«Tenía siete años cuando mi padre emigró. Hizo todo lo posible por traernos a España»

Sergio Martínez

El delantero recuerda su infancia en Ghana, la llegada a España y sus primeros años como futbolista

Sergio Martínez
SERGIO MARTÍNEZCalahorra

Al poco de terminar el entrenamiento del Calahorra, un niño se acerca a Samuel Obeng (Ghana, 1997) para pedirle una foto. «A esto no estoy acostumbrado», comenta el delantero rojillo. En pocos años Samuel ha visto su vida cambiar en numerosas ocasiones. Su infancia en Ghana, cuando su padre decidió emigrar; la llegada a Gurb, un pequeño pueblo de Barcelona; los primeros pasos con dudas en el fútbol; y el salto a Segunda B de la mano del Calahorra.

-¿Qué recuerdos guarda de su infancia en Ghana?

-Tengo pocos recuerdos de allí ya que llegué a España con diez años. Vivía en un pueblo muy pequeño en el que había poca cosa. Lo que sí recuerdo es que me gustaba mucho el fútbol, como a cualquier niño, y jugaba descalzo en la arena. Ver a una persona con botas de fútbol era algo de mucho nivel. Yo tenía suerte que mi padre estaba entonces en España y empezó a llevarme balones, botas y materiales de aquí. A partir de entonces cada día jugaba más.

-¿De qué le gustaba jugar?

-Me gustaba saltar y todo eso y quería ser portero. Allí las porterías eran tres palos puestos y un día salté, me choqué con uno y se me cayó otro encima. Me hice bastante daño, cogí como un trauma y no quise seguir de portero.

-¿Qué suponía el fútbol para un niño como usted en Ghana?

-El fútbol era todo. Era lo que más movía a la gente. Recuerdo que hablábamos de fútbol pero no teníamos muchas posibilidades de ver a los jugadores. A Ronaldinho, Deco, Figo o Ronaldo no pude verles jugar porque era complicado tener una televisión en aquellos tiempos. Supone mucho el fútbol allí. Todo el mundo quería una oportunidad de venir a Europa y pensaban que en cuanto llegasen iban a triunfar, y por ejemplo jugar en el Barça. Yo también lo pensaba pero vi que no era así.

-¿Cuándo vino su padre a España?

-Tenía unos siete años cuando mi padre emigró. Tenía pocos recuerdos de él porque siempre estaba trabajando en campos y de repente nos enteramos que había llegado a España. A partir de ahí se buscó una vida mejor y empezó a mandarnos cosas. Trabajó en la construcción y la agricultura, terminando en Gurb, donde hemos vivido desde que llegamos a España. Nos contactaba siempre para decirnos que estuviésemos tranquilos y que estaba bien. Hizo todo lo posible por traernos a mi madre, a mi hermana y a mí a España.

-¿Cómo recuerda su llegada?

-El cambio fue algo que no se puede explicar. Llegué a Barcelona de noche y flipé porque vi todo lleno de luces. Las luces que no había visto en mi vida las vi en Barcelona. Estaba alucinando. Luego durante el día salimos por la ciudad y era como que estaba en otro mundo, fue algo espectacular y que llevo dentro. Por ejemplo veía a toda la gente de aquí iguales. Como cuando no nos conocéis mucho a los que somos africanos y dicen que nos parecemos. Yo pensé lo mismo al llegar aquí. Y recuerdo también el viaje en avión. No había visto uno en mi vida. La que monté para subir. Era bonito pero me daba mucho miedo, encima me habían dicho que hacían mucho ruido. Mi madre me consiguió tranquilizar y subí al final.

-¿Cuándo empezó a jugar al fútbol ya en Gurb?

-Al poco de llegar empecé a ir al colegio y allí muchos niños al salir cogían el autobús e iban al fútbol y otros deportes. Yo les veía con el chandal, los balones y sus bolsas pensando que yo también quería ir a jugar. Un día quería ir sí o sí y me subí al autobús para ir al fútbol. Me dijeron que no podía, que aún no estaba inscrito y venían a buscarme para ir a casa, pero me puse a llorar, que quería ir sí o sí y al final me llevaron a ver cómo entrenaban y a tocar algún balón. Ya mi padre a partir de ahí empezó a tratar el tema y me apuntó.

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-¿Cómo fue desde entonces su trayectoria?

-Estuve en el equipo del pueblo hasta la época de juvenil, en la que conocí a Marc, que es representante. Al final de temporada me preguntó si quería ser futbolista e ir a más, a otras categorías, otros equipos mejores... Me pidió una oportunidad porque creía que podía ser buen jugador y me comió un poco el coco porque yo no quería moverme del pueblo. Terminé en el Manlleu, al lado de casa, y me fue tan bien que recibí la llamada del Getafe, donde estuve un año y medio en División de Honor.

-¿De qué forma ha vivido su familia su crecimiento en el fútbol?

-Me han apoyado mucho pero al principio, cuando tuve que ir a Madrid con 16 años, lo veían un poco raro, dudaban de si me estaban mintiendo y temían que fuese a pasarlo mal. Justo acababa de empezar a competir. Les costó algo pero no me cortaron las alas, me dejaron ir y me apoyaron desde el principio.

-¿Qué impresión se llevó al llegar a La Rioja?

-Es otro cambio de aire. Es distinto porque comparas La Rioja y Cataluña y no tienen nada que ver. Aquí estoy muy cómodo, muy bien. Además la afición me está apoyando mucho y yo voy a intentar responder. En el partido contra la Real Sociedad C se me puso la piel de gallina por como me acogieron. Pocas veces he estado jugando partidos con la afición apreciándote y apoyando tanto. Lo agradezco mucho.

-¿Crees que su techo está en Segunda B?

-Una vez llegas a esta categoría siendo sub'23 tienes que darte a conocer, intentar hacer buenos números y tener minutos. No me conformo con quedarme en Segunda B, quiero ir a más y aspirar a lo más alto si es posible. Voy a por ello.

-¿Piensa en cómo ha cambiado su vida en tan poco tiempo?

-A veces mis propios amigos o gente cercana me dicen: 'Es que lo tuyo no lo entiendo, de hace cuatro años que estabas en el pueblo a ahora que eres alguien, eres conocido, estás en Segunda B'. Lo más importante es mantener los pies en el suelo y seguir tal y como estoy ahora, nada de ir de crecidito pensando que soy alguien porque no soy nadie ni nada.