UNIÓN DEPORTIVA LOGROÑÉS

Adiós a un año de calvario

Pablo Bobadilla juega el balón ante la presencia de Rayco García. :: justo rodríguez/
Pablo Bobadilla juega el balón ante la presencia de Rayco García. :: justo rodríguez

Pablo Bobadilla vive su mejor momento después de doce meses alejado de la competición por diferentes problemas

José Martínez Glera
JOSÉ MARTÍNEZ GLERALogroño

«No es un año definitivo para mí, pero sí importante». Así ve Pablo Bobadilla (Nájera, 16/11/1996) la temporada que acaba de comenzar. A sus 21 años es uno de los jóvenes más veteranos en la primera plantilla. De lo seis canteranos que están a las órdenes de Sergio Rodríguez únicamente Guille Cabrera le supera en pretemporadas con el primer equipo, tres. El último ejercicio fue una pesadilla del que confía haber despertado. No llegó a jugar ni un minuto.

«De momento, la pretemporada está yendo bien. Tenía ganas de entrenarme sobre el césped», indica el najerino, que admite que estas semanas estás siendo diferentes a las de otros inicios porque trabajan «más con el balón». Y al jugador le gusta estar siempre en contacto con el esférico.

A Bobadilla se le ha abierto un mundo anhelado. La anterior campaña apenas pasó por el césped. En competición, nada. Los problemas musculares se convirtieron en un calvario para él que le impidieron jugar y frenaron su progresión. «La verdad es que lo pasé bastante mal el año pasado por las lesiones, porque nunca había estado tanto tiempo con problemas físicos. Pasé prácticamente siete meses parado debido a los isquios y al bíceps femoral y luego no pude ir cedido al Izarra», comentaba. Cuando comenzó a ver la luz al final del túnel, en enero, llegó esa cesión al Izarra que se abortó en el último día de mercado. Y, además, se quedó sin licencia y volvieron los problemas musculares.

«He trabajado mucho para recuperarme y poder comenzar este año con normalidad porque, además, es mi última temporada como jugador Sub'23», indica. No se trata de autopresionarse, pero el central sabe que está en una edad crítica. Compañeros suyos como Héctor, Álvaro o Fermín, por citar a algunos, aunque hay más, han salida del club porque han roto esa barrera de edad. «No es un año definitivo, pero sí importante porque paso de edad y la situación varía. Para mí sería fundamental jugar, eso está claro, pero sé que tengo gente por delante que es muy buena», admite.

Esta pretemporada ha participado en los dos amistosos y hoy jugará contra el Anguiano. Ha formado con César Caneda, de quien puede aprender mucho. En Haro, además, marcó el segundo de los seis goles, tanto que celebró incluso con rabia. «Han sido dos buenos partidos para mí. Me encuentro bien, fuerte y con buenas sensaciones. Tengo más confianza en lo que hago, aunque quizá me falta demostrar que puedo jugar, pero sé dónde estoy y los jugadores que me rodean. ¿Mala leche? No creo que me falte», indica.

Lo cierto es que a pesar de acumular muchos entrenamientos con el primer equipo porque ya se ejercitó bajo la mirada de Carlos Pouso, sólo ha jugado ocho minutos en Segunda B. Fue en la temporada 2016/17, en el último encuentro. Ocho minutos en Las Gaunas ante el Gernika. Un año antes conoció el ambiente de partido, pero desde el banquillo. Estuvo convocado ante Arandina y Valladolid B, en Liga, y Villarreal B, en el play off de ascenso. «Quizá no he jugado en el primer equipo porque no me he ganado esa oportunidad. Aquí nadie regala nada y si no estás en condiciones de jugar, no lo haces. El año pasado no jugué nada y quizá me pueden valorar por eso, pero la realidad es que me pasé muchos meses metido en el gimnasio y trabajando en solitario», señala el canterano. «Al menos, me ha servido para esta temporada. Es muy complicado vivir lesionado», añade.

En este año que el considera fundamental cuenta con un aliado, su entrenador, aunque también es quien más le puede exigir. «Que el entrenador te conozca es bueno porque sabe lo que puedes dar, pero esta lectura también tiene otra y es que te va a exigir más, porque precisamente sabe lo que puedas dar al juego y al equipo», admite Bobadilla.

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