UD LOGROÑÉS

Ataque, ataque y más ataque

Pablo Bobadilla se eleva para marcar de cabeza ante el Vitoria. :: /Fernando Díaz
Pablo Bobadilla se eleva para marcar de cabeza ante el Vitoria. :: / Fernando Díaz

La UD Logroñés se centra en el trabajo ofensivo en busca de mejorar unos números que frenan su crecimiento

José Martínez Glera
JOSÉ MARTÍNEZ GLERALogroño

logroño. Ataque, ataque y más ataque. LA UD Logroñés reanudó ayer sus entrenamientos con un talante descaradamente ofensivo consciente de las dificultades que tiene para marcar goles y del lastre que ello supone en sus encuentros, aunque en siete de ellos haya marcado al menos un gol más que su adversario.

Nunca había sido este equipo tan parco en sus números ofensivos, aunque también es verdad que tampoco ha destacado por ellos. Encajaba, eso sí, más goles, lo que le hacían ser un bloque menos rentable. Salvo en las dos primeras campañas de Carlos Pouso cuando era más fácil verle ganar que perder.

Goles nacen a balón parado
Santamaría (Barakaldo), Bobadilla (Tudelano, Leioa y Vitoria), Ñoño (Amorebieta), Vitoria (Real Sociedad). A ellos se suma el marcado por Andy Rodríguez, de penalti, en Torrelavega.
Goles se originan en acciones al contragolpe, aprovechando los espacios
Ñoño marcó en dos ocasiones ante el Gernika, tras sendos robos de balón, y Marcos André lo hizo en Oviedo.
Goles en acciones personales
Marcos André marcó ante el Real Unión y ante el Amorebieta. Otra acción personal suya, pero con rechace del portero del Real Unión, permitió a Rubén Martínez anotar.

Sergio Rodríguez y el resto de técnicos enfocaron la segunda sesión de la semana a atacar por el centro, por las bandas, con balones en corto, en largo y segundas jugadas. Quizá esta última variante es la que más le cuesta a los blanquirrojos.

De los trece goles que ha marcado el equipo, siete se han originado a balón parado

Así, el grupo trabajó el ataque arrancando desde el centro del campo, pero también saliendo con el balón desde su defensa, algo que ha sido muy habitual en sus encuentros, aunque quizá este bloque sea mucho más peligroso en las transiciones rápidas y contragolpes que con la posesión del cuero. De hecho, los espacios y las acciones a balón parado son el granero de goles riojano.

Rodríguez insistía ayer en los balones desde ambas bandas y la llegada de varios jugadores al remate. Bastantes en comparación con lo que se ve en los partidos. Centros de futbolistas como Víctor López, Borja Sánchez, Rubén Martínez o Ñoño. Y también de los laterales, desdoblándose. Iglesias y Santos, por la derecha, y Javier Flaño, por la izquierda.

Aquí reside el gran déficit goleador. No llegan balones desde las bandas que acaben en gol. Balones aéreos, al corazón del área, al punto de penalti. Eso dicen los números. De los trece goles, uno llega por esta vía, el que consiguió Marcos André en Oviedo después de una salida al contragolpe de Ñoño y posterior centro. Los otros doce nacen a balón parado o en jugada personal.

La estrategia ha supuesto seis goles, los logrados por Santamaría (Barakaldo), Bobadilla (Tudelano, Leioa y Vitoria), Ñoño (Amorebieta), Vitoria (Real Sociedad). A ellos se suma el marcado por Andy Rodríguez, de penalti, en Torrelavega.

Las transiciones rápidas han supuesto tres goles más: Ñoño, ambos antes el Gernika, y Marcos André, ante el Oviedo. Los tres restantes nacen de acciones personales como las del brasileño (Real Unión y Amorebieta) o de oportunismo, caso del logrado por Rubén Martínez ante el Real Unión, al aprovechar un rechace de Txusta a disparo de Marcos André. Quizá por todo ello, la UDL insista en la llegada por todas las demarcaciones posibles y con más hombres.