LA CERTEZA DE LA VICTORIA

Pablo Bobadilla avanza con el balón, perseguido por Edu, capitán del Oviedo. :: opta/
Pablo Bobadilla avanza con el balón, perseguido por Edu, capitán del Oviedo. :: opta

La UDL gana en Oviedo merced a su comprensión del partido, planificación y brillante ejecución

JOSÉ MARTÍNEZ GLERA

oviedo. «El sueño de todos los niños de El Requexón debe ser debutar en el Carlos Tartiere», se puede leer al entrar en las instalaciones deportivas del Oviedo. La UD Logroñés no la forman niños, sino hombres, pero no por ello renuncian a los sueños. El suyo, seguramente, es ascender a Segunda División. En un escenario de cuento, la UDL soñó desde la certeza de la victoria. Los riojanos ganaron ayer en El Requexón. Nadie lo había logrado esta temporada. Un gol de Marcos André tras una espectacular transición les permite situarse con 22 puntos, a uno del 'play off' de ascenso y a cuatro de la segunda plaza. No es un sueño, es la realidad de un equipo que crece jornada tras jornada, aunque no pise tierra prometida aún.

Llegó la UDL a El Requexón en microbús porque el acceso no da para más. Bastante con saber llegar. Quien pensara que esa imagen se correspondía a la de un equipo pequeño, se equivocaba. De hecho, se fue como un conjunto grande, mucho más rico en argumentos que meses atrás, aunque a muchos no les guste su fútbol. Ha logrado lo más importante: entender la categoría. Sólo desde ese entendimiento se puede llegar a la certeza del triunfo. Lo demás son sueños o, simplemente, el cuento de la lechera.

Sergio Rodríguez dio continuidad al once que ganó al Gernika, mantuvo el doble pivote formado por Olaetxea y Salvador, pero dio entrada en el ataque a Rayco García después de seis jornadas alejado de la formación inicial. Un fuerte bloque defensivo, un cuarteto ofensivo muy ambicioso, con Ñoño y Rubén en las bandas y Rayco y Marcos André en punta, y dos jugadores como nexo. La UD Logroñés ganó porque planificó a la perfección el partido y lo ejecutó con igual brillantez.

Dejó el balón al Oviedo y no se desgastó en la discusión de la posesión. Le dio el juguete, pero no le permitió disfrutar de él. Un disparo alto de Lolo y una incursión de Jorge sin disparo. El engaño perfecto. Con líneas juntas, con trabajo coral, la UDL cerró el pasó a los rápidos medias puntos (Ernesto, Edu y Borja) por el centro.

El Oviedo se sentía cómodo, poderoso porque quería y tenía el balón. Su banda derecha era un puñal, pero de la ambición surgió el fracaso. La UD Logroñés lo tenía estudiado, si bien debía elegir el momento.

Un despeje de cabeza de Iglesias acabó con el balón en Olaetxea. Se lo dejó a Salvador, que se giró, inició la carrera por el carril central y aprovechó el afán ofensivo indiscriminado de Jorge, lateral derecho, para meter el balón a su espalda. Ñoño corrió, tocó al punto de penalti y Marcos André definió. Perfecto. Había podido marcar en dos ocasiones el once riojano, con sendos disparos de Ñoño y Rubén Martínez, pero no desperdició la tercera.

El gol logró generar la duda en el Oviedo. Reflexionó en el vestuario, pero no encontró el camino hacia Miguel. De hecho, otra incursión de Ñoño por su carril pudo acabar en gol tras combinar con Rubén Martínez, pero el gaditano disparó cuando tenía al catalán presto para empujar el cuero en el segundo palo. Minuto 54. Perdonar en el fútbol significa sufrir. Y así fue.

El Oviedo modificó hombres y posiciones. Asedió a la UD Logroñés, pero siempre desde las bandas, nunca en bloque por el centro. Entonces apareció la figura necesaria, la del portero. Miguel dominó el juego aéreo y respondió por dos veces a disparos de Ernesto y Borja, desde la frontal del área.

Los ovetenses percutían por el carril izquierdo de su ataque. La UDL tenía déficit numérico en esa zona. Iglesias debía multiplicar ante Jorge y Robert. La ayuda de Borja no llegaba. En un par de ocasiones. Una de ellas acabó en falta innecesaria. Sergio Rodríguez volvió a variar. Apuntaló la zaga con un tercer central, Santamaría. No había remate aéreo en el Oviedo, aunque eso no evitaba el sufrimiento. Lucas Díaz, su portero, fue el protagonista del último disparo. Un globo que acabó en manos de Miguel como los puntos en manos de la UD Logroñés, que sueña desde la fuerza que le da ganar.

 

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