VIVA LA REVOLUCIÓN

ANTONIO DE BENITO

Es evidente que había que agitar de alguna forma la previa a uno de esos partidos llamados trascendentales, casi decisivos, en el futuro inminente de la selección española de fútbol. Y el conejo que saca de la chistera el entrenador del equipo, me gusta llamar así a las personas que entrenan grupos, se llama Villa. No voy a entrar en la edad que, como todos sabemos, en un delantero, sobre todo, es decisiva en la velocidad y ejecución de movimientos, grandes armas para tomar ventaja en el campo ante cualquier defensor. Tampoco valoraré en exceso el que lleve tres años jugando en una liga menor; por supuesto, en cualquier equipo de Segunda de España es mucho más complicado meter goles que contra los Chicago Fire. Tres años sin mucha exigencia son cientos de entrenamientos sin exigencia por muy buen profesional que seas, que lo es, sin duda. Desde luego, motivos para la perplejidad los hay cuando hablamos del hambre de futbol, la ilusión, que es el motor de cualquier empresa. Claro que estará viviendo momentos muy especiales, entre la nostalgia y la citada perplejidad, aunque por supuesto que habrá mantenido conversación previa con el entrenador nacional: estoy a tu disposición. Es más sencillo siendo Villa, el mayor goleador de la mejor selección de todos los tiempos, sin desmerecer sus desmarques y remate, de los mejores que hemos tenido, pero parece una broma si vemos jugar a los Sergio León, Carlitos Soler, Borja Bastón etc. Si el premio de ser el máximo goleador de todos los tiempos de la selección y de retirarte en la menor liga Major de EEUU es volver a la selección tres años después para airear el ambiente ante el partido más importante de los últimos tiempos, créanme que habrá muchos jugadores, entrenadores, utileros, incluso algún otro 'siete0 que merecerían, igualmente, el regreso, por amor, desde luego. «Tendré que ganarme el puesto», dice Villa. Es que otros tienen que ganarse la convocatoria.

Pues nada, viva el futuro y premien el pasado. A cada tiempo, lo suyo. Y Villa siempre será recordado por eso, por sus goles, como debe ser. Por supuesto, para animar al grupo, Manolo, el del Bombo, y para un roto o descosido en el minuto ochenta y dos, vaya el partido como vaya, nos vale el Guaje, Torres, Butragueño y hasta el siete del Arcóbriga, el equipo de mi pueblo. Y para el partidazo contra Liechtenstein, también. Por supuesto... Viva Villa. Lopetegui tan pancho. ¡Viva la revolussión!