Ebro abajo, Ebro arriba

Mayores y pequeños, todos disfrutaron de la tarde en Tudela, aunque el final no fue el esperado./Juan Marín
Mayores y pequeños, todos disfrutaron de la tarde en Tudela, aunque el final no fue el esperado. / Juan Marín

Viaje de ida y vuelta a Tudela de la afición blanquirroja con un comienzo esperanzador y un desenlace inesperado

Eloy Madorrán
ELOY MADORRÁNLogroño

Si lo de ayer a Tudela estaba previsto que fuera un visita para disfrutar con el fútbol, nada más lejos de la realidad. Tarde de desesperación, nervios e impotencia en el Ciudad de Tudela. La afición de la UD Logroñés volvió a responder a su equipo y estuvo poniendo su granito de arena desde la grada.

Llegó puntual al campo la hinchada riojana y enseguida empezó a desesperarse. De inicio, con el primer gol del Tudelano, en un fallo colectivo de defensa y portero que Gabarre aprovecha para adelantar al Tudelano. Del pesimismo se pasó a la desesperación con el segundo tanto local. Otro balón aéreo que la UDL no sabe defender y termina en el fondo de la portería de Miguel.

No pintaba nada bien el partido y era la afición navarra la que sonreía. Sin embargo, en el último suspiro de la primera mitad Marcos André se disfrazó de mago y dio un balón de óxigeno a los riojanos sacando petróleo de un centro de Santamaría. Gol y descanso. Derrota momentánea pero con sentimiento de alegría por haber recortado distancias en una mala primera parte.

La segunda parte arrancó con polémica. Jaime Paredes solucionaba un barullo en el área navarra enviando el balón al fondo de la red de la portería de Pagola. Alegría efímera. Por un segundo la grada de aficionados blanquirrojos creyó en la remontada. Sin embargo, una conversación entre el árbitro y el auxiliar significó la anulación del gol. Jarro de agua fría.

De ahí al final del partido, nada. Quiero y no puedo de la UDL que se desesperó con las pérdidas de tiempo locales. Día agradable con final inesperado. Queda mucho por delante y los tropiezos forman parte del camino.