U.D. LOGROÑÉS

El sueño de un niño saharaui

Ali avanza con el balón perseguido por Zubimendi, jugador de la Real Sociedad. :: /Fernando Díaz
Ali avanza con el balón perseguido por Zubimendi, jugador de la Real Sociedad. :: / Fernando Díaz

Ali cambió un campamento en Argelia por España; el domingo disfrutó de sus primeros minutos en Segunda B

José Martínez Glera
JOSÉ MARTÍNEZ GLERALogroño

logroño. De pequeño, Ali Radjel (Argel, 18/1/1998) soñaba con ser futbolista profesional. Lo hacía mientras jugaba descalzo sobre la arena del desierto argelino en uno de los campamentos de jaimas y casas de adobe en los que habitan los saharauis. Ali debutó el pasado domingo en Segunda B con la UD Logroñés. Apenas tres minutos. «Esperaba ir convocado, pero a la vez fue una sorpresa verme en la lista», señala. Llegó a la entidad el pasado verano, después de haber pasado por diferentes equipos manchegos, madrileños e incluso lituanos. Dos son sus sueños: ser futbolista profesional, es decir, jugar en Primera o Segunda, y ser internacional con su país.

Ali llegó por primera vez a España cuando tenía 5 años. Su destino fue Galicia. La puerta se abrió a través del programa 'Vacaciones en paz', que trabaja para que niños saharauis puedan disfrutar de un tiempo en tierras españolas. «Llegué a Marín y la verdad es que me trataron muy bien», dice Ali. «España era para mí otro mundo. Un país diferente, unas costumbres diferentes... Más frío, más lluvia, más jaleo en la calles. Yo estaba acostumbrado a la calma del desierto, a jugar descalzo sobre la area y, además, estaba lejos de mi familia», reconoce.

Después de varios años dentro de este programa, su familia decidió dejar el desierto e instalarse en España. En Valdepeñas. Aquel cambio supuso también un nuevo escenario en su corta vida. «Cuando mis padres decidieron venirse a España, yo tenía 9 años. Mi padre es periodista y llegó para hacer reportajes, aunque luego hay que ganarse la vida a diario y trabajar en lo que sea. Yo vivía con mis abuelos en el desierto y fue mi abuela la que me convenció para venirme definitivamente a España. Apeló a mi futuro, pero yo quería quedarme con ellos. Al final, me convenció y vine a vivir con mis padres, aunque me acuerdo siempre de mi gente del desierto», apunta.

El extremo africano sueña con ser el primer futbolista profesional saharaui y jugar con su país

España le abrió también las puertas del fútbol. «Un grupo de amigos jugábamos los viernes. Nos hacíamos las porterías con las mochilas, al salir del colegio. Un entrenador me vio jugar y fiché por el Rayo Vallecano. Era juvenil. Había jugado en Valdepeñas, en Almagro y en Cuenca», recuerda. En Madrid pasó un año, hasta que decidió hacer las maletas e irse a Lituania, para enrolarse en el Utenis, de Primera División. En enero regresó a España, al Monzón. «El nivel del fútbol lituano es como el de Segunda B español, salvo dos equipos», indica.

Jugar en Primera sigue siendo su sueño. Convertirse en el primer jugador saharaui «profesional». «Hay alguno en Segunda B, pero no en Primera o Segunda. Y me gustaría ser internacional con mi país. Somos un pueblo olvidado por muchos. Nadie sabe muy bien qué es el Sahara, pero yo estoy orgulloso de ser sahara-ui. Me gustaría jugar la Copa de África o el Mundial. Lucho por un sueño. Nadie es más que nadie. Todos somos iguales. Hay que ser humilde en el fútbol y en la vida».

Jugadores como Zidane están en su pensamiento, aunque sabe de la dificultad del fútbol, por lo que su camino incluye también los estudios. Le gustaría ser fisioterapeuta, pero antes, futbolista. Todo sin olvidar su raíces, la de la vida en un campamento en la que no falta ni comida, ni ropa ni calzado. «Afortunadamente y gracias a la solidaridad de la gente», indica.

 

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