«La mayor satisfacción de Carlos y mía es haber enganchado de nuevo a la afición»

Raúl García con carlos Pouso al fondo. /
Raúl García con carlos Pouso al fondo.

Es la mano derecha de Carlos Pouso, el hombre de confianza en el que se apoya en la UD Logroñés. Es su primera experiencia como técnico

CARLOS FERRER LOGROÑO.

Colgó las botas hace dos años, en el mejor Mirandés de la historia del club rojillo. Raúl García ejerce de ayudante de Carlos Pouso en la UD Logroñés y su trabajo satisface al técnico y a los propios jugadores.

¿Cuál es su función?

Creo que es la de ayudante o colaborador del entrenador. Comentamos muchas situaciones, le damos vueltas a las cosas y entre los dos intentamos llegar a una solución. Vengo a ser un apoyo, un colaborador.

¿Cuenta el míster con sus ideas?

Uno de los motivos que me hicieron venir aquí fue el propio Carlos Pouso. Me convenció rápido, porque le conocía y sabía que me iba a sentir a gusto. Una vez que estoy aquí, no es sólo que esté muy a gusto, sino que además me siento valorado y respaldado por él.

¿Ejerce también de nexo de unión entre el técnico y la plantilla?

Hace como quien dice dos días estaba en el otro lado. Es una de mis funciones, el gancho con los jugadores, el desahogo de los componentes de la plantilla, saber cómo están cómo se sienten. Ellos también se abren un poco más a mí, porque el entrenador impone más respeto. Intento tener un poco más de cercanía e intento transmitirles confianza en ese sentido

Le cuesta hacerse valer con los jugadores o lo lleva bien?

No tengo problema. Me siento muy valorado a nivel profesional, tanto por el míster como por los jugadores. Me siento muy respetado y eso es importante dentro de la plantilla. Los jugadores entienden mi función, lo que yo soy y en ese sentido estoy contento porque me veo considerado y cualquier cosa que decida la acatan sin ningún problema.

¿Consensuado con el míster?

Está claro. Hablamos muchas horas a lo largo del día. En algún momento dado, por alguna solución de rapidez no se comenta antes, pero hablamos de un cinco por ciento. Todo lo que ve la gente esta consensuado, meditado y no tomado a la ligera.

Le gusta enseñar

¿Tenía pensado dar el paso a entrenador cuando aún jugaba?

Había empezado con la escuela de fútbol que tengo en Miranda y con campamentos de veranos. Me siento muy a gusto, incluso identificado con la enseñanza a niños. Ya lo tenía encaminado, pero me llamó Carlos, me convenció y me metí en esto sin pensar, sino por el compromiso con Carlos, al que ya conocía.

¿Le gustaría ser entrenador?

Estoy en ello. Tengo el nivel dos, pero mis vistas ahora mismo son ahora y mañana. Pero lo tengo, porque al entrar aquí me dijeron que era mejor sacarlo. Sin problemas.

Parece que la docencia es algo que le atrae...

Me gusta enseñar el concepto de cómo veo yo el fútbol y entiendo que hay un vacío respecto a los niños. Todo el mundo quiere el fútbol profesional, el del dinero, y he visto que hay una carencia en cuanto a la enseñanza. Me metí en esto y es muy gratificante. Me llenaba a nivel profesional y era lo que estaba haciendo. Empecé siendo jugador, el año del ascenso en Miranda, y cuando dejé el fútbol profesional, hace dos años seguí con ello.

Por cierto, ¿estuvo a punto de jugar en el Logroñés?

Vine en una pretemporada, me entrené con jugadores como Rubén Ruiz 'Pinturas', José Ignacio, etc. Recuerdo que Rubén Galilea era el que me quería fichar. Pero mis padres me encaminaron hacia San Sebastián y firmé con la Real Sociedad.

El sentimiento de la afición

¿Catalogaría como buena su primera temporada en el club?

Fue muy buena. Define muy buena campaña pasada. Con los recursos que teníamos, creo que llegar a 'play off' por primera vez en la historia del club es para estar satisfechos. Pero yo creo que la satisfacción plena del cuerpo técnico y de los jugadores es el haber enganchado a la afición y ver que hay sentimiento por el fútbol en Logroño. Lo que se vivió en Las Gaunas en el último partido de Liga, cuando nos clasificamos, cuando la eliminación con el Huracán fue muy importante. Yo creo que la gente se está volviendo a identificar con el club. Y el míster y yo hemos hablado y más que la satisfacción personal y profesional de meter al equipo en 'play off' es ver el sentimiento de la afición que vuelve con el equipo.

¿Y la pretemporada actual?

Ahora estamos con mucha carga de trabajo, todo muy medido, y hasta que no lleguemos a la competición no sabremos exactamente dónde estamos. De momento, todo está siendo positivo. Los amistosos también. El día del Eibar se vio al equipo bien, en Tafalla se apreció que queda el poso del año pasado, y en Laguardia hemos hecho un buen partido de equipo. Todo eso tenemos que mejorarlo poco a poco, metiendo en la dinámica a la gente nueva. Tenemos estas tres semanas y en eso estamos.

Lo importante es seguir haciendo equipo...

Lo que buscamos es trabajar para llegar a tope al comienzo de la competición. En nuestro objetivo vamos perfilando, mirando cosas y metiendo mucha carga de trabajo, porque la categoría es muy exigente.

Le gusta jugar los partidillos de los entrenamientos. ¿Cómo se ve?

Estoy ahí, tengo todavía un poco de ilusión y me encuentro bien físicamente. El día que me encuentre mal, buscaré una excusa para no hacerlo. Es agradable meterse ahí un ratito, picarse con los jugadores e incluso que alguno se aproveche y te de alguna patadita.

¿Sufre más en el banquillo que cuando jugaba?

Mucho más, sin ninguna duda. Yo siempre digo lo mismo. En los veinte años que he jugado a nivel profesional, dependía de mi rendimiento. Ahora dependo del rendimiento de once.

Los jugadores le atienden y le entienden. ¿Lo hacía usted cuando jugaba?

Los jugadores tendemos a ser muy egoístas. Siempre miramos lo nuestro, nos justificamos entre nosotros. La labor del entrenador es difícil, porque tiene que ser justo con veintidós. Lo más complicado es saber llevar un vestuario en el que cada uno vea cuál es su rol y que todos tenemos que ir en la misma dirección. En ese sentido, el grupo que tenemos en la UD Logroñés es impresionante y el que lo lleva, también.

Raúl García es vecino de la localidad riojalteña de Fonzaleche. Empezó a vivir allí estando en el Mirandés y ahora, cada día se desplaza hasta Logroño y regresa al que desde hace cuatro años es su hogar. Y no lo cambia por nada. ¿Qué le llevó a vivir allí?

Casualidades de la vida. El año de la Copa del Rey, cuando ascendimos, buscaba un poco de tranquilidad, porque Miranda estaba en plena ebullición. Un amigo, Fernando, tiene un chalet en Fonzaleche y me lo dejó para descansar. Y la verdad es que me sentí tan a gusto con la gente del pueblo, que me he quedado allí. Llevo ya cuatro años y me siento un vecino más. La gente es muy agradable. El invierno es un poco duro, porque somos pocos, pero en verano llega otra vez la alegría y es un pueblo en el que he encontrado la paz interna y la tranquilidad. Tengo un huerto y lo trabajo con alegría cuando puedo.

 

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