En la primera parte El diagnóstico

VIVA PERO CON MAL PRONÓSTICO

Isco e Iniesta celebran
eufóricos el tanto del 
malagueño, que 
permitió a La Roja el 
primer empate. :: efe/
Isco e Iniesta celebran eufóricos el tanto del malagueño, que permitió a La Roja el primer empate. :: efe

La selección española, muy débil en las dos áreas, empata con Marruecos y pasa como primera de grupo después de que el VAR validara un gol postrero de Aspas. El domingo le espera Rusia

JON AGIRIANO

El nuevo fútbol del VAR y el viejo, el de toda la vida, el que hace posible que el destino cambie en un instante, se dieron cita ayer en el Kaliningrado Stadium. Unos segundos de suspense ya con el partido en la cuenta atrás, esperando que el árbitro uzbeko Ravshan Irmatov analizara un gol que había anulado a Iago Aspas y acabó dando por válido, lo decidieron todo. España pasó de jugar con el corazón en un puño y lamentar una derrota dolorosa, a salvar el tipo y pasar como primera de grupo en lugar de Portugal, al que su racanería estuvo a punto de mandarle a la hoguera. La Roja, por tanto, consiguió ayer lo que quería: seguir viva y evitar a Uruguay en octavos.

2 ESPAÑA

2 MARRUECOS

España
De Gea; Carvajal, Sergio Ramos, Piqué, Jordi Alba; Sergio Busquets, Thiago (Asensio, m. 74); Silva (Rodrigo, m. 84), Iniesta, Isco; y Diego Costa (Iago Aspas, m. 74).
Marruecos
Munir; Dirar, Saiss, Da Costa, Achraf; Al Ahmadi, Boussoufa; Ziyach (Bouhaddouz, m. 85), Belhanda, Nourredine Amrabat; y Boutaib (En Nesriy, m. 70).
Gol
: 0-1, m.14: Boutaib; 1-1, m.19: Isco. 1-2, m.81: En Nesiry; 2-2, m.91: Iago Aspas.
Árbitro
Ravshan Irmatov (Uzbekistán). Amonestó a los marroquíes El Ahmadi (m. 22), Amrabat (m. 29), Da Costa (m. 30) y Boussoufa (m. 30).

Ahora bien, más allá de eso, los síntomas que ofreció obligan a considerarla un enfermo con mal pronóstico. Y es que hay combinaciones muy negativas para la salud de un equipo de fútbol, que como todo el mundo sabe es un deporte que se decide en las dos áreas. La peor de todas, sin duda, no tener puntería y ser un coladero. Justo lo que fue España, que desperdició media docena de ocasiones y encajó dos goles y se llevó tres sustos de muerte en las cinco llegadas que firmó su rival en todo el partido. Como para hacérselo mirar, vaya. Empezando por el capitán, Sergio Ramos, copartícipe involuntario en el 0-1 y en el 1-2.

El Marruecos valiente, sin nada que perder, dispuesto a retar a España a un partido de ida y vuelta, se quedó en el vestuario. O en las ensoñaciones de su hinchada, entusiasmada ante la perspectiva de batir al poderoso vecino. Y salió otro Marruecos, cicatero, bien metido en su campo, parando el juego con faltas y sin otra propuesta ofensiva que soltar balones largos en busca de Amrabat o Boutaib. Decepcionante sí, pero no tanto como para no aprovechar un regalo cuando se le ofrece en bandeja de plata. Es lo que sucedió en el minuto 14. España dominaba sin agobios, tocando y tocando, ajustando los fusibles para que se encendieran sus mejores luces, Iniesta e Isco. Todo marchaba bien, al menos en las coordenadas previstas, hasta que un error de bulto de Sergio Ramos y el futbolista albaceteño permitió que Boutaib se plantara solo delante de De Gea y le batiera por bajo.

LAS CLAVESDe Gea, por una vez en lo que va de Mundial, realizó una parada con el 1-1 y evitó un sofocón A La Roja le pasa lo peor que puede suceder: no tiene puntería y además es un coladero

La piedra Rosetta

Se hizo obligatorio recordar entonces que esta España ya no es ya ni de lejos aquel equipo al que hacerle un gol era como descifrar la piedra Rosetta. Todo lo contrario. Sufre cada vez que el rival se viene arriba. La desconfianza de sus defensas se palpa en el ambiente y afecta incluso a jugadores de la máxima reputación como Sergio Ramos y Piqué. Un error del central del Barça en el minuto 25, despistado en un saque de banda, tan en la higuera que hasta el propio Hervé Renard ordenó la jugada desde el área técnica para que Boutaib le buscara la espalda, fue como para comer cerillas. Menos mal que, por una vez en lo que va de Mundial, De Gea hizo una parada y salvó al equipo de un problemón. Lo hubiera sido tener que volver a remar en busca del empate tras haberlo conseguido apenas cinco minutos después del 0-1 en una jugada entre Iniesta, Diego Costa e Isco que resumió lo mejor de La Roja. Puro delicatessen made in Spain, un producto carísimo que la selección todavía conserva en su armario de aristócrata por mucho que otros los haya perdido o vendido en la casa de empeños.

Tras recuperarse del susto de la segunda ocasión marroquí, que prácticamente coincidió con la segunda vez que pisaban el área de España, el equipo de Fernando Hierro, ayer con Thiago escoltando a Busquets, volvió a hacerse con el control. Tuvo momentos de buen juego, siempre a partir de un Iniesta soberbio, de Isco, al que cosieron a patadas, y de un Jordi Alba pujante por su costado. Silva, en cambio, volvía a estar incómodo, como desajustado, en la banda derecha, sin saber sin abrir el campo o tirar hacia dentro. Su conexión con Carvajal, muy flojo ayer, fue casi inexistente.

Mereció la selección irse al descanso con una ventaja que le permitiera jugar en la segunda sin miedo a que un nuevo error o una jugada fortuita les pusiera al borde del abismo, pero faltó acierto en las tres o cuatro o buenas llegadas que se dibujaron. Diego Costa tuvo dos muy claras. La primera la pegó mordida, con el tobillo, y en la segunda, en la prolongación, no llegó a empujar por centímetros. El caso es que en la reanudación hubo que continuar en estado de máxima alerta. El partido estaba en el aire y Marruecos, sin demostrar nada, digamos que sólo por su resistencia, tenía peligro. Lo demostró Amrabat con un chutazo que pegó en el larguero. El balón no cayó dentro de milagro. España reaccionó al nuevo susto con buena caligrafía, pero con una puntería desastrosa y un pizca de mala suerte. Thiago en dos ocasiones y Diego Costa y Piqué en sendos cabezazos pudieron hacer el 2-1 pasada la hora de juego.

Unos segundos eternos

Hierro movió las piezas para el último cuarto de hora. Aspas entró por Diego Costa y Asensio por Thiago, lo que hizo retrasarse a Silva. España buscaba un gol que le diera la victoria. Sus llegadas, sin embargo, se fueron espesando y no pudo lograrlo hasta muy tarde, cuando Marruecos ya ganaba tras marcado el 1-2 en el minuto 80. Fue en un cabezazo de Ziyach, mal defendido en un saque de esquina. Fatal ayer, Sergio Ramos ni le vio. Hubo que esperar unos segundos eternos hasta certificar que el taconazo de Aspas hacía el empate y el destino de España cambiaba de repente. No así su pronóstico. Malo.

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