Un gol que lo cambia todo

Un gol que lo cambia todo

Carralero da en el minuto 93 la victoria al Calahorra en un partido destinado al empate

Sergio Martínez
SERGIO MARTÍNEZLogroño

El triunfo ante el Izarra sitúa a los riojanos seis puntos por encima del descensoestella. Un gol sirvió para olvidarse de todo. Para liberar nervios, preocupaciones, fantasmas, presión, conflictos, críticas. El gol es el antídoto para todos los males del fútbol y cuando llega como lo hizo ayer en Merkatondoa sabe mucho mejor. No había disfrutado el Calahorra de una victoria así en toda la temporada, tan explosiva y tardía, y es que los finales eran sinónimo de condena para el equipo rojillo, pero ante el Izarra el tiempo de descuento compensó todos los males que hasta ahora habían sufrido. Tantos puntos perdidos sin mercerlo, goles anulados, errores pagados caros. Al Calahorra el fútbol le sonrió justo cuando lo necesitaba, en un partido determinante y que parecía destinado al empate después de noventa minutos insulsos. Pero era una tarde para trabajar y esperar, y Carralero apareció en el momento cuando el reloj se consumía para resolver y dar el triunfo ante el Izarra.

0 Izarra

1 Calahorra

Carraledo (min. 90)

Ese tanto final terminó compensando todo un partido en el que el Calahorra tuvo cambiar la mentalidad para adaptarse a Merkatondoa con resultado mejorable pero suficiente. El campo del Izarra no permite un juego combinativo y pausado, sino más intenso, directo y fugaz. Por ello Miguel Sola introdujo en el centro del campo a Almagro, un jugador de corte defensivo, en detrimento de Emilio, y a Manjón en punta como la gran sorpresa de la alineación, quedando en el banquillo Eduardo Ubis. El punta navarro tenía la función de batallar por alto con la zaga local y cumplió con buena nota en su tercera aparición como rojillo.«Tenemos 34 puntos y con eso no nos salvamos. Queda mucho»

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El Calahorra volvió a disponer un esquema con cinco defensas y dos puntas por el que Miguel Sola está apostando cuando tiene mimbres para ello. Todavía necesitan mejorar en la adaptación a ese sistema táctico, y es que en ciertos momentos del partido el Izarra ganó con claridad la batalla por el centro del campo y las bandas se sintieron demasiado contenidas. Tiene puntos a favor, pero es una táctica que aún tiene mucho recorrido.

En los primeros compases del partido ayudó a que el Calahorra se sintiese más cómodo, plantando cara a su rival y mostrándose solvente en el aspecto defensivo. El balón apenas permanecía en los pies de uno u otro equipo, pero era los riojanos los que generaban más sensación de peligro. Adrien Goñi volvió a descubrirse como unas de las piezas claves del equipo incluso cuando las cosas no van bien, trabajando en la mediapunta y combinando con inteligencia. Además, inventó la oportunidad más clara para el Calahorra a la media hora, en un disparo desde cuarenta metros que obligó a estirarse al portero rival. El gol que marcó en Lezamana estuvo cerca de repetirse.

No se encontraba incómodo el Calahorra pese a que Merkatondoa le obligaba a cambiar su juego, pero el Izarra tampoco tenía prisa y espero su momento para asumir la posesión con sorprendente autoridad y convertir el último cuarto de hora de la primera parte en un monólogo de los navarros, que comenzaban a encontrar las debilidades del sistema táctico rojillo tanto por el centro como por las bandas. Por la derecha llegó al borde del descanso su mejor ocasión, en un disparo que Areso estrelló en el palo. El Calahorra pedía el final con urgencia. Necesitaba reflexionar y despejar la mente.

Dicho y hecho. La segunda parte presentó a un nuevo Calahorra. Ahora sí, sin la tibieza de los primeros cuarenta y cinco minutos, los rojillos se mostraban intensos, dominadores, mejores en las segunda jugadas y peligrosos, especialmente en varias jugadas a balón parado. El acoso era total sobre un Izarra que se limitaba a mantenerse en pie sin salir de su parcela del campo.

El gol rojillo parecía cuestión de tiempo pero según avanzaban los minutos el Calahorra perdía empuje, hasta el punto de llegar de nuevo a ese equilibrio de los compases iniciales de la primera mitad, en los que ni uno ni otro equipo hacía méritos para romper el marcador. El Izarra dio varios sustos en faltas peligrosas y centros que no encontraron rematador, mientras que el Calahorra se volcaba en sus acciones ofensivas sin finalización. El cero a cero era el resultado más lógico visto lo visto en los noventa minutos. Nadie esperaba otra cosa.

Entonces apareció Carralero. El andaluz había dejado en sus pocos minutos un sombrero y una ruleta. Dos detalles de calidad sin resultado final. El realmente decisivo lo reservó para el tiempo de descuento, cuando aprovechó una asistencia de Ubis para enfilar la portería y resolver por bajo al palo corto. Carralero llegó a Calahorra con la vitola de jugador eléctrico y resolutivo. En una jugada resumió sus características para dar al Calahorra un gol liberador, el gol del triunfo más pasional. El descenso queda ahora a seis puntos y todo se ve de otra manera bien diferente.