La Rioja

RÍO2016

Juegos Olímpicos

Fracasos y Tragedias

El peor día de los Juegos

Uno de los terroristas, en una azotea.
Uno de los terroristas, en una azotea.
  • Once deportistas olímpicos israelíes fueron asesinados por terroristas palestinos durante la celebración de la competición en Múnich'72

La bandera olímpica ondea a media asta junto a la de la mayoría de países. Más de 80.000 personas abarrotan el estadio Olímpico de Múnich. Su rostro refleja emoción. Pero no están allí para admirar la gesta de ningún atleta. Ni para aplaudir un nuevo récord deportivo que ponga la frontera de los límites humanos más lejos. Su presencia es para rendir homenaje a los once deportistas olímpicos israelíes asesinados por terroristas palestinos.

La madrugada del cinco de septiembre de 1972 ocho hombres saltaron la alambrada y se adentraron en la villa olímpica. Iban vestidos como deportistas. Sin embargo, no formaban parte de ninguna delegación, sino de un grupo terrorista palestino denominado 'Septiembre Negro'. Su objetivo: secuestrar a los atletas israelíes. En la ciudad alemana participaban 20 deportistas de este país. Solo se salvarían nueve.

Los terroristas se acercaron a las habitaciones donde dormían los israelíes. Sin embargo, el entrenador del equipo de lucha, Moshé Weinberg, escuchó ruidos extraños al otro lado de la puerta de su apartamento y vio como alguien intentaba acceder a la estancia. Weinberg gritó mientras trató de cerrar la puerta. Su voz de alarma fue clave para que parte de los atletas pudieran reaccionar y escaparse. Pero el entrenador israelí no tuvo tanta suerte y fue asesinado en la pugna. Al igual que le ocurrió al luchador Joseph Romano, muerto mientras intentaba arrebatar el arma a un terrorista. El asalto se saldó con dos muertos y nueve rehenes.

La noticia se extendió rápidamente por la villa olímpica. Los secuestradores comunicaron sus exigencias a la policía alemana: la liberación de 234 presos palestinos en Israel y un traslado seguro a Egipto. Tel Aviv rechazó cualquier tipo de negociación. La situación estaba bloqueada y las autoridades alemanas deciden montar un desafortunado plan de rescate. La idea consistía en engañar a los terroristas y hacerles creer que serían trasladados a El Cairo.

El escenario elegido por los alemanes fue la base aérea de Fürstenfeldbruck. Hasta allí trasladaron en dos helicópteros a los secuestradores y rehenes. Cinco francotiradores les esperaban ocultos. Debían ser suficientes para eliminar la amenaza durante el traslado de los helicópteros al avión. Pero no fue así.

Matanza

Los terroristas se dieron cuenta del engaño al comprobar que el avión que debían coger estaba vacío. En ese momento se desató un tiroteo en el que cayeron abatidos dos secuestradores. El caos se adueñó de la situación. Los palestinos estaban acorralados y sin escapatoria. Uno de ellos lanzó una granada al helicóptero donde se encontraban un grupo de rehenes atados de pies y manos. No pudieron evitar la explosión. Otro terrorista ametralló a los israelíes que quedaban en el segundo aparato.

Los once atletas israelíes habían muerto en la operación de rescate, así como cinco de los secuestradores palestinos. Los tres secuestradores supervivientes fueron encarcelados. Serían liberados unos meses después como pago a la liberación de un avión de Lufthansa secuestrado por un comando de 'Septiembre Negro'.

La matanza conmocionó al mundo del deporte que rindió un homenaje a los fallecidos al día siguiente en el estadio Olímpico. Sin embargo, el COI decidió que los Juegos continuasen para evitar que el ataque transformara la competición. la matanza marcó unos Juegos que serían recordados para siempre por este atentado y no por gestas como los siete oros del nadador estadounidense Mark Spitz, quien por cierto, tuvo que abandonar la competición precipitadamente dado su origen judío. Afortunadamente, el ataque no apagó la llama olímpica que sigue recorriendo el mundo cada cuatro años.