Orgullo y cabreo

Entrega y espera. La afición ovacionó a su equipo y atendió al partido con interés y emoción./
Entrega y espera. La afición ovacionó a su equipo y atendió al partido con interés y emoción.

La grada de La Planilla impulsó a los suyos y mostró su enfado en la acción del gol

S.M.

La ilusión por recibir al líder se respiraba en La Planilla. Pero no por admiración, sino por la convicción y confianza en que el Calahorra era capaz de dar su mejor versión también ante el todopoderoso Racing. La grada contagió al equipo y viceversa. Temblaban los cimientos del fondo ante los cánticos y aplausos en los que todos los aficionados se hacían partícipes. No fue cosa de unos pocos, aunque también, los que no fallan, sino que desde una grada a otra se contagiaba ese aliento al equipo. Era un día especial y para demostrar que, como rezaba la pancarta que recibió a ambos conjuntos, «Calahorra nunca se rinde».

El impulso y la esperanza iban de la mano hasta que antes del descanso la atención se desvió a los que se convertirían en enimgos públicos en La Planilla. El primero, el colegiado, que pagó en parte las últimas decisiones equivocadas sufridas por los rojillos precisamente en su feudo y que le han llegado a costar puntos. No entendieron el penalti de Sergio Parla, que llegó además en el momento más doloros, después de un gran trabajo que estaba a punto de desembocar en esa primera recompensa de mantener el cero a cero al descanso. David Barral, que se dirigió al público tras su gol con gesto de silencio, terminó por caldear los ánimos rojillos.

Sin embargo, los aficionados, al igual que su equipo, volvieron a centrarse en el partido en la segunda mitada para luchar hasta un final de partido que tenía reservadas las mejores oportunidades. Momentos de ilusión frustrada que dio paso a una de las mayores ovaciones brindada a los jugadores esta temporada. Pese a la derrota, La Planilla recompensó a su equipo con un merecido premio.