La fortuna está más allá del límite

Andy Rodríguez protege el balón e intenta avanzar con él. /Juan Echeverría
Andy Rodríguez protege el balón e intenta avanzar con él. / Juan Echeverría

Los riojanos empatan en Lezama después de desperdiciar muchas ocasiones de gol y recurrir a Miguel para que pare una pena máxima

José Martínez Glera
JOSÉ MARTÍNEZ GLERALogroño

Lezama. La UD Logroñés empató en casa del Athletic. En otro momento, el punto hubiera sido una magnífica noticia. Sin embargo, la exigencia de la situación deja un sabor amargo porque no se tradujo en gol todo lo generado y, además, hubo que encomendarse a San Miguel en la suerte máxima, el penalti. Buen partido, regular resultado. La continuidad la debe dar el Tudelano el próximo sábado (20.00 horas) en Las Gaunas. Esos tres puntos cambian la percepción de ayer.

0 ATHLETIC B

0 UD LOGROÑÉS

Athletic B
Oleaga, Sillero, Vivian, Gorka Pérez, Rojo, Vencedor (Víctor, 45), Nolaskoain, Larrazábal (Jurgi, 85), Muñoz (Salado, 64), Iñigo Vicente y Villalibre
UD Logroñés
Miguel, Iglesias, Caneda, Bobadilla, Santos (Flaño, 13), Andy, Salvador, Víctor López (Vitoria, 79), Rubén Martínez (Ñoño, 69), Olaetxea y Marcos André.
Goles
No hubo
Árbitro
Perdeiro Puente. Colegio Cántabro. Ayudado en las bandas por Fernández y Seoane. Amonestó a Sillero y Vencedor, por el Athletic; Juan Iglesias, Caneda y Flaño, por la UD Logroñés.
Incidencias
Séptima jornada de Liga. Instalaciones de Lezama. Tarde fría y ventosa.

¿Qué hay que hacer para marcar un gol? Seguro que es la pregunta que se repetían los jugadores de la UD Logroñés al retirarse a vestuarios al término de la primera mitad. Hasta cinco ocasiones claras generaron los blanquirrojos, pero la falta de acierto, la aparición de Oleaga y la madera lo impidieron. La segunda tuvo menor potencial ofensivo y más problemas defensivos.

Sergio Rodríguez no escondió en esta ocasión el once. Trabajó con él durante la semana. Santos formó en una banda izquierda que completó Rubén Martínez, pero el zamorano se vio obligado a retirarse antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora de juego. Otra lesión muscular. Vaya siete días los últimos. Primero, Rayco; segundo, Paredes; ahora, Santos. Flaño tomó el testigo. Al margen de ese carril, el técnico se apoyó en el once que había ganado al Real Unión de Irún.

El Athletic B apostó por el juego en corto. Muchos y tediosos toques, pero era una máscara, porque en el momento que podía buscar la profundidad de sus bandas con Sillero y Larrazabal, por la derecha, y Rojo y Muñoz, por la izquierda, lo hacía. Por este flanco llegó la mejor jugada local, con centro de Larrazabal, peinada de Muñoz y remate imposible de Villalibre, que no llegó a contactar con el esférico. Si lo toca con su cabeza, hubiera acabado en las redes.

La UD Logroñés alternaba la presión alta con la espera. Santos se rompió en su primera cabalgada por la banda. Otro problema. Marcos André dio el primer aviso pasado el cuarto de hora, pero el balón se perdió por la línea de fondo. Más de uno cantó gol. La ilusión. Así comenzaba una traca silenciosa de los riojanos. Oleaga salvaba a su equipo en el mano a mano con Víctor; el riojano mandaba el balón por encima del larguero minutos después tras un error local; André encaraba a Oleaga, pero el portero sacaba la mano. Otra oportunidad, la cuarta. Lástima. Faltaba la más clara antes de preguntarse por qué, por qué no había marcado la UDL aún. Andy Rodríguez aprovechaba un balón suelto dentro del área. Lo tocaba sutilmente, con rosquita, al palo largo. Y encontró la madera. No se podía hacer más, salvo pensar en ser más finos en el segundo periodo. Sergio Rodríguez vio penalti al brasileño en esa jugada.

Hace unas semanas, el equipo riojano era previsible en su fútbol; ahora lo es menos. Su juego es más rico, pero también más limitado. Otra reinvención. Su banda izquierda carece de profundidad por la ausencia de Paredes; ayer padeció además de fortaleza defensiva tras la lesión de Santos. Flaño cogió el testigo, pero al navarro le cuesta manejar su pierna izquierda. Esa laguna la aprovecharon Sillero y Larrazabal para percutir por ese carril, pero como el fútbol siempre reserva sorpresas, el gran susto llegó por el carril de Iglesias.

La UD Logroñés controlaba el partido, pero sin llegar al área de Oleaga. No sufría el esquema defensivo local pese a la movilidad de Olaetxea y el empuje de Carles Salvador. Víctor era ya un jugador intermitente, al igual que Rubén Martínez y los laterales no se permitían alegrías ofensivas. Ahora bien, el Athletic no convertía en peligro la sensación que daba. Se perdía si no aparecía Iñigo Vicente, su mayor talento. Cuando éste tenía el balón, algo pasaba. En una de esas posesiones y tras una rápida pared con Villalibre, pesadilla para la zaga, se adentró en el área y cayó ante Iglesias. Penalti. Tenía ganas el colegiado cántabro de pitarlo. Se le veía. Y lo pitó. Velas encendidas a San Miguel. El veterano portero ganó la batalla al osado joven. Aguantó y le sacó el balón junto al palo derecho. Respiraciones profundas para recuperar la normalidad cardíaca.

Sin embargo, la gesta no alentó a sus compañeros, no les proporcionó una ración extra de adrenalina. Los problemas para llegar hasta Oleaga eran patentes. Ñoño buscó la jugada personal con un disparo del área, pero el balón se perdió por encima del larguero. En esas apareció Vitoria, último cartucho. Lástima que no tuviera pólvora. No aprovechó el error conjunto de Gorka Pérez y Vivian que le dejó en carrera hacia Oleaga. El árbitro pudo pitar al borde del área algo en esa carrera, pero ya se le habían pasado las ganas de silbar. Y poco después, tras dos quiebros dentro del área a Vivian, Vitoria no pudo encontrar el camino al gol. Ocasiones de gol, sin gol. Ocasiones sin más, entonces.

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