

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